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El lunes 7, después de una hora y media de debate político con posiciones firmes y con fundamentadas alusiones técnicas y jurídicas a favor y en contra de la cuestión medular que contienen distintos artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC) del gobierno, el senador frenteamplista Mario Bergara cerró su exposición final con una referencia futbolera. “El próximo 24 jugamos contra Perú y ese día todos somos celestes, pero el 27 de marzo en el referéndum, ahí no. Ahí queremos que la ciudadanía apoye mayoritariamente el voto rosado”. A su turno, el senador blanco Gustavo Penadés, le retrucó: “Coincidimos con el senador Bergara, el 24 vamos todos por la celeste, y el 27 vamos todos por la celeste también”. Una larga discusión entre dos senadores de la República que concluyó con el fútbol en el centro, con el penúltimo partido de las eliminatorias entre la selección uruguaya y la selección peruana. Un encuentro que puede significar el pasaje al Mundial de Catar del combinado celeste que ahora dirige técnicamente Diego Alonso tras 15 años de conducción de Óscar Washington Tabárez. Fútbol y política, todo mezclado.
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Porque el cierre de ambos senadores no fue antojadizo, no fue una alusión meramente cromática mencionada al pasar para congraciarse con el público futbolero. En ambos bandos de este referéndum, en los promotores de la derogación de los 135 artículos de la LUC y en los defensores de esa normativa impulsada por el gobierno, están comenzando a observar con atención, y hasta con preocupación o ansiedad, cómo puede incidir el humor popular en una elección “rara” en la que no se eligen candidatos, en la que campea la desinformación y que tiene a cerca de 30% de indecisos, de acuerdo con las últimas encuestas.
La proximidad de los dos eventos, con solo tres días de diferencia, puede ser determinante en el ánimo de la gente y en los resultados de las urnas. Es una lectura que la está haciendo el gobierno, un análisis que no escapa en el seguimiento diario del referéndum en la Torre Ejecutiva. Si gana la celeste, si la celeste va al Mundial, gana también la papeleta celeste por el NO, se animan a decir. Un dirigente frenteamplista comentó a Búsqueda que el 24 de marzo, el día del partido de fútbol, van a haber 2 millones de personas mirando una camiseta celeste y le resultó lógica la asociación cromática en las urnas en caso de una victoria en la cancha.
Desde el principio de esta carrera electoral el oficialismo jugó rápido sus cartas para quedarse asociado a ese color tan emblemático para los uruguayos. Durante la discusión con la oposición se dejó claro que las papeletas debían estar identificadas con colores, que no corrían las papeletas en blanco y negro. Fue el primer paso que dieron desde el gobierno. En una primera sesión para abordar el tema, el oficialismo llevó el asunto de los colores y la oposición el de la fecha de la votación. Ambas propuestas fueron apoyadas por el presidente de la Corte, José Arocena. Fue el quinto voto, el decisivo para las dos mociones.
Se descartaron los colores amarillo y verde, asociados al referéndum sobre la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado en 1989. Y se resolvió que los colores sean el celeste y el rosado. El celeste, el que quería el gobierno, fue para el No. Y el rosado, para el Sí.
José Garchitorena, uno de los ministros de la Corte, explicó en su momento que el organismo resolvió utilizar los mismos colores que en el último acto de referéndum en el país en 2003, cuando la papeleta por el Sí era rosada y la del No, celeste.
“En aras de no innovar y es algo difícil, porque los colores tienen que ser contrastantes entre sí, contrastantes con la letra negra de la papeleta y, a su vez, procurar que no tenga connotación. Y todos sabemos que, por uno u otro motivo, diversos colores que podríamos utilizar o bien son utilizados por partidos políticos o están identificados ya con otros actos electorales”, dijo entonces en declaraciones recogidas por Subrayado. Eso respondió cuando desde la oposición, acaso tardíamente, se levantaron voces de protesta por los colores asignados.
Cuando se supo que el color celeste fue para los defensores del No a la derogación, el secretario nacional del Deporte, Sebastián Bauzá, inmediatamente lo identificó con la camiseta de la selección uruguaya en un tuit cargado de polémica. Estaba fresca además la salida del exdirector de la selección uruguaya, Tabárez, de notoria filiación frenteamplista. En el medio del ruido por los colores y el cambio de signo político en la gobernanza del fútbol, en las redes sociales también cargaron tintas por esa destitución contra el presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), Ignacio Alonso, reconocido votante del Partido Nacional. Fútbol y política, todo mezclado.
“Una bobada bien pensada”
El intendente de Canelones, Yamandú Orsi, es uno de los dirigentes frenteamplistas que no le pudo restar importancia al tema de los colores, el fútbol, el humor popular y el efecto en las urnas. En su audición radial del 9 de febrero, abordó la situación. “A mí me preocupa esta inercia en la que hemos caído, donde incluso el único tema de prensa es ese, algunas chicanas raras que nunca se habían visto. Por ejemplo, el 24 de marzo ojalá estemos celebrando por la celeste, porque el 24 es la última fecha, tres días después ellos van con la celeste en la papeleta. Es una bobada el tema de los colores pero está todo muy bien pensado, todo muy bien pensado”, dijo.
Y agregó: “La gente se da cuenta. Porque a mí me ofende, de verdad me ofende, que pongamos a uno más celeste que otro cuando sabemos el valor simbólico que tiene la camiseta que estás sintiendo, que es casi un símbolo patriótico a esta altura”.