Nada mal. A pesar de Federico Luppi, que hace de militar retirado y afectado por el Alzheimer, y lo hace de un modo tan rústico como la manera en que los chivos se cuelan en algunos encuadres. Y el personaje da para mucho, con muy poco, pero aparentemente no hubo manera de decirle al actor argentino que el tema no iba por ahí. Nada mal, de todos modos, porque es la primera película del actor peruano Salvador del Solar y se mete, basándose en el relato La pasajera, con un asunto delicado y esquiva las posibilidades de golpes bajos. El hombre que le da título al filme es el chofer del coronel de Luppi. Además, hace changas como taxista. Un día se sube una pasajera, Celina (Magaly Solier), una chica indígena que él reconoce de inmediato, aunque ella, con los pensamientos en otra parte, no lo nota. O tal vez sí. Ya llegará, más adelante, por medio de una escena muy bien lograda —un corte de pelo y una afeitada—, el momento. En el pasado, Magallanes perteneció al Ejército que combatió a Sendero Luminoso bajo las órdenes del ahora aparentemente desmemoriado coronel. El pasado viaja en el asiento de atrás y la culpa come a Magallanes por dentro. Es que en aquella época de combate a Sendero Luminoso, Celina, casi una niña, se convirtió en esclava sexual del coronel. Magallanes sabe que Celina atraviesa dificultades económicas y quiere ayudarla. Sí, está todo cantado para el melodrama penoso sobre la memoria, los abusos y la culpa. Por fortuna, Del Solar emplea con buen pulso la materia de la que dispone, cuenta con dos protagonistas que creen en lo que hacen, y sabe tensar los hilos y cómo llevar esa tensión a una escala mayor, ejecutando un thriller amargo, un policial potente, quizás sobremusicalizado y con un final un poco tribunero. Aunque, quizás, no podía ser de otro modo.
