Todo indica que el desafiante, que ha hecho una muy costosa campaña en vía pública y medios igual que Antía, será derrotado por segunda vez. Algunos creen que, con 50 años de edad, tendrá una nueva chance, la tercera, pero otros, por el contrario, opinan que para él esta es la mejor oportunidad.
Antes de presentarse a pedir el voto en alguna de las modestas casas de Los Olivos, Antía se detiene, se saca y se pone su boina blanca de lanilla importada y ensaya su mejor sonrisa bajo el barbijo azul.
Con todas las encuestas que lo dan como intendente reelecto de Maldonado el domingo 27, el ingeniero agrónomo y tambero de Aiguá, aparece tranquilo y sin tensiones, aunque casi todos saben que es una persona de carácter fuerte.
Santiago Ferrer, su secretario, advierte que, igual que su inspirador Burgueño, en el mano a mano es donde su jefe mejor se luce y Búsqueda lo puede comprobar sobre el terreno. Durante la caminata, Antía es invitado a pasar a una pequeñísima casa donde un vecino de edad avanzada tiene instalado un horno para hacer budines que compró y está pagando gracias a un préstamo que le otorgó la intendencia por gestión directa de Antía, que lo conoció en la calle. El candidato se agacha y besa a la esposa del fabricante de budines, que interrumpe el disfrute de la novela de la tarde frente al televisor y agradece contenta, a pesar de que el político tropieza, pierde la boina y casi se le cae encima. “No me debés nada”, dice el candidato detrás del tapabocas antes de salir.
En la pequeña puerta, uno de los lugartenientes de Antía tiene una ligera frustración: esta vez se queda con la engrampadora lista y el cartel pronto para colgar en el tejido de otra casa. El matrimonio promete votar, pero no aceptan carteles, quizás por razones comerciales, explica el Cabeza Hualde.
“Me dijeron que viniera porque estabas dura”, lanza el caudillo a una joven posible votante de Blás que ríe nerviosa en la puerta de su casa, mientras unos metros más atrás una niña, que parece ser su hija, se tapa la cara muerta de risa.
Con un veterano que luce el uniforme de Coca Cola, el candidato comparte anécdotas de cuando ambos se enfrentaban en campos de fútbol. El político cumple con una breve charla, se toca la barriga en señal de falta de estado físico y sigue la recorrida. No hay tiempo que perder.
“Vamo arriba. Siempre que llovió, paró” le dispara a otro vecino que se lamenta de la situación económica agravada por la pandemia. Y sigue. No faltan los que piden trabajo y una familia agradece porque pudo regularizar su casa. Unos metros más adelante, se encuentra con otro que lo quiere saludar. “Antes hacía diabluras, pero ahora soy decente”, afirma mientras sostiene un carro de bebé vacío, su instrumento de trabajo como volquetero.
La misma tarde, a pocos kilómetros de allí, el segundo competidor de Antía, Oscar de los Santos, sabe que no tiene muchas chances, pero no afloja. Al mismo tiempo que el blanco sigue golpeando puertas y Blás organiza a su gente con estilo de empresario inmobiliario, el Flaco de los Santos, uno de los tres candidatos del Frente Amplio, toma el micrófono para hablar con un tono cansino que parece sin convicción, en un acto en un barrio popular de San Carlos, donde poca gente le presta atención, pero muchos lo saludan porque es vecino.
El Flaco, que ha sido intendente dos veces y derrotó a Antía, pero luego perdió peso y hasta su banca de diputado, repasa la lista de logros de su partido, que gobernó entre 2005 y 2015 y fustiga al rival por haber endeudado más al departamento, entre otras cosas aumentando los cargos de confianza y los ingresos sin concurso.
En el pequeño acto en el que los frentistas no pierden el ánimo y al final comparten café con canela, torta casera de pescado y de coco con dulce de leche, el objetivo es respaldar a uno de los siete candidatos a la alcaldía de San Carlos, que, junto con Piriápolis, el Frente Amplio corre peligro de perder.
La lucha por San Carlos es tan dura que esa misma mañana Antía y su suplente, Jesús Bentancur, llegaron al balneario Buenos Aires a inaugurar una calle pavimentada (49 y 38), pero olvidaron invitar al municipio y a los vecinos que habían gestionado los recursos con el alcalde frenteamplista.
Una integrante de la comisión de vecinos, que se enteró a último momento, filmó el acto y lo colgó en las redes con un comentario donde sostiene que “los blancos hacen política de la forma más baja”. Otro voluntario pidió para hablar y lamentó que “haya muchos rostros que los vemos en los medios y faltan otros que los hemos visto muchas veces en el barrio”.
Obras, deudas y relatos
Para seguir en el gobierno de Maldonado, Antía cuenta con dos o tres pilares: un moderno centro de videovigilancia israelí en el que invirtió unos 21 millones de dólares, la reubicación de asentamientos como El Placer, en La Barra, y una gran cantidad de jardines y rotondas que mejoran la calidad de vida de los vecinos de Maldonado, un departamento que ha crecido en población más que ningún otro debido a la inmigración interna atraída por la construcción y el turismo.
Casi toda su gestión ha recibido fuertes cuestionamientos, aunque en 2015 el exdiputado frenteamplista Darío Pérez le otorgó los votos para realizar compra y venta de terrenos y otras operaciones para reubicar asentamientos. Esta tarea casi permanente de todos los intendentes tiene dos caras: mejorar la calidad de vida de la gente y vender terrenos que sirven a inversores.
El caso del asentamiento Kennedy fue uno de los que hizo salir del guion a Antía en su guerra asordinada con Blás. Según informó Brecha el viernes 11, el exintendente incendió la pradera cuando se enteró de que su rival en la interna había realizado “maniobras extorsivas” para confeccionar la lista de traslados del Kennedy a nuevas viviendas a cambio del voto. “Es un tema muy sensible, lo investigará cuando vuelva a la intendencia, porque no hay dudas de que volverá”, dijo entonces un allegado al candidato.
Para Pedro González, exdirector general de Hacienda de De los Santos, hay cosas mucho más graves que el viejo clientelismo: “Antía miente en relación al déficit y además hizo una ilegalidad, un chicle con la ley al que no se animó ningún gobierno en la historia de Maldonado, porque endeudó a la intendencia por 45 millones de dólares sin autorización de la Junta Departamental”.
Un informe presentado esta semana por los ediles de la oposición sostiene que “la intendencia está operando sin autorización de la Junta Departamental, en contra de la expresa determinación de la misma, avasallando las funciones del Legislativo, excediendo las funciones que competen al intendente, y violando la Constitución de la República en varias cláusulas esenciales y específicamente el artículo 301”.
Según González, los bancos que antes habían prestado a la intendencia (entre ellos Scotiabank, Santander, HSBC y BVVA) este año, a diferencia de los anteriores, no quisieron hacer la operación que Antía logró aprobar con solo 16 de los 21 votos necesarios, aunque finalmente obtuvo recursos de dos financieras y dos bancos de segunda línea a una tasa más elevada en dólares y a su vez “ya anunció que este año no va a pagar”.
El informe de los ediles del Frente Amplio sostiene que la deuda total crece en forma mucho más acelerada que la recaudación, de tal modo que “la relación déficit acumulado recaudación ha aumentado, pasando de un 33% a un 49%, lo que significa que al cierre del 2019 se necesita la mitad de la recaudación de un año para pagar la deuda”.
Antía dijo a Búsqueda que el déficit que deja es igual al que recibió en 2015, pero De los Santos y González sostienen, basados en el Tribunal de Cuentas, que en realidad pasó de 48 millones de dólares a 107 millones, sin contar con los efectos que produce la pandemia y los nuevos préstamos.

Intendencia de Maldonado. Foto: Ricardo Antúnez / adhocFOTOS
El sueldo del intendente.
Como cada quinquenio, el martes 15, a propuesta de Blás y del Frente, la Junta votó la remuneración que tendrá el nuevo jefe comunal. La prensa local y nacional informó que se había producido una rebaja del 50%, pero según las cuentas de la bancada opositora, la reducción real es del 36%, porque al mismo tiempo subió la partida por gastos de representación.
En un debate que se extendió hasta la madrugada, los blancos lanzaron sus propios dardos: recordaron que si bien en el primer gobierno De los Santos donó la mitad de sus ingresos al centro regional de la Universidad de la República, en el segundo, cuando tenía los votos para decidir, percibió el total, una cifra que actualizada supera los 500.000 pesos, el más alto del país.
“Bueno, la familia tendrá que comer fideos”, ironizó en la radio uno de los directores de Antía cuando se enteró de la decisión de la Junta.
Los críticos —incluso blancos— de Antía y Blás llaman la atención acerca de un sector social que ha recibido favores de la intendencia y citan el ejemplo de las millonarias instalaciones de césped adjudicadas a una sola empresa.
La crisis del Covid-19, que augura una temporada magra, hace más dependiente a los que no tienen empleo fijo y ahora reparten listas con la esperanza de conseguir algo más y no solo canasta de alimentos y unos billetes en efectivo. El ganador que surja de las urnas, además de un sueldo más adecuado a la realidad, tendrá un gran desafío por delante: salir de la crisis.