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    Juguetes perdidos

    Mecánica popular, de Buitres

    Comienza Diciembre y viene a la memoria Los besos no son amargos, una canción de Buena suerte... hasta siempre, un disco que ya cumplió 18 años. No es casualidad. Estamos ante uno de los mejores trabajos de Buitres en lo que va del siglo. Por lo menos a la altura de Mientras (2003), su último gran árbol de éxitos. Mecánica popular aporta, por lo menos, media docena de esas canciones cantables, coreables, pogueables, algo que había mermado bastante en sus tres últimos discos de estudio, atractivos para el escucha más melómano, ese que exige (exigimos) que el artista se mueva de su zona de confort y explore zonas no tan frecuentadas.

    Con estas nuevas cartas a la vista, no es nada aventurado vaticinar que varias canciones de este CD sonarán fuerte como clásicos en los conciertos de los próximos años. Desde el vamos las tres primeras traen estas áureas promesas: la mencionada al inicio, la que da nombre al disco y ese rock melancólico llamado Habla en la caja, con la voz de Peluffo octavada en grave y agudo cuando pronuncia: Hablan de amor, solo de amor y placeres. Esa bella pieza pop llamada Pituca recupera la simpleza rústica y contundente de No te puedo matar o Lucas Terry. Tras un inicio climático e introspectivo, casi como una balada oscura, El último guion se metamorfosea en un rocanrol furibundo e inesperado.

    Santa Rosa es un clásico punk-rock ramonero que cuenta una historia de juventud que incluye la bienvenida confesión de que los rockeros uruguayos, cuando tuvieron que hacerlo, nunca dejaron de bailar cumbia. Las musas y Soy un perro muestran la luminosa y festiva veta de Parodi en la guitarra; Mirando el mar es una gran canción buitrera, que conjuga las virtudes de sus tres motores creativos (Parodi, Peluffo y Rambao) y tiene los quilates de Condenado el corazón o A cartas vistas. Y La primera vez es la joyita que hará elevar los brazos al viento en los próximos años de Buitres. Más allá de la horrenda portada, de lo peor en sus 30 años, Buitres volvió a hacer un señor disco. Hay que reconocerlo, Parodi tiene razón: la mejor música que puede hacer un artista es la que viene de sus raíces.

     

    J.A.

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