Que la productividad sea una preocupación tanto para los trabajadores como para los empresarios cuando discuten en los Consejos de Salarios, representa un signo de mayor madurez de esos agentes. Sin embargo, algunos planteos parecen “realmente utópicos”, como exigir que las empresas abran su información contable para negociar. Eso no lo hace “ningún país del mundo”, señaló el uruguayo Rafael Diez de Medina, quien se desempeña hace 13 años en la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y hoy es su jefe de Estadísticas.
El experto participó el martes 9 en un seminario organizado por el Ministerio de Trabajo sobre las estadísticas laborales. Allí explicó los nuevos indicadores que la OIT propone incorporar a los sistemas estadísticos y dijo sentirse “orgulloso” de la “calidad, cobertura y transparencia” de las cifras que se relevan en Uruguay (ver nota aparte).
No obstante, en una entrevista con Búsqueda señaló carencias de información que dificultan el diálogo entre los actores, y sostuvo que esa falta de datos debe ser cubierta por los organismos públicos de estadísticas.
—Diría que regionalmente es visto como un modelo desde el punto de vista de que hay una sana relación, o así se percibe desde el exterior, entre empleadores y trabajadores, arbitrados por un Estado. Históricamente se dieron en forma sana, también porque hay abogados laboralistas de primer nivel internacional que cimentaron esas relaciones laborales. O sea que estamos usufructuando esa buena fama, aunque la coyuntura muestra niveles de conflictividad altos, y no se necesitan estadísticas para verlo.
Ahora, también es uno de los pocos países en que los empleadores tienen un caso ante la OIT, como también en el pasado hubo casos de trabajadores.
—¿Qué otros países tienen relaciones laborales destacadas que Uruguay debería seguir como ejemplo?
—Obviamente que estamos lejos de países como los nórdicos o escandinavos, en los que los consejos económicos y sociales tripartitos se manejan como parte de la gestión del Estado.
En el caso de Uruguay no se ha llegado a ese desiderátum ni mucho menos; todavía hay tensiones. Por otro lado, la gestión del Ministerio, especialmente con Murro, uno la percibe como que hay un interés de acercar más a las partes. Y uno ve en Ginebra que la delegación tripartita funciona; no es lo negativo que uno puede ver acá en el diario, cuando están con el overol.
Una buena señal es que por primera vez se firma un acuerdo nacional de trabajo decente que es tripartito. Siempre había sido bipartito o gubernamental.
—En esta ronda de negociación colectiva comenzaron a incluirse nuevos beneficios laborales fuera de lo salarial, como días de estudio, partidas para útiles escolares de los hijos o la posibilidad de capacitación, por ejemplo. ¿Es un signo de madurez?
—Naturalmente. En los sindicatos europeos, por ejemplo, históricamente en los buenos períodos la negociación pasó sobre todo por el tema formación. Y cuando cambia la dinámica del mercado laboral, el tipo de trabajo, obviamente lo más importante para un trabajador es el riesgo de perder el empleo por un tema de obsolescencia. Habla bien del movimiento sindical que no solamente haya una visión cortoplacista del salario de mañana, sino que es también en qué condiciones se trabaja.
—Los lineamientos del gobierno para los Consejos de Salarios han estipulado que los aumentos salariales sean nominales y no directamente atados a la inflación. ¿Cómo evalúa este paso?
—Depende del país, por algo se resolvió. Si no fuese así sería una decisión que traería problemas.
Hay acuerdos por productividad que pueden llegar a ser importantes, pero en ese tema se da un problema estadístico, porque hay mucha ceguera. Eso se hace bien cuando hay un sistema estadístico que permite medir la productividad del trabajo, del capital y del total de factores, etcétera.
—Los sindicatos reclaman que para discutir sobre productividad haya un mínimo de información obligatoria a suministrar por parte de las firmas. ¿El secretismo de datos en las empresas uruguayas afecta la negociación?
—Existe el secreto estadístico y es algo que habla muy bien del país. Uruguay, para los cálculos de productividad tiene dos fuentes grandes: Cuentas Nacionales y las encuestas anuales sobre empresas del Instituto Nacional de Estadística (INE). Es muy buena información pero es casi historia más que coyuntura; para la negociación salarial de 2016 se está usando información de 2011.
Ahora, pretender que una empresa aporte toda su información contable es realmente utópico; creo que ningún país del mundo lo hace. La responsabilidad es de los sistemas estadísticos.
En Uruguay hay otro problema, que es que en una rama puede haber dos o tres empresas, por lo que esos datos no se podrían manejar manteniendo el secreto. Entonces, el secreto estadístico puede ser visto como una cosa mala, pero es la realidad y hay que respetarlo: en el momento que se infringe una vez, se terminó.
No creo que haya secretismo sino el riesgo de que la opinión pública interpele con un dato o con dos toda una rama o sector, lo cual es medio peligroso.
—Costó mucho que empresas que tenían algo de experiencia en calcular la productividad abrieran sus modelos a otros empresarios. ¿Cómo puede combatirse esto?
—Las mediciones que conozco de productividad provienen todas de los sistemas estadísticos nacionales. Hay que invertir para eso, en tener información más actualizada, cobertura, métodos directos e indirectos para medir productividad total de factores, no solamente la del trabajo.
Entonces, la idea yo no diría que es esperar lo que las empresas hagan. Está bien tener pruebas piloto, pero básicamente es responsabilidad del Estado tener buenas estadísticas para medir la productividad. Justamente estuve en el INE viendo cómo hacerlo y es de verdad difícil, porque hay otras estadísticas que compiten con eso y los recursos son limitados. Y ahora con recortes.
—¿Qué beneficios trae vincular salarios con productividad? ¿Se dispone de los indicadores necesarios para dar este paso en Uruguay?
—Es interesante la preocupación que hay aquí por la productividad. No es el tema en otros lados. Ahora hay más conciencia y decíamos con el ministro Murro que el tema era antes una mala palabra y ahora no lo es. Ya los interlocutores son conscientes de que hay que introducirla en las negociaciones, ya no es solamente salario. Lo que es símbolo de madurez por un lado pero también pone una presión sobre la necesidad de tener mejores informaciones.
Acá hay insuficiencia de datos, y por eso está ese problema. En realidad falta información como para ir sobre bases sólidas en productividad, pero no se puede tampoco evitar el tema. El INE es consciente perfectamente de eso y de los requerimientos.
Internacionalmente, en países en los que todo se basa en registros administrativos, no hay manera de que no se sepa la productividad porque está todo muy registrado. Ni siquiera se necesita hacer encuestas, y eso es muy importante.
—¿En otros países también se pasó de que la productividad fuese mala palabra a que sea un objetivo medirla?
—Siempre pasa. Pero se ha llegado a acuerdos y se mide.
Uruguay también debe tener indicadores de acuerdo a los grupos que negocian los salarios, lo cual implica adaptar el sistema estadístico a eso y a veces hay sectores que no tienen ninguna racionalidad estadística. O sea que aun teniendo más información por sectores, se necesita compatibilizarla con los grupos salariales de ahora, que a veces no tienen mucho sentido.