• Cotizaciones
    sábado 21 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Jefe de obras

    A los 84 años, Jorge Curi hace Chéjov en el Victoria

    “No sé lo que tuve, no tenía ganas de nada, una desidia general. Tengo muchos años y nunca conocí la depresión, pero llegué a pensar que me había tocado”, dice Jorge Curi pocos días después de estrenar en el Teatro Victoria Locura de verano, un tríptico de obras breves de Anton Chéjov. A los 84 años, el arquitecto, actor y director teatral montevideano que puso en escena El herrero y la muerte, Los comediantes, El coronel no tiene quien le escriba y La ópera de dos centavos, ha recobrado las fuerzas y las ganas de volver a las tablas.

    La arquitectura, el teatro y Mercedes Rein, dramaturga y narradora con quien creó buena parte de su obra, han sido sus grandes amores. “Mercedes Rein fue mi compañera de vida y de trabajo. Después de su muerte quedé por la mitad”, dice a Búsqueda en su apartamento de Pocitos, rodeado de cuadros, fotos, plaquetas y unas cuantas estatuillas de los Florencio y otros premios.

    No tuvo hijos y vive solo, pero en contacto diario con sus compañeros del Victoria, institución que ayudó a reconstruir a mediados de los 90, cuando el Banco de Seguros, propietario del edificio, cedió el viejo edificio a un grupo de artistas huérfanos de teatro que andaban errantes por las salas de la ciudad. “Los hijos son las obras y los teatros”, dice el arquitecto que proyectó el actual Victoria y la Sala 2 del Circular, y que participó en el diseño de la sala grande de El Galpón, obra de Mariano Arana y Mario Spallanzani. “Tenía la manía de las salas polivalentes, espacios transformables que había visto en Europa, donde el director puede hacer realmente lo que quiera, de esas que hoy abundan en Montevideo”.

    Curi se acercó al teatro a mediados de los años 50 desde la arquitectura. Sabía proyectar, ergo, le era sencillo diseñar escenografías. Junto a uno de los hijos del pintor Carmelo de Arzadun se unió a El Galpón, donde fue boletero, utilero, escenógrafo y apuntador. Un buen día se enfermó un actor y como él sabía todos los parlamentos de memoria le pidieron que lo sustituyera. “No tenía escuela ninguna y me metí tan fuerte con el teatro que demoré diez años más en recibirme de arquitecto. Como desde siempre me había interesado todo de la escena, me convertí en ayudante de dirección de Atahualpa del Cioppo, mi maestro. De él aprendí a estudiar y sacarles jugo a un texto y a un autor. A entender el mundo enorme que puede haber entre una línea y otra”.

    Sus ojos brillan cuando recuerda la aventura de hacerse cargo del Victoria, una sala que estaba en ruinas y fue reinaugurada en 1998 con su versión de La ópera de dos centavos, de Bertolt Brecht. “Para reconstruirlo nos inspiramos en un teatro de París, Les Bouffes Du Nord, que se hizo sobre una vieja sala incendiada, donde se estableció Peter Brook. La conocimos con (el actor) Ismael Da Fonseca en los 90, mientras el Victoria estaba destruido y lleno de intrusos que vivían entre los escombros. Cuando el Banco de Seguros logró desalojarlos e inició la refacción, nos tiramos de cabeza y la pedimos. No teníamos ni un peso y armamos la Asociación Teatro Victoria con Pelusa Vidal, Carlos Frasca y Osvaldo Reyno, entre otros. Hicimos un proyecto muy austero para rearmar la sala, ya que el esqueleto del cielorraso estaba impecable, y logramos que nos la cedieran. Empezamos de cero”.

    Curi se adaptó precozmente al teatro de pequeñas dimensiones gracias a su paso por el Circular, donde se convirtió en uno de los precursores locales de la dirección teatral contemporánea, esa que permite al espectador apreciar la escena bien de al lado. Está convencido de que el teatro de lejos ahuyentó a los jóvenes y que el teatro íntimo recupera su interés. “Pasar al Circular, en 1970, me hizo adaptarme. Fue cuando dejé la actuación y me concentré en dirigir. Lo primero que hicimos fue Operación masacre, con Mercedes. Desde entonces he tratado de dirigir como en el Circular. Siempre dije: me hago responsable hasta la quinta fila. De allí para atrás el espectáculo­ se ve diferente. Desde lejos, el escenario se ve como en una televisión pequeña. No se distingue nada. En el Circular descubrí otro mundo. Aprendí a trabajar la naturalidad, los medios tonos, eso que el público de hoy valora. El espectador actual rechaza al actor que proyecta como antes, cuando se lanzaba la voz al fondo de la sala como en la ópera. Los jóvenes odian el teatro por eso. Acostumbrados a la naturalidad del cine y la televisión, rechazan la sobreactuación”.

    Si hay un punto de inflexión en su carrera —y en su vida—, es sin dudas El herrero y la muerte, obra construida a partir de relatos y leyendas orales de todo el mundo, sobre un hombre al que le llega la hora de morir y secuestra a la señora de la guadaña suspendiendo por un tiempo la muerte en todo el planeta, y afectando el orden natural. Fue escrita y puesta en escena por Curi y Rein en 1981, protagonizada por Walter Reyno, quien compuso al entrañable gaucho Miseria. Fue uno de los títulos más exitosos de esa década y se repuso en 2011 y 2012, nuevamente con Reyno, en su último trabajo (falleció a fines de 2014). Curi dice que El herrero le dio la máxima satisfacción a la que puede aspirar un creador: “Muchos estudiantes de teatro me han dicho que descubrieron su vocación luego de verla”.

    La obra fue asociada con la resistencia a la dictadura, pero Curi lo relativiza: “Cuando conocimos a Bertolt Brecht, con Mercedes empezamos a investigar en mezclar lo dramático con lo narrativo. Esto era un relato, y nosotros incorporamos esa frase de Don Segundo Sombra, donde el relator dice: ‘Les voy a contar un cuento, pa’ que se lo repitan a algún amigo cuando ande en la mala’. Eso de “la mala” para nosotros era la dictadura, pero puede ser cualquier cosa. La gente cree erróneamente que hacíamos obras para provocar a la dictadura. Sería una tontería; si los provocabas sin sentido te cerraban el teatro. Debían ser buenos textos, no queríamos hacer teatro panfletario, y buscábamos que las obras tuvieran una segunda lectura. La ideología nunca puede estar por delante del arte, ni siquiera en las épocas más oscuras”.

    Pequeñas cosas.

    Definida por Curi como una tragicomedia, Locura de verano (viernes y sábados a las 21 y domingos a las 19 en el Victoria, Río Negro 1447), es una muestra cabal del Chéjov temprano, anterior a su cuarteta inoxidable (La gaviota, Las tres hermanas, Tío Vania y El jardín de los cerezos). Son tres obras breves, muy frecuentadas en las escuelas de teatro, con sus escenas intercaladas: El pedido de mano, El oso y Un trágico a pesar suyo, esta última “nunca antes hecha en Uruguay”. Tres generaciones de actores están a sus órdenes: Pelusa Vidal, Carlos Frasca, Diego Rovira, Walter Etchandy, Pablo Isasmendi, Manuel Caraballo, Rosario Martínez y Sara de los Santos.

    “Lo que me importa es reflejar el espíritu de Chéjov. Es un gran narrador, un notable cuentista, y ante todo un humanista, un minucioso observador de las pequeñas cosas de la vida. Por eso da la sensación de que nunca pasa nada. Pero como él decía, a la gente no le está ocurriendo algo importante todo el tiempo. La gente come, duerme, va al baño, habla, vuelve a comer, trabaja, se enamora. Por eso hay que leer por abajo, porque nunca dicen lo que les está pasando: dicen otras cosas y sienten algo que no está escrito”.

    Hacer este Chéjov es para Curi ir a la raíz del grotesco: “Para mí es el inventor del grotesco contemporáneo. Les tenía terror a los dramones y a la manera de actuar en su época, y por eso definía sus obras como comedias. Presentó El jardín de los cerezos como ‘vodevil en cuatro actos’. ¿Qué vodevil? No era un vodevil, eran dramas, pero no quería que se los arruinaran con actuaciones pomposas”.

    Curi entiende que Chéjov conecta muy bien con los jóvenes. “Usa un lenguaje muy verosímil y plantea los temas con naturalidad. Te lo creés todo, y te saca una sonrisa, que en teatro es mucho más difícil que hacer llorar. Como decía Atahualpa del Cioppo, la cebolla te hace llorar, pero no hay ninguna otra hortaliza que te haga reír”.

    Vida Cultural
    2015-06-25T00:00:00

    // Leer el objeto desde localStorage