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    domingo 09 de junio de 2024

    Juan Pablo Chapital actúa en formato big band, el domingo 14 en la Zitarrosa

    Mucho de jazz y blues, bastante rock y algo de candombe y otros sabores del folclore regional. Un guitarrista completo, un políglota de los lenguajes de la música popular del norte y del sur y, además, un intérprete que conoce el valor del silencio y no atomiza todo el tiempo con mil notas por segundo, sino que dosifica las energías: sobrevuela el brazo de su guitarra con dulzura para soltar las notas esenciales de una melodía fraseada con elegancia y personalidad en clave spinetteana, y lo prende fuego cuando es preciso, en un breve alarde solista que lo lleva al éxtasis de un solo punteado en modo Hendrix.

    Así se puede presentar la música de Juan Pablo Chapital, el guitarrista y compositor montevideano de 47 años que con su melena lacia y su sonido eléctrico refinado, sin estridencias ni poses ampulosas, desde hace más de 25 forma parte del paisaje sonoro uruguayo. Apareció como invitado en el disco ¿Cómo?, de Malena Morgan, banda de rock de entresiglos liderada por Herman Klang (con Maia Castro y El Príncipe entre sus cantantes); formó un dúo con Samantha Navarro llamado Uruguay Nomá, dedicado a versiones de música popular uruguaya (como Spuntone & Mendaro pero mucho antes); integró la etapa de apogeo de Los Terapeutas, el gran grupo de Mandrake Wolf, Daniel Jaques y compañía que escribió unas hermosas páginas tardías del candombe beat. Se fue tres años a Buenos Aires con la idea de estudiar jazz y terminó tocando con grandes cultores de la fusión de vanguardia entre el folclore argentino y el jazz. Al regreso comenzó su carrera solista y en paralelo fue convocado por Fernando Cabrera para expandir su banda de cuarteto a quinteto (con Ricardo Gómez, Fede Righi y Klang), y grabar tres grandes discos como Canciones propias, Viva la Patria y 432. Desde el año pasado es uno de los cuatro pilares de la nueva banda eléctrica de Laura Canoura, junto a Nacho Mateu (bajo), Martín Ibarburu (batería) y su colega en las seis cuerdas José Luis Yabar. El Chapa, su apodo de toda la vida, publicó su primer disco de composiciones propias, Fotografía silenciosa, en 2010. Le siguieron En construcción (2014), Amanecer en Tandil (con Nico Ibarburu, 2017), y Cerca (con Jorge Armani, 2020), todos publicados por Perro Andaluz.

    Ahora, mientras da las últimas pinceladas a su próximo fonograma, que fiel a su gusto por saltar entre géneros y lenguajes se llamará Móvil, el Chapa hará un alto en el camino para ofrecer un concierto a lo grande, en modo big band, con un repertorio que reúne sus 13 años de obra solista y adelanta algunas piezas de su inminente disco, que en principio saldrá solo en vinilo, como siempre por el sello de Ángel Atienza. Será el domingo 14 a las 20 en la Sala Zitarrosa, con entradas en Tickantel a $ 500.

    En el living de su casa, frente por frente al estadio Franzini, rodeado de guitarras, equipos, una bandeja de vinilo, un gran cajón lleno de discos y libros de música en los estantes, y con su salchicha Tito ladrándole al fotógrafo en cada clic, Chapital contó a Búsqueda que tomó como inspiración para este concierto a legendarias formaciones en vivo de los años 70 como las de Santana, Miles Davis y los Allman Brothers. Habrá pasajes instrumentales y canciones, habrá temas propios y ajenos, porque si algo caracteriza la discografía de Chapital son las versiones de sus próceres, absolutamente personales, como Tras de ti (Mateo), Milonga de pelo largo (Dino), Santanita (Rubén Rada y Hugo Fattoruso, dedicada a Carlos Santana) y otras de los Beatles, Opa, Rada y Jeff Beck. También estarán las piezas propias enteramente dedicadas a algunos de esos héroes, como L.A.S., para Luis Alberto Spinetta y Espárragos para Miles, para Miles Davis. Estará acompañado por una verdadera orquesta: conformará el trio base con Mateu (bajo) e Ibarburu (batería); habrá tres tecladistas (Hernán Peyrou, Sabrina Díaz y Manuel Contrera) dos cantantes (Camila Ferrari y Rodra), dos percusionistas (Fede Blois y Coby Acosta) y la guitarrista Jacinta Bervejillo.

    Aprender picoteando

    Al niño Juan Pablo le gustaba la batería y el rock uruguayo, que explotaba en los 80. Pero en paralelo a Los Traidores, Los Estómagos y Los Tontos, le gustaba mucho el candombe que escuchaba en Guillapi, Roberto Koch y otras calles de Brazo Oriental, donde se crió. En su casa, como en la de tantos, sonaba fuerte la música uruguaya y también la brasileña. Su madre tocaba el piano y su tía la guitarra, por lo que las peñas y cantarolas eran muy frecuentes en la familia. "En esas juntadas musicales descubrí la belleza de los temas de Vinicius, me volvía loco con ese sonido". La otra fuente de data musical fue su hermana cinco años mayor, que tocaba la guitarra y escuchaba cosas bastante rockeras como Autoblues de Cabrera. “A los 13 años mis padres me regalaron una guitarra y mi hermana se puso de novia con el Jota, José Luis Yabar, un guitarrista con mucho gusto por el rock, que ha tocado con mucha gente como Santullo y Buenos Muchachos, por ejemplo, y que hoy toca conmigo en la banda de Laura Canoura. Esa combinación de información fue decisiva. Cuando lo conocí tomé unas clases con él y nunca más solté la viola".

    En su juventud se metió muy enserio con la obra de popes locales como Rada, Jaime y Cabrera. Y los empezó a ver en vivo muy seguido. "Me di cuenta de que todos tenían un guitarrista eléctrico. Carlos Quintana con Jaime y el Bolsa Leonardo Amuedo con Cabrera, por ejemplo. Poco después empezaron los mellizos Ibarburu con Jaime y con (la banda) Pepe González, que también me volaron la cabeza". Mientras se desarrollaba en forma autodidacta, tomaba clases esporádicas con guitarristas como Quintana, Santiago Montoro, Esteban Klisich, Jorge Nocetti y Palito Elissalde, que tocaba entre otros con Abuela Coca y El Sabalero y fue su profe más estable. "Más que estudiar en serio, picoteaba. Veía a un violero que me gustaba y le proponía tomar clases con él para aprender eso que me interesaba.

    Del rock y la música regional, el Chapa saltó al jazz y después al blues. "Empecé a escuchar música de fusión y a interesarme en los guitarristas que tenían un toque blusero pero que lo llevaban a otras músicas. Eso es lo que me sale hacer más naturalmente. Escucho música de raíz y me encanta, pero mi investigación con el blues empezó mucho después, cuando me fui a vivir a Buenos Aires, ya pasados los 30. Fui a estudiar con jazzeros de allá que me interesaban y después terminé tocando con folcloristas como Liliana Herrero, el Chango Farías Gómez y Mariana Baraj. Cosas que pasan (ríe)".

    Chapital nombra a varios guitarristas que lo marcaron, algunos del norte como Hendrix, otros de Argentina, como Spinetta, y otros de aquí como Quintana, Elissalde, Nocetti y Luis Firpo, pero se detiene en quien se transformó en uno de sus mayores referentes y que tiene que ver tangencialmente con su otra gran pasión además de la música: George Harrison. "No solo como guitarrista solista sino como compositor, como cabeza. Me identifiqué mucho con su viaje, con su búsqueda espiritual. Fue el primer beatle que empezó a hablar de otras cosas además de las canciones y eso siempre me sedujo".

    Desde hace más de dos décadas, en paralelo a la música, Juan Pablo inició su camino en el aikido, primero en la práctica y luego junto a la docencia. "Es algo que tiene muchos beneficios y es algo en lo que he sido muy constante, incluso más que en la música", cuenta, y explica que las prácticas y los seminarios son algo permanente en su vida y desde hace un tiempo da una clase por semana. "De niño siempre me interesaron las artes marciales, primero por las películas y después por la información a la que accedí. Un día estábamos tocando con Francisco Fattoruso en Carrasco y pegué onda con uno de los agentes de seguridad que estaba en la puerta, conversamos un rato y me contó que hacía aikido. Ahí me quedó la espina y poco después me enganché".

    Como el de tantos músicos uruguayos, el principal sostén de Chapital es la docencia. Da clases particulares de guitarra en su casa y es docente de ensambles en el Conservatorio Sur. Pero no se queja por eso, todo lo contrario: defiende la docencia como una instancia clave para compartir sensibilidades con nuevas generaciones de músicos y para seguir aprendiendo.

    Poco antes del final de la charla menciona un concierto que tuvo lugar frente a donde vive, en el estadio Franzini. "Acá enfrente, en 1991 hubo un show de Jaime y de Rada juntos en homenaje a John Lennon. De hecho, Jaime puso en su disco El puente la versión de All You Need Is Love que hizo en ese concierto. Esa noche yo decidí ser músico. Rada aún estaba en Buenos Aires y vino con su banda argentina. Con 16 años eso fue muy fuerte. Yo quiero eso para mí, me dije. Entonces, después, con el tiempo, compartir la vida con todos esos músicos, entreverarme y tocar con los capos que admiraba y llegar a tocar en la banda de Rada como sustituto, como me pasó alguna vez, es un sueño cumplido".

    Vida Cultural
    2023-05-03T23:51:00