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    Investigadores advierten problemas en los suelos por “extracción” de nutrientes y uso de maquinaria “muy pesada” en el agro local y critican visión “cortoplacista” de productores

    Redactor Agro de Búsqueda

    “No se puede ir contra la economía pero estamos yendo contra la naturaleza”, sentenció el profesor de manejo de nutrientes en el suelo de la Universidad de Iowa, en Estados Unidos (EEUU), Antonio Mallarino, al reflexionar sobre los desafíos de una agricultura moderna y eficiente, en el marco del Congreso Nacional de Suelos, realizado en Colonia, entre el miércoles 6 y el viernes 8.

    Ese y otros investigadores uruguayos y extranjeros analizaron temas vinculados a la producción agropecuaria y la explotación de los recursos naturales, y presentaron resultados de estudios sobre el impacto de las diferentes actividades, como la agricultura y la forestación, en la fertilidad de los suelos del país. Varios de los expositores consultados por Campo destacaron los problemas generados por la “extracción de nutrientes” de los campos, el empleo de maquinarias agrícolas “cada vez más pesadas” y la visión “cortoplacista” de los productores y los propietarios de las tierras.

    Mario García

    “No hay magia; si uno planta sin fertilizar, tarde o temprano los niveles de producción van a bajar”, dijo Mallarino, agrónomo uruguayo procedente de una familia de tamberos de la ciudad de Soca, en Canelones, que hace 20 años está radicado en EEUU.

    Daniel Jorajuría

    Para pensar en una agricultura moderna y eficiente, ese académico consideró que lo primero a tener en cuenta es que “la fertilización es la base de la producción, porque aumentó el valor de todos los factores vinculados a la agricultura, como la tierra y las semillas”.

    “En Uruguay veo que la gente sigue siendo muy miedosa y macheta para realizar inversiones en fertilización por el temor a que no le genere una rentabilidad”, señaló. Criticó a los productores que “siguen con la mentalidad de hace 20 o 30 años, y desde que entró la soja a Uruguay tratan de invertir lo menos posible para sacar lo máximo”.

    El resultado es que no alcanzan el rendimiento deseado y, por lo tanto, tampoco el retorno económico del negocio (porque el promedio de productividad por hectárea sigue en 2.000 kilos).

    Dejó en claro que eso no es generalizado y “hay grupos que cambiaron esa mentalidad y están evaluando otros costos de oportunidad, no solo en material (fertilizante) sino en el manejo de esos productos”.

    Uruguay está quedándose atrás de Argentina y Brasil en la adopción de nuevas tecnologías, “un poco por esa mentalidad que mencioné y otro poco por la variabilidad de los precios, pero en Argentina eso es peor que acá y sin embargo, hay empresas que ya las adoptaron”, indicó.

    En el evento hubo una defensa de las técnicas en agricultura de precisión. El concepto viejo era que cada chacra y cada campo tiene una necesidad de fertilización, y ahora se ve que dentro de un campo hay muchos campos. Si uno maneja el campo guiándose por el promedio está haciendo mal las cosas porque hay parte del campo que le está echando (fertilizantes) de menos y parte que le está echando de más, según algunos disertantes.

    La técnica se denomina Manejo de Sitio Específico, empleando un sistema de posicionamiento global (GPS), con muestreo y sensores remotos para hacer un diagnóstico del campo. Eso se complementa con la tecnología de aplicación variable que hace más sencillo el manejo diferencial dentro del campo.

    Técnicos compararon un predio agropecuario con un tablero de ajedrez para explicar cómo hacer una utilización más eficiente del suelo y de los insumos para producir granos.

    Esto mejora la producción, la economía y puede tener un impacto en la calidad del agua, dijeron.

    Para Mallarino, el problema no es solo el precio sino el conocimiento y la infraestructura requerida para utilizar esa tecnología. “Hay que hacer extensión y explicarle a la gente que quizá estén ganando plata pero pueden ganar más”, recomendó.

    Otros investigadores uruguayos como Mónica Barbazán, presidenta de la Sociedad Uruguaya en Ciencias del Suelo, plantearon la “falta de compromiso para destinar esfuerzos a la formación” de investigadores en esa área.

    “Hay una necesidad de saber qué hacer sobre el campo, con una demanda que supera la oferta de conocimiento por la capacidad de respuesta de la investigación”, señaló a Campo. Dijo que “no se destinaron esfuerzos para cubrir esa demanda y no hay fondos suficientes para investigar” en Uruguay.

    “En la agropecuaria la investigación siempre corre de atrás porque el nivel de adopción de tecnología es más rápido”, añadió Barbazán.

    Con la mira en el futuro y en la educación, esa agrónoma valoró la presencia en el Congreso de Suelos de una cantidad de niños de varias escuelas que participan de un programa de fomento de huertas en centros educativos.

    Cortoplacista

    Un factor que afecta el avance de las técnicas requeridas para mejorar la eficiencia en la agricultura es la tenencia de la tierra, que es “un problema importante”, según Mallarino.

    Consideró que el arrendatario y el dueño del campo se pasan echando la culpa entre ellos con una visión cortoplacista que es necesario trabajar.

    Los propietarios de los campos tienen que darse cuenta que es necesario fertilizar sus tierras, principalmente con fósforo y potasio, pensando en el futuro, advirtió. Explicó que su recomendación apunta a una incorporación gradual de tecnologías.

    “No digo que se tiren al agua y en un año se fundan, pueden empezar de a poco”, dijo.

    A modo de ejemplo, Mallarino contó que hay campos donde sacan 1.200 kilos de maíz por hectárea en una parte y en otra obtienen 15.000 kilos, entonces “no tiene sentido fertilizar lo mismo”.

    Hasta que no lo midan y tengan alguien con ganas de arriesgar e invertir, y quedar con las ruedas para arriba en un año o dos, tienen que hacerlo porque el gobierno no los va a ayudar, opinó.

    Respecto al plan de uso y manejo de suelos que exige el Ministerio de Ganadería, ese académico señaló que “es necesario hacer las dos cosas: las prácticas de conservación de suelos y la fertilización de los campos”. “Porque si se tiene un uso adecuado del suelo pero el productor realiza una producción extractiva el recurso suelo se viene abajo”, resaltó.

    Apoyándose en su experiencia en EEUU, el profesor uruguayo dijo que en ese país cuando se habla de conservación eso incluye suelo, agua y nutrientes.

    “Los productores estadounidenses no hacen soja continua porque los cultivos agarran una peste que tira abajo los rendimientos”, contó. Y observó que “como acá no la hay, entonces los productores hacen soja continua”. “Salvo en lo económico, la soja tiene un balance negativo en todo: en suelo, en nitrógeno, en materia orgánica, que queda para proteger el suelo”, enfatizó.

    Mallarino indicó que en cambio el maíz, aunque (el productor) no tenga buenas prácticas de manejo de suelo, produce mucho carbono y tiene buena raíz.

    La rotación de cultivos de verano con pasturas “está desapareciendo y ahora es grano, grano y grano”, cuestionó. Dijo que (los agricultores) “están tratando con cultivos de coberturas, pero eso es un parchecito”.

    Juego peligroso

    Al ser consultado sobre si el gobierno debe hacer algo más que exigir el plan de suelos, Mallarino respondió: “Prefiero que el gobierno no se meta, porque siempre que lo hace se arma lío”.

    “Veo que en los países, y está empezando a suceder en Estados Unidos también, a los gobiernos cada vez les importa menos el manejo agronómico de la producción”, se quejó.

    Para ese profesor uruguayo, radicado hace 20 años en EEUU, “cada vez hay menos dinero en investigación aplicada”, que proviene de los Estados.

    “Acá en Uruguay es increíble lo que pasa: en la Universidad estatal es muy difícil conseguir dinero para la transferencia de tecnología”, opinó. Y exclamó: “¡en qué planeta estamos viviendo!”.

    “Es como que están descargando la investigación aplicada, la extensión y la educación a las compañías privadas”, dijo. Advirtió que eso “es un juego muy peligroso”.

    Para ese experto “algo se hizo con la excusa de la mejora de la calidad del agua en la cuenca del río Santa Lucía y es probable que destinen algunos recursos y de paso ver el manejo de los suelos y la transferencia de tecnología”.

    Las universidades y el Inia “no pueden ser institutos solo de educación, tienen que hacer investigación y extensión”, se quejó.

    A su parecer, “el gobierno no tiene la culpa”. La sociedad tiene que entender que si quiere tener alimentos baratos y agua de buena calidad, entonces tiene que invertir en transferencia de tecnología, declaró.

    Tamaño despropor-cionado

    Con el avance de la agricultura cada año se incorporan nuevas máquinas para sembrar y cosechar los granos en los campos uruguayos, pero su utilización en suelos húmedos puede deteriorarlos.

    “Es desproporcionado el tamaño de la maquinaria agrícola en proporción con la superficie de apoyo (el suelo), lo que trae problemas de compactación”, señaló el profesor e investigador en Mecanización de la Universidad de La Plata, Daniel Jorajuría.

    Dijo:“Muchos piensan que la siembra directa fue la solución, pero para mí no es la solución”. Esa técnica, de laboreo reducido del suelo, “aminora el problema pero no desaparece”, advirtió. Explicó que el suelo bajo siembra directa tiene más reacción, soporta mejor la máquina porque está más firme al cabo del año, lo que pasa es que las máquinas tienen mayor tamaño y peso”.

    Jorajuría, que es oriundo de Carmelo y hace 40 años vive en Argentina, comentó que si la máquina es muy pesada el suelo se está compactando a una profundidad tal que es demasiado oneroso resolverlo y a veces no se puede solucionar.

    Para la compactación superficial del suelo no hay solución, “hay que evitar el tráfico de máquinas cuando el suelo está húmedo. No hay otra”, aconsejó a los agricultores considerando que este año hubo un exceso de lluvias. Reafirmó que el insistir en trabajar en alta humedad está provocando problemas de compactación a profundidades que después será muy caro resolver.

    Ese investigador, además de desmitificar la idea de que la siembra directa no implica problemas para el suelo, descartó la que tienen algunos productores respecto a que “a tres metros (de profundidad) no hay raíces”. Hay varios ensayos que demuestran que si la planta de trigo no tiene impedimentos para verticalizar sus raíces pueden llegar a 4 o 5 metros de profundidad, contó.

    Subrayó que “la siembra directa genera nuevos problemas de compactación en capas más superficiales”.

    Nueva agricutura y dealers

    La tendencia agrícola mundial tiene a Estados Unidos como una especie de modelo a seguir, no solo en las tecnologías a aplicar en el campo sino también en la gestión y organización de esa actividad. Hoy en la agricultura estadounidense existen los denominados dealers, que son distribuidores de insumos para los productores y operan como cooperativas; uno puede encontrarlos cada 30 o 40 kilómetros, contó el profesor de la Universidad de Iowa Antonio Mallarino.

    Dijo que esos operadores, que venden semillas y tecnología, “son los que están haciendo el desarrollo, no son los productores”.

    El funcionamiento es sencillo y organizado. “El productor llama por teléfono al distribuidor, que viene y presta servicios a varios productores cercanos, y vale la pena contratar a una persona que entiende del negocio, sabe manejar la tecnología y el software”, valoró.

    En el agro uruguayo esa figura es todavía poco difundida. Mallarino mencionó que “acá hay pequeñas zonas que ya están en eso, pero no tienen la infraestructura y los servicios profesionales para poder hacerlo”. Por eso, durante su presentación el jueves 7 ese técnico recomendó a los consultores, a las autoridades de las universidades, del Inia y a los empresarios, que trabajen juntos.

    “Hay gente que trata de hacerlo pero no pueden evolucionar porque los productores dicen: ‘Qué me voy a poner a gastar en eso, si planto soja, no le echo nada (de fertilizante) y gano plata igual”, se lamentó.

    En ese asunto también la tenencia de la tierra es un “cuello de botella”, opinó. Dijo que más de la mitad de la tierra empleada en la producción agrícola es arrendada y los productores no saben si el año próximo van a volver a plantar ahí; entonces no quieren invertir.

    “Si no se mueven de alguna manera se van a quedar atrás”, advirtió. Insistió en que “el modelo de funcionar como cooperativas con distribuidores por zonas es el quid de la cuestión, si no, va a terminar en grandes empresas que hacen todo pero son compañías capitalistas y no son productores”.