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    La ciudad vibracionista

    En la primera década del siglo XX, las capitales europeas eran el centro de las vanguardias, de los “ismos” y de sus manifiestos artísticos. Hacia ese lugar donde todo estaba ocurriendo, se dirigió en 1913 Rafael Barradas (Montevideo, 1890-1929) con su herencia española, su trayectoria de joven ilustrador y caricaturista y con sus acuarelas y pinturas planistas. En su travesía pasó por Milán, conoció un movimiento llamado futurismo, pasó por París y se empapó de cubismo, y después llegó a Barcelona y a Madrid. Instalado en España, se vinculó con Joaquín Torres García y asistió a tertulias con otros artistas, poetas, críticos y músicos. En 1917, con los estímulos de los ismos, Barradas creó su propia corriente estética: el vibracionismo.

    Es justamente ese período en la obra del artista, entre 1913 y 1923, el que abarcará Hombre flecha, una muestra que se instalará en setiembre en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) como parte de la celebración por su 20° aniversario. La exposición, integrada por más de 130 piezas entre óleos, acuarelas, obras sobre papel, piezas sonoras y documentos, está organizada por el Malba y el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) de Uruguay, con curaduría de su director, Enrique Aguerre.

    “En febrero me llamaron del Malba y me propusieron hacer una exposición curatorial con un artista uruguayo. Habían elegido a Barradas y me pareció un honor, también que hubieran elegido al MNAV. El Malba es uno de los grandes museos de América Latina y una notable caja de resonancia internacional”, contó Aguerre a Búsqueda. La muestra tendrá obras del MNAV y del Museo Torres García, además de las que pertenecen al Malba, al Museo Nacional de Bellas Artes argentino y a coleccionistas privados de ambos países.

    “Barradas fue un artista descubierto tardíamente. Después de la muestra antológica que se hizo acá en 1972, comenzó a cobrar la dimensión que hoy tiene. En España tuvo una muy buena aceptación a través del Museo Reina Sofía, que posee una colección importante. Hay Barradas en la Fundación Malba y en la Fundación Constantini, y unas piezas fantásticas en la colección María Luisa Bemberg del Museo Nacional de Bellas Artes. Pero los buenos Barradas los tenemos acá”, explicó el director.

    El MNAV posee más de 500 obras de Barradas, y parte de esta colección se expuso en dos muestras antológicas que fueron exitosas. Una fue en 1972, y la otra en 2013, la primera gran exposición bajo la dirección de Aguerre. En esa oportunidad, se exhibieron más de 200 de sus obras.

    Barradas tuvo una vida breve e intensa. Cuando nació en Montevideo en 1890, sus padres, inmigrantes españoles, ya habían tenido a su hija Carmen, y luego tendrían un segundo hijo varón, Antonio, que también sería artista. El padre era decorador y pintor de frisos ornamentales, y tal vez por su influencia, Barradas dibujaba mucho de niño. Hacia 1908 ya había comenzado a pintar y, de allí en más, fue prácticamente autodidacta.

    En noviembre de 1928, regresó a Montevideo desde Barcelona, ya enfermo de tuberculosis, y murió unos meses después. “Ni siquiera pudo ir al homenaje que se le hizo en el Teatro Solís y que tuvo como orador a Emilio Frugoni y como pianista a Felisberto Hernández”, recordó Aguerre. A partir de su muerte, el grueso de su obra quedó en manos de la familia, que la mantuvo hasta 1969, año en el que la donó al Ministerio de Educación y Cultura, y de allí pasó al MNAV. “Curiosamente en vida, nunca había tenido una muestra individual en Argentina”, explicó Aguerre.

    Para entender el vibracionismo, hay que detenerse en un movimiento llamado futurismo, y en el nombre de su fundador: Filippo Marinetti. “Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una nueva belleza, la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo… un automóvil rugiente, que parece correr sobre la ráfaga, es más bello que la Victoria de Samotracia”, dice el cuarto punto del Manifiesto futurista que publicó Marinetti en 1909. El tipo estaba fascinado por el movimiento, por las máquinas y también por las masas con banderas que peligrosamente lo fueron acercando al fascismo. Pero en ese incipiente movimiento de vanguardia, la belleza estaba en el humo de las fábricas y en el “vibrante fervor nocturno de las minas y de las canteras, incendiados por violentas lunas eléctricas”. Y lo vibrante fue algo que atrajo a Barradas.

    “Hasta ahora hubo dos tipos de exposiciones de Barradas. La antológica, que abarcaba el período de 1910 a 1928, con los últimos años de Barradas que incluyen sus obras místicas y los Estampones montevideanos. Las otras exposiciones han sido en diálogo con las vanguardias españolas literarias, sobre todo con el ultraísmo, o en diálogo con Torres García, que fue muy significativo. Para esta exposición elegí poner foco en su llegada a Europa y en su contacto con el futurismo italiano y con el cubismo en París. También con los movimientos de vanguardia literaria, un vínculo que se dio a través de algunos escritores como Gómez de la Serna y García Lorca”. Para el director del museo, el vibracionismo de Barradas no fue una emulación de otros movimientos, sino que se nutrió de ellos.

    “Rápidamente Barradas se dio cuenta de que había una forma de registrar y de estar a la altura de la ciudad moderna, con sus multitudes y con la sinestesia del color de los neones y el sonido de la calle. Los primeros cafés que él pintó tienen manchas impresionistas que se van convirtiendo en campos de color geometrizados, pero nunca llegan a la abstracción total. Él tempranamente decodificó las fórmulas más cercanas a los manifiestos, pero con una impronta personal”.

    Así, Barradas incorporó a sus paisajes urbanos no solo los sonidos y las luces, sino elementos de la publicidad. “En ese momento su obra ya mostraba signos del pop art, un movimiento que llegaría recién en los 50-60. Fue Barradas quien le dio a Torres García, a quien conoció en 1917, las buenas nuevas sobre las vanguardias. Si ves cómo Torres representaba la ciudad, verás que es bastante más tradicional que Barradas”. Aguerre considera que lo admirable del vibracionismo no está en lo imitativo de los ismos, sino en lo que toma de cada uno.

    Pablo Picasso y Salvador Dalí fueron otros artistas “en diálogo” con Barradas. Para Aguerre, es indudable que el Autorretrato con L’ Humanité, en la Fundación Gala-Dalí, y el Autorretrato cubista en el Reina Sofía son claras influencias del vibracionismo en Dalí.

    Después de su estadía en París, el artista volvió a Barcelona a fines de 1914, en época de la Gran Guerra. “En ese momento quiso ir caminando hacia Madrid. Hubo algo místico en esa decisión. La leyenda dice que cayó rendido cerca de Zaragoza, que lo recogió una familia de campesinos y que allí conoció a Simona Lainez y Saz, más conocida como Pilar, con quien se casó en 1915. Fue el amor de su vida y le hizo varios retratos que tenemos en el museo”.

    Un núcleo fuerte de la exposición en el Malba será la relación Barradas-Torres García, incluso habrá seis obras de Torres. Los unió un vínculo personal y también por correspondencia. La ciudad estaba presente en esas conversaciones e intercambios epistolares. El propio título de la exhibición, Hombre flecha, surge de una carta de Barradas a Torres-García, fechada el 7 de abril de 1926, en la que reflexiona sobre los procesos creativos de ambos y hace referencia a Pedro Figari: “Pasa, con Figari, lo que pasa con nuestras cosas. Pasa lo único que tiene que pasar. Es hombre camino, como nosotros. Hombre flecha, flecha que va a un blanco. Aunque no se dé en el blanco, ya es importante —tal vez lo único— tener blanco. Una flecha sin blanco no es flecha; es el caso de muchos hombres”.

    Aguerre con el equipo del Malba encontraron que en esta carta podía estar el título de la muestra. “Pensamos primero en ‘Hombre camino’, pero es más apropiado para Torres, por su idea sobre el arte y la estética. Torres es un camino. Sin embargo ‘flecha’ me sonaba a algo más fugaz e intenso. Una vez que surgió, todos estuvimos de acuerdo en que ese era el título”.

    La Catalana (tren de caballos), 1918, Colección MNAV.

    El otro núcleo importante en Hombre flecha estará relacionado con Carmen Barradas, hermana del pintor, compositora y pianista, que hacía música de vanguardia, que por sus composiciones inusuales y su condición de mujer quedó al margen. “El nombre de sus composiciones ya marcaban sus influencias: Fabricación, Aserradero, Fundición. Sigue siendo muy vanguardista usar el concepto de ruido como elemento musical. Sus partituras están presentadas en clave vibracionista. Accedimos a los estudios de Néffer Kröger, artista y musicóloga muy amiga de Carmen, quien salvaguardó su obra”. En la exposición habrá un ida y vuelta entre Rafael y Carmen, y un vínculo entre pintura, música y sonido.

    En Buenos Aires los museos reabrirán este viernes 18. La muestra de Barradas se inaugura el 21 de setiembre y continuará hasta febrero de 2022. Si la pandemia da tregua, en primavera, el Hombre flecha atravesará el río.

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