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    Humor negro y naranja

    “Orange is the New Black”, otra exitosa serie de Netflix

    En el origen hay un libro de tapas negras que tiene unas llamativas zapatillas naranjas en su portada, similares a las que su autora, Piper Kerman, usó cuando estuvo en prisión. Piper, graduada universitaria en Humanidades, nació en 1969 en un hogar de clase media alta de Boston y a los 22 años se convirtió en “mula” para una joven traficante de drogas con quien mantenía una relación amorosa. Al principio todo fue viajes, dinero, glamour y rock and roll, pero muy pronto llegó el peligro, entonces Piper huyó de su amante y retomó su vida heterosexual de clase privilegiada.

    Sin embargo, sus aventuras de veinteañera tuvieron consecuencias. En 1998 la declararon culpable de tráfico de drogas y lavado de dinero, y recién en 2006 la condenaron a 15 meses de prisión en una cárcel federal para mujeres. Cuando salió, escribió su experiencia en un libro que tituló “Orange is the New Black” (2011), en alusión al mameluco naranja que les hacen vestir a las nuevas reclusas cuando llegan a la cárcel, muy alejado del vestido negro que toda joven tiene en su guardarropas para salir de fiesta.

    El libro fue un best seller y llegó a manos de otra mujer que también sabe de éxitos: Jenji Kohan. Guionista y directora de series, a Kohan le gustan las historias con mujeres de clase acomodada que de golpe deben enfrentarse con un ámbito social y cultural muy diferente al suyo. Así creó el personaje de Nancy Botwin (Mary-Louise Parker), protagonista de la serie “Weeds”, una mujer de los coquetos suburbios californianos que se decide a cultivar y vender marihuana cuando muere su marido.

    Convertida en una empresaria sensual y poderosa, Nancy es la antecesora de Walter White, el famoso protagonista de “Breaking Bad”, aunque con una peripecia menos pesada y más paródica. “Weeds” tuvo ocho temporadas y ganó varios premios, y Kohan se armó para seguir creando protagonistas recordables, aunque no muy diferentes a una mujer común.

    Por eso el libro de Piper Kerman fue ideal para que escribiera un guion con mucho de comedia negra. Ese fue el origen de la serie Orange is the New Black, producida y emitida por el canal para Internet Netflix. La primera temporada apareció en 2013, y el 6 de junio se podrán ver los 13 capítulos de la segunda temporada que, como es costumbre en Netflix, estarán a disposición todos juntos el mismo día. Una fiesta que puede ser adictiva para sus seguidores.

    Como lo había hecho en “Weeds” con la canción “Little Boxes”, de Malvina Reynolds, que acompañaba imágenes irónicas sobre la vida “perfecta” en un suburbio, Kohan eligió para la presentación de Orange… un tema pegadizo y simbólico. Al ritmo de “You’ve Got Time”, de Regina Spektor, aparecen una seguidilla de rostros de ex reclusas reales con sus miradas serias, tristes o risueñas, un comienzo muy atractivo para la serie.

    Otro buen hallazgo fue la elección de Taylor Schilling para interpretar a Piper, que en la serie lleva el apellido Chapman. Esta bella rubia de piel tersa es perfecta para el papel de una veinteañera que vive plácidamente en Nueva York, donde planea casarse y crear una línea de productos artesanales de perfumería, y que un día termina en la cárcel. Su novio es Larry Bloom (Jason Biggs, “American Pie”), un escritor que se mantiene gracias a la ayuda de sus padres adinerados.

    La pareja vive en un mundo ideal de buenos vinos, cenas con amigos y proyectos que les darán prosperidad, hasta que llega la noticia: Piper está condenada a 15 meses de prisión por algo que hizo diez años atrás. Entonces su novio, su familia y sus amigos conocen a la otra Piper: la que no solo trabajó para el narcotráfico, sino que además fue lesbiana.

    Piper ingresa a la cárcel con su cara de “bambi” y una visión universitaria y culta del mundo. “Tiene una energía cómica y nerviosa”, explica Kohan en una entrevista detrás de cámaras sobre su personaje. Ella acompaña esa energía con un desacomodo entre lo que dice y el lugar en donde se encuentra. Por ejemplo, le explica a una creyente fanática y trastornada cuáles son sus creencias y por qué no acepta a Dios: “Creo en la ciencia, creo en la evolución. No creo que millones de indios irán al Infierno. No creo que nos dé cáncer para aprender lecciones de vida y no creo que alguien muera joven porque Dios necesita otro ángel”. La respuesta de la creyente (uno de los mejores personajes, interpretado por Taryn Manning) a sus seguidoras tiene menos vueltas: “Ella no me respetó. Voy a tener que matarla”.

    Los conflictos que tiene la protagonista en su nuevo escenario son predecibles y se resuelven con humor, aunque a medida que avanza la primera temporada el entorno va siendo cada vez más sombrío. Por un lado, Piper va perdiendo su inocencia y se endurece al pasar por situaciones límite. Entre otras, la de morir de hambre por un castigo de la cocinera de la prisión, una rusa temeraria a quien llaman “Red” (Kate Mulgrew) por su pelo color fuego. Por otro lado, en la trama central se intercalan en flash­backs las historias individuales de algunas reclusas y de cómo llegaron tras las rejas, algo que no da para sonreír.

    Está claro que Kohan no quiso mostrar una prisión como la de “Oz”, la cruda serie carcelaria de fines de los 90, porque la prisión de Piper es de mínima seguridad y allí los enfrentamientos terminan casi siempre de un modo más o menos civilizado. Pero tampoco es un mundo de frutillitas. Hay situaciones de abuso sexual y psicológico, algún suicidio y la triste realidad de reclusas que desean la libertad, pero solo la encuentran allí, encerradas entre otras reclusas.

    El otro escenario es el de afuera, donde Larry, el novio de Piper, también tiene que sobrevivir. Biggs está muy bien en su papel de novio desconcertado que recurre a varios métodos para sobrellevar su nueva situación. “Me pasé 15 años siendo ‘el tipo que se cogió el pastel’, así que es agradable que el público hable de otra cosa”, dice el actor sobre su personaje en comparación con el que representó en la película “American Pie”.

    Larry es el novio “socialmente aceptable” de Piper. Pero en la cárcel se encuentra con la figura opuesta, con su ex novia Alex (Laura Prepon, “That Seventy Show”), aquella que la había convertido en mula para el narcotráfico y por quien terminó entre rejas. Y entonces renace una relación conflictiva que tiene mucho de atracción sexual, de cariño y de rechazo, porque representa lo “socialmente inaceptable”. Las escenas entre Alex, una joven intelectual de carácter fuerte, y la vulnerable Piper, están entre las más destacadas de la serie.

    En la prisión federal de Litchfield hay comida en lata que viene sospechosamente de Irak, una lesbiana enorme y ruda, otras lesbianas jóvenes y bonitas y una peluquera transexual. También hay una gallina que aparece y desaparece y un destornillador que sirve para masturbarse. Es igual a otra cárcel, pero diferente. Es la vida en prisión narrada con un ritmo frenético, perfecto para una serie. Es la cárcel de Jenji Kohan.

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