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    La “carrera” por poner en marcha el acuerdo de cambio climático de París presenta dificultades y existe el “riesgo” de “resbalar”

    Tic tac, tic tac, tic tac, el reloj no se detiene. La carrera es por la “ratificación rápida” para lograr que el acuerdo de cambio climático mundial y vinculante al que se llegó en diciembre en París entre en vigor. Las dificultades son políticas y económicas, entre otras, y el tiempo se termina.

    Los países se plantearon en diciembre de 2015 en el marco de Naciones Unidas que el incremento de la temperatura global no supere los 2ºC y esforzarse por llegar incluso a 1,5ºC.

    El mecanismo fue diferente al utilizado antes, cuando se planteó imponer metas a todos por igual. Esta vez “se dio vuelta la tortilla” y cada país planteó sus compromisos. Sin embargo, para lograr el objetivo deseado se deben sortear “conflictos de intereses”. Además operan “fuerzas de mercado” y hay “riesgo” de “resbalar”, de que el proceso se empantane, planteó Mariana Panuncio, directora de Cambio Climático para América Latina y el Caribe de la organización internacional Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés). Mientras tanto, gran parte de la sociedad civil aún ve el cambio climático como un tema “abstracto” y las organizaciones de la sociedad civil tienen un rol que cumplir.

    Panuncio, radicada en Washington, viajó a Buenos Aires para participar como oradora en el seminario “Datos que cambian entornos: cómo cubrir el cambio climático y otros desafíos ambientales”, que organizaron la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) fundada por Gabriel García Márquez y el WWF entre el 27 y 30 de junio.

    A continuación un resumen de la entrevista que Panuncio mantuvo con Búsqueda luego de esta instancia.

    —Son 162 los países que han entregado ante Naciones Unidas sus compromisos para hacer frente al cambio climático. Estos sumados no alcanzan para cumplir con los objetivos que trazó el acuerdo de París. Además, los países establecen metas con horizontes temporales diferentes y compromisos difíciles de comparar. ¿Es esta una debilidad del nuevo sistema?

    —Durante muchos años se trató de un sistema de abajo hacia arriba. El Protocolo de Kyoto (acuerdo previo que solo incluía algunos países desarrollados) trató de hacer eso, de establecer un mínimo de reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero de 5% y metas específicas para cada país que cada uno tenía que cumplir. Ese proceso de arriba hacia abajo generó muchísima resistencia.

    Con el acuerdo de París se dio vuelta la tortilla. Se dijo: debemos tener una dirección clara pero hagámoslo a partir de las circunstancias nacionales de cada uno. Una gran fortaleza es que cada país puede genuinamente ligar el tema de cambio climático a sus circunstancias nacionales. Así se puede tener una respuesta al contexto local. El gran desafío es que cada uno lo hace a su manera, a su ritmo, y mientras tanto... tic tac, tic tac, tic tactenemos un proceso global que está en marcha. Ese es el gran desafío, el desfase que pueda haber entre la velocidad y el conflicto de intereses que hay en los países y que sin una gran inercia, sin un impulso muy fuerte, esto empiece a resbalar y no cobre fuerza.

    —¿Existe un riesgo de que los compromisos se empantanen?

    —Sí. Hay un reconocimiento muy grande de parte de todos los que han participado del proceso de que ese es un gran riesgo. Por eso se intentó instaurar una arquitectura de reunirse en ciclos cada cinco años por un lado y por otro de adoptar el principio de no retroceso. No puede ser que pongas una meta el primer año y dentro de cinco años vayas para atrás. Nosotros como sociedad civil, el actor privado desde donde le compete, los gobiernos, todos tenemos que hacer la pregunta ¿cómo lo van a implementar? Hay que transparentar el proceso, hacer la pregunta y después el seguimiento, estar pendientes.

    —Hay países que han puesto en el papel metas ambiciosas y ahora están en aprietos para llenar esos vacíos.

    —En ciertos casos hay una situación bien de­sigual. México tenía un política nacional de cambio climático con metas, infraestructura, fortalezas y debilidades pero con una planificación. Otros países tenían desarrollos en ciertas cosas. Chile tenía dos planes sectoriales de adaptación pero no para toda la economía y lo expuso muy claramente. Lo tiene que subsanar de aquí a 2018. En ciertos casos, sin tener la información, los países atinaron a una meta y ahora tienen que instrumentalizar esto. Tienen que armar los planes, desarrollar las estrategias, los programas,pero a veces las cosas avanzan quizás a impulso y ante fechas límite en las que hay que cerrar. Ahora hay que avanzar. Hay una situación desigual pero la clave pasa por que haya un seguimiento, que cuando empiecen a tomarse otras decisiones de la economía digamos: ¿y cómo se condice esto con la contribución del país para cambio climático? ¿Es coherente o va en contrasentido? Empezar a conectar los pedazos.

    —Informes técnicos desde la sociedad civil hablan de brechas en las metas y también en el financiamiento necesario para cumplirlas. ¿Depende de la voluntad política?

    —La voluntad política tiene mucho que ver para el tema de cerrar la brecha. Los países tienen que transformarse y pasar a economías bajas en carbono y mejor preparadas para los embates del cambio climático, necesitamos nuevas tecnologías y el financiamiento es fundamental. No es simplemente caridad climática. También hay limitaciones reales de financiamiento. Europa tendría que poner más sobre la mesa pero está pasando por un periodo de recesión. Estados Unidos está saliendo y también tiene sus limitaciones políticas. La brecha sigue estando.

    —Para que el acuerdo de París entre en vigor, hay una carrera por la ratificación en medio de coyunturas de incertidumbre como el Brexit o las elecciones de Estados Unidos.

    —La carrera es por la ratificación rápida, esa es la coyuntura para este año. China, India, están trabajando haciendo su proceso interno y uno de coordinación. Los países se están comunicando (Estados Unidos, India y China son los tres mayores emisores). El reloj empezó a hacer tic tac a partir del 22 de abril y todo el mundo reconoce que sería muy bueno poder alcanzar esos 55 países con el 55% de las emisiones mundiales que hayan ratificado (para fin de año). Las circunstancias nacionales inciden, afectan negativamente. Este año estamos viendo impactos.

    —¿Como el del candidato a la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, contrario al acuerdo?

    —Definitivamente, uno de ellos es el mensaje que viene desde el candidato Trump. Ha dicho abiertamente que renegociaría el acuerdo climático en vez de dar un mensaje de respaldo. Si Estados Unidos lo ratifica y entra en vigor se le pone un candado al proceso, pero si el acuerdo no entra en vigor, ahí hay un riesgo. Sabiendo lo que ocurrió en Kyoto, nadie quiere que en esta nueva fase pos París eso se repita.

    —Porque pondría en duda todo el sistema que se votó en París.

    —Exacto y si sale el segundo emisor más grande del mundo no sería bueno para un proceso de gobernanza multilateral. Honestamente, Estados Unidos jugó un papel y está apostando a estar dentro del acuerdo, no fuera.

    —¿Qué rol pueden jugar las Organizaciones No Gubernamentales luego de la COP de París? Restan un gran número de decisiones por tomar, pero ¿cuánta injerencia pueden tener en ellas?

    —Luego de París queda absolutamente claro que estamos hablando de una corresponsabilidad. Como sociedad civil organizada tenemos capacidades técnicas e insumos técnicos para quienes toman decisiones. La sociedad civil a veces es un paraguas, hay Organizaciones No Gubernamentales y dentro se plantean muchas cosas. Su rol es generar conciencia y diseminar información, incrementar el conocimiento de la sociedad. La educación es fundamental para estos temas que a veces son tan etéreos, tan complicados.

    —A veces el tema cambio climático es visto como lejano.

    —Exacto, se ve lejano, absolutamente abstracto. ¿Qué relación tiene con mi vida? Por eso, si planteamos la pregunta ¿qué tipo de desarrollo queremos?, vemos cómo el cambio climático incide. Es desmitificar, desambientalizar el tema, no porque no tenga un componente ambiental, pero va mucho mas allá de lo ambiental.

    —Luego de París resta trabajo por hacer para implementar el acuerdo. ¿Cuáles son los puntos más relevantes?

    —Se dijo que va a haber un balance mundial cada cinco años. Se reunirán para decir cómo avanzaron en la implementación de sus metas y ver qué nuevas metas ponen sobre la mesa, qué nuevas contribuciones plantean para la siguiente etapa de trabajo. ¿Cómo se va a hacer? Los detalles todavía no han sido acordados.

    En nuestra calidad de observadores vamos a traer elementos a la mesa y después aterrizarlos en el contexto nacional. No quiere decir que todo se reciba con los brazos abiertos. Todos reconocemos que hay una gran fuerza del mercado. Simplemente a decir que el sector privado es una fuerza contraria... no. Tenemos un escenario bien complejo donde agentes de mercado no reconocen la importancia del cambio climático y hay otros que sí. Hay un trabajo ahí de incidir en el sector privado nuevamente con insumos técnicos y contribuir a lo que varios están haciendo, tener un rol más constructivo.

    Ciencia, Salud y Ambiente
    2016-07-14T00:00:00

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