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    lunes 10 de junio de 2024

    La Orquesta Sinfónica del Sodre interpreta la obra inaugural de Star Wars

    John Williams y su big bang galáctico

    En el escenario de la Sala Eduardo Fabini, principal recinto del Auditorio Nacional del Sodre, no cabía un alfiler. Setenta y seis músicos esperaban que una pantalla sobre sus cabezas mostrara nueve palabras que moldearon al cine como espectáculo y revitalizaron el uso de una orquesta sinfónica en las bandas de sonido. Con los instrumentos afinados y con cada intérprete en su lugar, el ensayo general comenzó como todas las obras con épica suelen hacerlo: con un estruendo que promete una aventura.

    “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…”, es la oración que da el puntapié a uno de los Si bemoles más estimulantes y memorables de la historia del cine. Con esa nota, el compositor estadounidense John Williams decidió, a finales de la década de 1970, dar comienzo a la banda sonora de Star Wars. Se embarcó así en uno de los proyectos creativos más duraderos de su vida.

    Desde hoy hasta el domingo, la Orquesta Sinfónica Nacional del Sodre interpretará la obra de Williams bajo la dirección del director argentino Ezequiel Silberstein. Durante el evento, se proyectará en simultáneo la película La guerra de las galaxias, también conocida como Episodio IV: Una nueva esperanza. Hasta el sábado, inclusive, la función se llevará a cabo a las 20, con la película en su idioma original y subtitulada al español. El domingo, a las 17, se presentará la película proyectada en su versión doblada al español. Aún quedan entradas a la venta.

    A sus 91 años, el nombre de Williams sigue siendo sinónimo del Hollywood de mayor popularidad a través de las décadas. Su estilo orquestal, grandioso, complejo y sentimental no abunda entre sus pares. Su legado, que supera las 100 bandas sonoras, incluye una extensa y continua colaboración con el cineasta Steven Spielberg, para quien ha musicalizado películas como Tiburón, Los cazadores del arca perdida, E.T., el extraterrestre, Parque Jurásico, y más recientemente Los Fabelmans. También creó las composiciones de Mi pobre angelito, Siete años en el Tibet y la saga de Harry Potter. Con 5 premios Oscar en su haber, Williams es también la persona viva con mayor cantidad de nominaciones de la Academia, al acumular un total de 50.

    Nacido en Nueva York, desde joven Williams mostró interés por la composición gracias a las partituras orquestales y los libros que su padre, un percusionista de jazz, llevaba a casa. En 1948, se trasladó con su familia a Los Ángeles, donde estudió composición bajo la tutela de Mario Castelnuovo-Tedesco, reconocido músico italiano que trabajó en la Metro-Goldwyn-Mayer.

    La influencia de Castelnuovo-Tedesco y su carrera en más de 200 películas dejaron una huella en Williams. Después de su servicio en la Fuerza Aérea y sus estudios en la Escuela Juilliard de Nueva York, incursionó como pianista de jazz en clubes nocturnos y estudios de grabación. Una vez regresado a Los Ángeles, se estableció allí hasta el día de hoy.

    Según lo recordó Spielberg en la revista The New Yorker, el trabajo de Williams le hizo acordar de inmediato “a los viejos grandes”. Max Steiner, Bernard Herrmann y Dimitri Tiomkin eran evocados en piezas capaces de sostener la atención con arreglos complejos pero difíciles de olvidar.

    Fue Spielberg quien unió a John Williams con uno de sus amigos cineastas, George Lucas. En los setenta, Spielberg y Lucas compartían un vínculo estrecho y se apoyaban mutuamente en sus victorias y derrotas en la gran pantalla. Spielberg venía de una grande con Tiburón, que estableció el modelo de estrenos taquilleros veraniegos para la industria hasta el presente. Lucas, en cambio, se encontraba en pleno desarrollo de un proyecto personal y demasiado ambicioso para sus allegados. La guerra de las galaxias era concebida como una ópera espacial inspirada en el cine de Akira Kurosawa y las tragedias griegas, y con la lucha entre un grupo de rebeldes y un imperio galáctico que tiene al universo bajo su yugo como su conflicto principal.

    El encuentro tuvo lugar en una reunión nocturna en los estudios de Universal Pictures. Lucas, en busca de un compositor para su próxima película, quedó impresionado por las habilidades musicales de Williams. El compositor, por su parte, se emocionó por la oportunidad de trabajar en un proyecto como el de Lucas, que consideraba innovador. El director le transmitió su pasión por la trama y los personajes y su ambición en crear un mundo nuevo desde cero. Williams, cautivado por la ambición de Lucas, aceptó el trabajo.

    Con Richard Strauss e Igor Stravinsky entre sus referencias, y evocando la música clásica de Hollywood de las décadas de 1930 y 1940, Williams cubrió casi la totalidad de los 121 minutos de duración de Una nueva esperanza, siguiendo de cerca las acciones visuales y las líneas narrativas de la película. Dotó a sus partituras de motivos musicales recurrentes que representan a un personaje o una idea y se asocian de manera reiterada con su respectivo tema, y creó así una conexión emocional y narrativa inmediata en el público. A lo largo de su trabajo en la saga, Williams les brindó a cada personaje de relevancia y cada concepto significativo de la historia su propio motivo musical distintivo.

    El más célebre es la música que abre la película con ese Si bemol de manera poderosa en el Main Theme (Tema principal) y su inolvidable golpe inicial: una explosión sinfónica que da lugar al célebre texto de la película que se va desvaneciendo en un horizonte de estrellas. Esta composición es a la que Williams asociará con el heroísmo y la aventura y lo volverá a utilizar en varios momentos clave para evocar la mayor sensación de grandiosidad y esperanza posible.

    Tras el impacto visual del comienzo de la película, cuya primera escena muestra el combate espacial entre dos naves, la música del compositor jamás abandona su espíritu contundente. Williams buscó que la melodía sea directa, con la intención de construir algo idealista e inspirador y que tuviera un aire militar. Para ello, ubicó el registro más brillante en las trompetas y los trombones, creando casi que un grito de armas en el proceso. Tan impactante resulta ese primer encuentro, entre las imágenes de Lucas y la música de Williams, que la ausencia de la banda sonora cuando la acción se traslada al desértico planeta de Tatooine se hace notar.

    Con su banda sonora, desafió las expectativas al optar por un aire romántico en lugar de los sonidos electrónicos típicos utilizados por la ciencia ficción de esa época. Si bien la crítica musical le cuestionó la decisión y lo acusó de pararse demasiado sobre los hombros de los grandes maestros de la música clásica, el público respondió ante la composición con el mismo fanatismo que hizo con la película. A mediados de julio de 1977, apenas unas semanas después de su estreno, el álbum de la banda sonora, que consistía en un doble LP de 74 minutos, vendió más de 650.000 copias y recaudó más de 9 millones de dólares.

    “La música para la película no es futurista”, llegó a describir Williams al hablar de Star Wars. “Las películas nos mostraron personajes que no habíamos visto antes y planetas inimaginables, y así sucesivamente. Pero la música era, en realidad, una concepción de George Lucas muy acertada y emocionalmente familiar. No era música que describiera una terra incognita, sino todo lo contrario, era música que nos conectaba con emociones muy familiares y recordadas, lo que para mí, como músico, se tradujo en el uso de un idioma operístico del siglo XIX, si quieres, como Wagner y cosas por el estilo”.

    Con su espectáculo, la Orquesta Sinfónica Nacional del Sodre evidencia que toda película musicalizada por Williams debería verse al menos una vez con la presencia de los músicos fuera de la pantalla grande. Al ser la primera entrega de una trilogía que creció en tamaño de producción y ambición narrativa, Una nueva esperanza es sin dudas la más infantil de las películas originales. Pese a que Lucas alterara su obra con un torrente de efectos especiales agregados en las décadas siguientes, la película mantiene aún una inocencia que Williams logra cargar de una necesaria madurez emocional.

    El atractivo de esa unión audiovisual fue innegable. Logró capturar la esencia de una historia que podía ser considerada como un entretenimiento banal y terminó convirtiéndose en un elemento esencial de la identidad de la película que se mantuvo hasta el siglo XXI, con la extensión de la franquicia en nuevas películas y series de televisión.

    Su trabajo dejó un impacto duradero y cementó nuevos estándares para la música del cine de ciencia ficción y aventura, definiendo el sonido de muchas producciones futuras. Con su trabajo en Star Wars, Williams demostró que la música puede convertirse en un personaje crucial dentro de la narrativa, capaz de provocar emociones, generar un sentido de identidad y elevar la experiencia cinematográfica a nuevas galaxias.

    Vida Cultural
    2023-05-17T22:53:00