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    jueves 13 de junio de 2024

    La antigua magia del relato oral

    Fue como participar de una ceremonia en torno al fuego para escuchar al sabio de la tribu. El sábado 15 en el Teatro Solís, el escritor italiano Alessandro Baricco (Turín, 1958) revivió la magia del relato oral con su presentación Sobre el tiempo y el amor, una obra muy difícil de definir. “No es una clase, ni tampoco un espectáculo teatral. Es un viaje, una exposición de un movimiento prolongado de la mente”, dice el folleto que se entregó a la entrada de la función.

    El día anterior, el escritor había tenido un encuentro con periodistas, actores y académicos en el Instituto Italiano de Cultura, institución que junto con la Comedia Nacional hizo posible su llegada a Uruguay. En esa oportunidad, al preguntarle en qué iba a consistir su obra en el Solís, simplemente dijo: “Io parlo”. Y Baricco habló: narró cinco historias que extrajo de la literatura y de las biografías de personajes célebres y les puso la dosis adecuada de anécdotas, misterio, reflexión y humor para captar la atención del público. Lo hizo en un escenario despojado y con un mínimo apoyo visual y musical. El sabio volvió a encender el fuego.

    Es la primera vez que Baricco está en Uruguay, y llega luego de recuperarse de un tratamiento contra el cáncer. Su nombre empezó a “sonar” entre los lectores uruguayos a partir de Seda (1996), la novela que le trajo su primer éxito editorial y la traducción a varios idiomas. Antes, en 1991, había ganado los premios Medicis y Campiello por su novela Tierras de cristal. Entre otros de sus libros de ficción exitosos se encuentran City (1999), Sin sangre (2003) y una rareza: Homero, Ilíada, novela en la que transformó el texto original de Homero al quitarle la intervención de los dioses y dejar solo a los personajes terrenales, que dan su punto de vista en primera persona. Con este texto, el escritor organizó lecturas colectivas en plazas de Roma y Turín.

    Licenciado en Filosofía, Baricco también ha sido presentador de programas culturales de televisión y dramaturgo. Tuvo alguna incursión en política, pero se alejó cuando le ofrecieron un cargo porque le hubiera sacado tiempo para escribir. Prefirió volcar su pensamiento y reflexiones sobre la vida contemporánea en artículos y ensayos. Muchos de ellos los escribió en el diario La Repubblica, y aparecieron en Los bárbaros (2006), ensayo sobre la mutación cultural de fines del siglo XX, o en El nuevo Barnum (2022), una recopilación de artículos que tratan de temas tan variados como un partido de Boca contra River o el terrorismo.

    Baricco habla con sencillez de temas profundos y le agrega gracia y a veces ironía a su discurso. En el encuentro del Instituto Italiano le preguntaron sobre la situación política de su país, donde en las recientes elecciones ganó un partido de extrema derecha liderado por Giorgina Meloni. “Los italianos nos apasionamos por la política: somos experimentales y valientes, cambiamos a menudo y también logramos llegar antes que los otros. Tenemos una cierta intuición. Nosotros tuvimos a Berlusconi antes de que los Estados Unidos tuvieran a Trump”, dijo, y el público largó una carcajada. “Italia ahora quiere ser un país gobernado por la derecha. Pero la gente no tiene miedo de que esta derecha genéticamente venga del fascismo. Una parte de quienes eligieron este partido son fascistas, pero otra gran parte no. Finalmente se puede leer que es una prueba de democracia adulta, seguiremos siendo una democracia fuerte, a pesar de lo que está sucediendo”.

    El encuentro en el Instituto Italiano tuvo otros momentos sustanciosos, por ejemplo, cuando explicó que solo escribió tres obras de teatro y que fueron pensadas para que las representaran artistas o directores determinados. “Para mí es como componer una música para un instrumento. No existe escribir teatro sin saber quién lo va a actuar”. O cuando respondió qué significa para él escribir. “Hay períodos en los que escribes para existir o para encontrarte a ti mismo, pero a veces escribes contra los otros o contra alguien. Hay épocas en las que lo haces para subir a la cima. Cuando era joven tenía una frase de un escritor norteamericano pegada en la pared que decía: ‘Quiero subir tan alto que cuando cague le caiga a todo el mundo’. La verdad es que eso no me importa nada ahora, lo último que me interesa es estar allí arriba”.

    Sobre su obra en el Solís no quiso explicar demasiado, pero lo poco que dijo dejó a todos expectantes: “Lo que quisiera es que no solo la gente aprenda algo, sino que se emocione mientras aprende. Al final, cuando sale bien, es mucho más grande que una obra de teatro. Es como un rito colectivo de emoción y aprendizaje”.

    Su presentación en el Solís la hizo sentado a una mesa con una laptop y unos pocos papeles. Detrás de él, una pantalla proyectaba algunas imágenes, por ejemplo, un mapa de Francia en el que estaba marcada la extraña travesía del rey Luis XVI cuando intentó fugarse al estallar la Revolución francesa. Ese fue su primer relato con una historia real. La segunda también giró en torno a una fuga: la del escritor León Tolstói, quien siendo un octogenario un día decidió escapar de su casa y de su esposa.

    ¿Cómo se enganchan estas historias con el amor y el tiempo? Con el arte de Baricco, quien fue tejiendo una telaraña con la vida real y la literaria para explicar cómo hay encuentros que cierran “la brecha del tiempo”. Usó tres ejemplos literarios: la larga noche que Shakespeare les otorgó a Romeo y Julieta; el viaje de Florentino y Fermina en El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez, y el reencuentro de Penélope y Ulises en la Odisea. “La mayoría de las historias de amor cuentan precisamente esto: dos personas cierran esa herida del tiempo en un instante que existe solo para ellos”. Para él esa es “la magia del instante”.

    Baricco habló en italiano con un ritmo lento, como si quisiera detener el tiempo en el teatro. Entre sus pausas, aparecía la voz de la traductora, la colombiana Verónica Pachetti, que sentada a un costado del escenario acompañó la cadencia de Baricco con una excepcional expresividad de gestos y palabras. Así les agregó encanto a los relatos.

    Cuando el “rito colectivo de emoción y aprendizaje” finalizó, llegó otro rito más terrenal y protocolar al que Baricco no pareció darle mucha importancia. La intendenta de Montevideo, Carolina Cosse, le entregó una placa con la declaración de visitante ilustre de la ciudad. El día anterior, al enterarse de que iba a recibir esa distinción, Baricco había recordado la película El ciudadano ilustre, cuyo protagonista, que es escritor, pasa por momentos trágicos y surrealistas al recibir una distinción en su pueblo. “He pasado por situaciones que aparecen en esa película”, dijo risueño. Pero en el Solís ensayó su mejor español y agradeció con un sencillo: “Recordaré esta noche por el resto de mi vida”.

    Vida Cultural
    2022-10-19T19:37:00