Hay una historia de Montevideo narrada en blanco y negro que se conserva en un inmenso archivo fotográfico custodiado y preservado por el Centro de Fotografía (CDF).
Hay una historia de Montevideo narrada en blanco y negro que se conserva en un inmenso archivo fotográfico custodiado y preservado por el Centro de Fotografía (CDF).
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDesde hace dos años y gracias a un cambio en su estatuto legal, unas 4.000 fotos históricas están disponibles en línea con libre acceso para la población en su página web. Una muestra representativa de esas fotografías se exhibe en El archivo liberado, exposición instalada en los cuatro pisos del CDF (18 de Julio 885) y que se recorre con una creciente curiosidad y entusiasmo a medida que se suceden las imágenes de una Montevideo joven y, en general, desconocida.
Además de estas fotos históricas, el archivo documental del CDF tiene unas 30.000 imágenes que fueron producidas por los fotógrafos de la Intendencia de Montevideo (IM) desde 1910, para hacer relevamientos para promover la ciudad como destino turístico y festivo. Pero hay que detenerse en el año 1916, porque allí ingresaron a la planilla oficial de la IM los fotógrafos Isidoro Damonte y Carlos Ángel Carmona. Ellos continuaron con el registro de la ciudad y así comenzó a crearse un acervo fotográfico que fue el inicio de lo que hoy es el CDF.
En las décadas del 20 y el 30, cuando Montevideo comenzó a transformarse en lo urbanístico y arquitectónico, los fotógrafos fueron ampliando su registro y allí comienza el corpus de las series históricas que permanece en la IM. El CDF se creó hace 20 años y su primera tarea fue trabajar en esa colección en un proyecto de conservación, documentación, digitalización y puesta en acceso.
“Lo que motiva esta exposición es que en febrero del 2020 hicimos la presentación de la puesta en dominio público de esta colección. De esta forma, cualquier persona desde cualquier parte del mundo puede acceder y apropiarse de esas imágenes para cualquier uso. Nos había quedado pendiente materializar el trabajo en esta exposición, que después de muchas ideas y vueltas llamamos El archivo liberado para mencionar su nueva condición”, explicó Gabriel García, coordinador de Gestión de Archivos. Con él y con Daniel Sosa, director del CDF, Búsqueda hizo una recorrida por la exposición que incluye no solo la exhibición de las fotos antiguas, sino de los procesos de preservación y documentación, además de una mirada hacia los inicios del registro en imágenes.
En el inicio de la exposición una inmensa foto ampliada muestra la ciudad desde el Palacio Salvo. El equipo del CDF ensambló con medios digitales las cinco imágenes antiguas y las amplió. “Los fotógrafos hicieron muchas placas hasta lograr una nitidez increíble en los detalles. Su visión de futuro cada día nos sorprende más, pasamos de tener una mirada paternalista de nuestra parte, de pensar que eso se daba por casualidad, a entender que ya estaban pensando en crear imágenes para el futuro”, explica Sosa.
El nivel de detalles de la foto es asombroso. No solo se ven edificios emblemáticos como el Teatro Solís, sino las mesas del café Tupi Nambá, la gente que camina por las calles, el viejo mercado y las cachilas, muchas cachilas. “Claramente, por la hechura de estas imágenes los fotógrafos ya estaban pensando en una panorámica, los horizontes están casi a la misma altura. No nos consta si ellos la llegaron a ver de esta manera, pero la escala nos permite ver la calidad técnica que tenían ellos y los procesos que empleaban. Todos los días vemos algo nuevo en esta foto”, agrega García.
Frente a esta enorme imagen hay otra curiosidad: una aerofoto del año 1926, que es la primera registrada en Montevideo. La hizo una empresa argentina con los parámetros de la cartografía. Ahora a través de mirillas colocadas en determinados puntos del plano se pueden ver fotos que tienen que ver con ese lugar, a modo de pequeñas ventanas hacia la historia.
Palacio Salvo, durante su construcción en 1925
En otro piso se muestra el trabajo del archivo por dentro. En un triángulo se simboliza el modelo conceptual de Fernando Osorio, maestro de la conservación fotográfica mexicano, que sigue el CDF para desarrollar sus tareas. En el triángulo las dos grandes patas son el control físico (la conservación) y el control intelectual (que tiene que ver con la actividad archivística, cómo se describen y contextualizan las fotos). En la parte superior figura la palabra acceso, el objetivo final de todo el proceso.
Una curiosidad de los retratos más antiguos es la seriedad de los rostros y las poses rígidas de los protagonistas, como si quisieran pasar a la historia con un gesto solemne. Pero la explicación es otra. “Se debe velocidad de las cámaras. La capacidad de captar la luz era diferente, los retratados tenían que estar quietos y la sonrisa no duraba tanto, por eso los niños eran poco fotografiados porque no aguantaban”, dice Sosa. “En los daguerrotipos usaban dispositivos que quedaban ocultos en la imagen para que la persona apoyara la espalda o la cabeza”.
Hacia 1800, con la técnica de las placas secas de gelatina y placas sobre vidrio, que es el material principal de esta serie de fotos históricas, empezó un proceso industrial en las cámaras y se acortan los tiempos de exposición, que pasan de unos minutos a fracciones de segundos. “A partir de los investigadores, se sabe que en las publicidades los fotógrafos decían: ‘Podemos fotografiar hasta niños’, como algo excepcional”, comenta García.
Esta muestra también incluye el proceso interno que siguieron los siete integrantes del equipo, de diferentes áreas, para llegar a concretarla. Qué significa el archivo, cómo se preserva y para qué, cómo debe ser el acceso son algunas de esas preguntas. “No todo tiene sentido que se archive”, dice el director del CDF. “Qué puede archivarse y cómo es parte de la discusión. En la reacción de la gente vemos la importancia que tienen los archivos. Todas las imágenes a las que dimos acceso han tenido muy buena aceptación y reacciones muy distintas, desde investigadores a niños o personas que casualmente se encuentran con él. Lo que hacemos cobra entonces más sentido y empieza a multiplicarse”.
Si bien las fotografías sufren un deterioro físico, la tecnología también tiene sus riesgos. “Por supuesto que da muchos beneficios. La tecnología es más accesible y más rápida, por ejemplo, pero por otro lado es más inestable y más frágil. Los dispositivos guardan todo en una nube en servidores de algún lugar del mundo que no se sabe dónde están. Nosotros guardamos en un formato TIF que tiene un estándar internacional de calidad, y se sabe que con el tiempo alguien podrá leerlo, pero sé también lo inestable de la tecnología. En el futuro sabemos que quienes vengan después van a poder digitalizar mejor de lo que lo estamos haciendo nosotros porque la tecnología continúa avanzando”, agrega Sosa.
Esquina de la Avenida 18 de Julio y la calle Río Negro, un día de 1945
En el subsuelo se trabaja en la digitalización y conservación. En el momento en que llega Búsqueda, Jorge está cubriendo una lámina de vidrio con un sobre de cuatro solapas libre de ácido. Su computadora muestra un mapa del deterioro de esa imagen. En otra mesa, Sandra se ocupa de hacer una guarda y explica que cuando las placas están rotas se debe hacer un soporte para poder mantenerla mejor. “Es como entablillarla. Le da un poco más de seguridad”, dice. El quiebre de la placa de vidrio es uno de los deterioros más frecuentes de las imágenes.
En esa zona, las condiciones son diferentes a las del resto del edificio, no hay luz natural, pero sí una luz especial para los monitores. Además, la temperatura y la humedad están controladas, sobre todo dentro de la cámara que guarda las fotografías en un mobiliario especial que es nuevo. Como las placas de vidrio pesan mucho, se fortificó el piso de esa cámara y se instalaron armarios que permiten almacenar más piezas.
“Lo que hemos venido haciendo con un trabajo interdisciplinario es que los originales duren la mayor cantidad de años posible en las mejores condiciones. La preservación es una lucha contra el tiempo. Ya sabemos que vamos a perder y que va a ganar el tiempo, pero lo que hacemos es tratar de que esa ventana de tiempo sea lo más grande posible”, explica García.
En otro de los pisos, el trabajo de tres artistas le da un toque diferente a la exposición. Fernando Foglino (artista visual), Cecilia Ríos (escritora) y Agustina Rodríguez (artista visual) fueron invitados para que libremente se inspiraran en fotografías y presentaran sus propias creaciones. Ríos escribió relatos, Rodríguez trabajó con los ciclos de reproducción de la placa de vidrio hasta que la imagen se fue perdiendo y Foglino trabajó con la fotografía de una Venus instalada en el Prado que reprodujo y cuya historia merece conocerse.
La construcción de la rambla de Montevideo, los viejos ómnibus de Cutcsa, el Carnaval, la búsqueda del tesoro de las hermanas Massilotti, una piscina en la playa Ramírez. El archivo histórico tiene sorpresas de todo tipo.
Damonte y Carmona, aquellos primeros fotógrafos de la IM, hicieron reproducciones de las fotos que los precedieron. De 1860 en adelante el CDF tiene reproducciones de fotos y también una política de donaciones. “Así hemos recibido miles de imágenes, pasamos de 30.000 producidas originalmente por la IM a unas 120.000 imágenes históricas, producto de esa política de donaciones”, cuenta el director. Así llegó el archivo del diario El Popular, que en estos días fue noticia al donar al CDF 59 nuevas latas encontradas que se habían escondido en el Palacio Lapido durante la dictadura.
El edificio que alberga el CDF fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2017 por la Comisión de Patrimonio. Vale la pena visitarlo literalmente de arriba a abajo. Tiene una azotea verde preciosa y una vista de 18 de Julio inusual. Y siempre es grato regresar a aquella joven Montevideo que muestran sus imágenes.