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    Intendencia de Montevideo refuerza fiscalización y multas en gestión de residuos y busca instalar su “visión ambiental amplia”

    Para el director de Desarrollo Ambiental de la comuna capitalina, Guillermo Moncecchi, la recolección selectiva y la revalorización de desechos son debes de la gestión

    El objetivo suena un poco abstracto, reconoce el propio director de Desarrollo Ambiental de la Intendencia de Montevideo, Guillermo Moncecchi, cuando se le pregunta por el legado que pretende dejar esta administración en su área de trabajo. La meta, explica inmediatamente después, es lograr “un salto cualitativo en la percepción ambiental”, “un cambio en la visión de lo ambiental” en la sociedad uruguaya.

    Parte de ese cambio empieza por una visión amplia e integral de la política ambiental. Esto quiere decir incorporarla a diversos ámbitos de la gestión. Esa línea de trabajo, por ejemplo, estuvo en la inclusión de aspectos de limpieza dentro de un plan de saneamiento que contaba con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lo que llevó a una discusión con la oposición departamental y al naufragio de la iniciativa.

    Moncecchi da por superado aquel episodio, aunque todavía lamenta que se haya limitado el alcance de la propuesta. Ahora, asegura, intentan mantener esa visión integradora en otros caminos.

    El objetivo “abstracto” del “cambio cualitativo” no impide la toma de medidas pragmáticas y tradicionales. Así, la intendencia está en medio de un camino de incremento de la fiscalización y las multas en gestión de residuos. Recientemente remitieron varios proyectos de decreto a la Junta Departamental que van en esa línea.

    Lo que sigue es una síntesis de la entrevista que Moncecchi dio a Búsqueda.

    —La política ambiental es uno de los principales focos de esta administración. ¿Qué evaluación hace de la estrategia implementada?

    —Los aspectos ambientales fueron definidos por la intendenta desde el primer día como transversales y estratégicos de la gestión, con una visión amplia, abarcativa e integradora. Si no resolvés la limpieza, que es la principal preocupación de los montevideanos, no podés avanzar hacia otros estadios porque “te echan antes”. Entonces, se comenzó por lo urgente. Arrancamos con problemas de limpieza fuertes, atacando temas operativos, planteando una estrategia basada en cinco pilares, como limpieza urbana, recolección, fiscalización, inclusión social y valorización, y buscando soluciones diferentes para diferentes partes de la ciudad. Planteamos también la estructuración del Programa de Saneamiento Urbano VI, en el que intentamos incorporar esa visión general, que al final no salió porque no consiguió el respaldo necesario en la Junta Departamental. Ahora queremos avanzar en una agenda ambiental más amplia, que incluya aspectos como la calidad del agua, el vínculo con los cursos de agua, con las playas, el seguimiento del estado del aire. Estamos pensando algunas ideas para tener una gestión más integral de humedales y playas, al trabajar con la Universidad de la República en ir hacia una visión más ecosistémica. De cara a 2023 buscamos incorporar una dimensión más amplia todavía, que es la de ver lo ambiental como el derecho al espacio público, al espacio verde, integrándose con algo que es muy valorado para los montevideanos, que es el disfrute del espacio libre.

    —¿Qué debilidades identifica en su gestión? En la recuperación de envases y la clasificación en origen, por ejemplo, parece no encontrarse una solución definitiva.

    —La valorización de los residuos es un tema que todavía tenemos en el debe. Habíamos propuesto en el Plan de Saneamiento Urbano llegar al 92% de la ciudad con recolección selectiva de residuos, algo que no pudimos hacer. Todavía hay mucho trabajo ahí; por suerte estamos teniendo mucho apoyo de las cooperativas. Queremos llegar a las 500 al final del período (enfocadas) en esa recolección selectiva. La iniciativa Áreas Liberadas ha sido un desafío enorme. Además de limpiar los basurales, estamos trabajando en evitar las causas, dialogando con los vecinos, con los clasificadores, con las empresas y aumentando las multas. En la fiscalización vamos a poner especial énfasis. Ya lo estamos haciendo, pero vamos a multiplicarlo el año que viene con nuevos mecanismos de seguimiento, sobre todo de las empresas transportistas de residuos, para que cumplan con las normas. Además, aumentamos las multas para dar un mensaje muy fuerte de que vamos a ser inflexibles.

    —Debido a los altos costos de traslado, muchas empresas elegían pagar las multas en vez de llevar los desechos a las plantas de tratamiento...

    —Exactamente. Esa es la lógica de un decreto que mandamos a la Junta, que regula algo que no estaba regulado en Montevideo, que era el relleno de los terrenos. Las reglas no eran claras. Establecimos qué se puede rellenar, porque cuando rellenás un predio podés generar un impacto hídrico, al desviar el cauce de un arroyo o provocar una inundación a un vecino. Además, un relleno hecho con residuos se trata de un vertido y es ilegal. Ahí aumentamos muchísimo las multas para que ya no te pueda convenir pagar la multa antes que disponer. Ahora las multas empiezan en lo que antes era el máximo (350 UR) y de ahí para arriba (50.000 UR).

    —Además, se reglamenta por primera vez sobre los rellenos a partir de obras de construcción. ¿Qué relevancia tiene esto?

    —Los residuos de construcción pesan mucho. Entonces cuando uno dispone un residuo en un contenedor hace que este no se pueda levantar, lo que puede generar un problema de limpieza. Pero además ocupa mucho lugar en Felipe Cardoso. Por eso impusimos una planta específica de residuos de construcción y tenemos líneas de trabajo de valorización para que los residuos de obras de construcción salgan limpios. Estamos trabajando con la Cámara de la Construcción para mejorar y regular cómo se disponen, porque una de las formas típicas es utilizarlo para relleno de terrenos. Pero si eso se hace en condiciones inadecuadas, puede provocar muchos problemas.

    —¿Cómo quedó la relación con la oposición departamental luego de que fracasara la aprobación del préstamo del BID? ¿La intendencia negoció bien o pudo haber sido más flexible?

    —Hemos tenido siempre un vínculo muy respetuoso con la oposición, aun en los momentos de la no votación. Pasamos por momentos complicados, incluso lo del juicio político, que nos tomó muy de sorpresa. Pero como decía (Líber) Seregni, tenemos que pensar en la mañana siguiente. Hemos trabajado dialogando más allá de las visiones, hemos ido a la Junta más de una vez. De hecho, la semana pasada informamos sobre la nueva versión del plan de saneamiento urbano. Evidentemente habíamos presentado una visión de saneamiento ambiental más amplia, más moderna, pero no tuvimos eco. Y fuimos por una visión más tradicional de drenaje y saneamiento de redes, y esperamos que se vote.

    —¿Sostiene lo que dijo públicamente, acerca de que el Partido Nacional “no quiere una agenda ambiental del siglo XXI”?

    —Exacto. Nosotros seguimos avanzando con esa agenda y en el plan “Montevideo se adelanta” se puede ver cómo gestionar los residuos de forma diferente o cómo integrar los ecosistemas urbanos. Estamos llevando adelante esa agenda por otros medios, sin la escala que pretendíamos, pero tampoco dejamos de lado la posibilidad de una nueva versión del plan de saneamiento que tuviera los votos necesarios. Todo parece indicar que va a tener los votos de la oposición. Es una satisfacción porque más allá de las diferencias conceptuales está bueno llegar a acuerdos que beneficien a la gente. En retrospectiva, es un tema superado.

    —Otro de los proyectos que se remitió recientemente a la Junta propone establecer un instrumento económico para la gestión de residuos de envases y embalajes. ¿De qué se trata?

    —Todos estos proyectos son parte de la misma estrategia. La responsabilidad por recuperar envases reciclables es de los generadores y entendemos que hoy la intendencia está realizando una tarea que es responsabilidad del generador. Hicimos una estimación de lo que cuesta la recolección y la trasladamos a través de una contraprestación a los generadores. Eso es lo que enviamos a la Junta luego de un análisis muy pormenorizado.

    —¿Cómo evalúa el trabajo con la Cámara de Industrias? Con cada iniciativa parece haber mucha reticencia. ¿Qué está fallando?

    —En todas las reuniones que tuvimos con el Ministerio de Ambiente y la Cámara hemos sido muy claros en que nos interesa llegar a un sistema donde las reglas del juego estén claras. Lo que sucede hoy es que las responsabilidades vinculadas a las plantas de clasificación no son claras, todo el tiempo hay zonas grises que hacen que todo sea más difícil. Nosotros vamos a estar alineados a lo que determine el gobierno nacional, pero dentro de esas reglas queremos que haya un sistema donde sea todo muy transparente y público. Donde las responsabilidades estén claramente separadas. Es algo que ya practicamos al publicar la información de toda nuestra gestión en el Observatorio Ambiental. Por ejemplo, hemos mejorado mucho en la recolección de residuos y recibimos más de 280.000 solicitudes vía WhatsApp. Hoy se gestionan todos los reclamos y nuestro objetivo es hacerlo en menos de dos horas. En cuanto al programa Áreas Liberadas, recogimos más de 25.000 toneladas de residuos en cursos de agua en nueve meses, solo en tres cuencas: Miguelete, Pantanoso y arroyo Carrasco.

    —¿Cuáles son las perspectivas en lo que resta de administración? ¿Qué nuevas iniciativas preparan?

    —Estamos pensando una iniciativa vinculada al trabajo con gente en situación de calle. A partir de los reclamos y la información que la gente nos manda, hicimos un análisis de las zonas donde había más quejas de residuos fuera del contenedor, como el Centro, Parque Batlle, Ciudad Vieja y Cordón. Detectamos zonas rojas que coinciden con la presencia de mucha gente en situación de calle y estamos trabajando en iniciativas específicas con una ONG para ir al lugar donde las cosas suceden en las madrugadas. Trabajar en entender cuáles son las causas y si se pueden resolver. Empezar a entender mejor qué está pasando, hacer ese trabajo cuerpo a cuerpo, porque son situaciones donde una sola persona tiene la capacidad de hacer mucho daño.

    —¿Siente que esta administración va a dejar algún legado en la gestión ambiental?

    —Es un poco abstracto, pero nuestro objetivo es llegar al final de la administración y haber logrado un salto cualitativo en la percepción ambiental. Es decir, haber logrado un cambio en la visión de lo ambiental en la sociedad. Tiene que ver con que Montevideo sea una ciudad limpia, algo que hoy los montevideanos no perciben como tal. Y probablemente no lo es. Eso lo asumimos como un problema y nos planteamos que Montevideo sea la ciudad más limpia de América Latina. Entonces, que se haya dado el primer paso, dejar sentadas las bases.

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