Con una extensión de 670 kilómetros, la zona costera uruguaya ha tenido un protagonismo sustancial en el desarrollo nacional. Hoy, departamentos costeros como Colonia, San José, Montevideo, Canelones, Maldonado y Rocha concentran el 70% del total de la población del país y ofrecen sus playas como uno de los principales atractivos turísticos.
Durante el ciclo de conferencias Cambio climático ¿qué es y cómo impacta en Uruguay?, organizado en setiembre, la consultora de la División Cambio Climático del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medioambiente, y coordinadora del Plan Nacional de Adaptación para la zona costera (NAP-Costas), Mónica Gómez, explicó que actualmente los principales problemas generados por el cambio climático en la zona costera uruguaya se vinculan con el potencial ascenso del nivel medio del mar, así como a posibles cambios en la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos, como temporales e inundaciones.
Otras de las consecuencias constatadas, agregó, es el incremento de los niveles de inundaciones relacionadas con lluvias y la aceleración de la erosión costera.
Es por eso que el NAP-Costas, junto con la Universidad de la República y la Universidad de Cantabria (España), realizó un estudio de vulnerabilidad y riesgos en los seis departamentos costeros, con el fin de analizar las consecuencias que implicarán los efectos del cambio climático en el futuro si no se toman las medidas necesarias.
Según lo expuesto en la conferencia, la superficie de costa inundada actualmente varía entre 7.000 y 12.000 hectáreas, pero se prevé que a fin de siglo se incremente 43%. Para el horizonte del año 2100, además, el número de personas potencialmente afectadas se incrementará 300%. Por otro lado, se determinó que las residencias son los activos que mayor daño podrían sufrir ante una inundación y que el tramo de la costa de Maldonado sería la más afectada. En la costa de Montevideo, en tanto, “los daños se incrementan en un 600% para el horizonte 2100”, sostiene el estudio.
En cuanto al riesgo que enfrentan los ecosistemas frente a la inundación, el análisis plantea que hoy hay más de 500 hectáreas afectadas y consideradas vulnerables, algo que se incrementará 17% en 2050 y 40% en 2100, sobre todo en Colonia, San José y Maldonado.
Por último, el estudio indica que debido a la erosión costera se han perdido entre 1.400 y 2.000 hectáreas, y se prevé que para 2050 estos valores se incrementen 3%. Hoy la mayor erosión se produce en la costa de Rocha, con 700 hectáreas perdidas.
Política de Estado.
El oceanógrafo Omar Defeo, docente grado 5 del Instituto de Biología de la Facultad de Ciencias, dijo a Búsqueda que el cambio climático “es un hecho irrebatible” que ha causado un aumento sistemático de la temperatura del agua de mar desde hace varias décadas debido al cambio en los patrones de viento. En el caso de Uruguay hay además una “mayor intensidad y frecuencia de los vientos hacia la costa”, lo que produce un incremento del nivel del mar, indicó.
“Tenemos un fenómeno multicausal que está afectando la zona costera y que genera a su vez un incremento en los procesos de erosión”, explicó. Es que cuando se eliminan las dunas, no hay barrera que pueda contrarrestar el efecto de los eventos meteorológicos extremos. Además, Uruguay está ubicado en una zona especialmente vulnerable y ha sido catalogado como “hot spot” (“foco caliente”) junto con el sur de Brasil y el norte de la costa argentina, dado que se está calentando a tasas superiores al promedio mundial, dijo Defeo.
“Esto magnifica todos los fenómenos a nivel regional. El cambio climático aunado a la intervención humana poco planificada, como el endurecimiento de la costa a través de la construcción de carreteras o casas, genera un angostamiento costero. Eso, combinado con el incremento del nivel del mar, de los vientos hacia la costa que producen fuertes oleajes, aumenta las probabilidades de que haya procesos de erosión y desaparición de playas”, explicó Defeo. Y agregó: “En la medida que haya efectos acumulados de intervención humana y del clima, la perspectiva es que la situación empeore. Si seguimos usando la costa sin atender a la ciencia, va a haber un problema cada vez mayor”.
Para Defeo, el foco climático implica además eventos extremos como tormentas y olas de calor, y aseguró que las predicciones para Uruguay y otras partes del mundo respecto al cambio climático indican que estos fenómenos se incrementarán con el correr del tiempo.
“La medida correctiva más eficiente sería retrasar la zona de construcción de la costa para no afectar la zona dunar, de manera que puedan contrarrestar los eventos extremos negativos en la playa”, evaluó el oceanógrafo. En caso de no ser posible, se debería desarrollar sistemas de reconstrucción de dunas y de protección de la playa, con el fin de “no seguir agrediendo a la costa construyendo en lugares que no son indicados a tales efectos”.
“Esa concientización tiene que ir en la sociedad, en el sistema político y en las intendencias, que deben tratar de minimizar ese efecto a corto, mediando y largo plazo, generar políticas de Estado que tiendan a mitigar esos efectos negativos”, sostuvo.
Gómez coincidió con este punto y dijo que si además de no tener médanos consolidados, “hay una costa que está siendo intervenida porque la gente quiere tener las casas cada vez más cerca de la playa”, el ecosistema se degradará más rápido. “La urbanización tiene consecuencias. Rocha y Maldonado siempre tienen temporales fuertes, muchos asociados a eventos extratropicales, algo que antes no sucedía”, dijo la especialista.
Para Defeo, no es suficiente lo que Uruguay hace hoy y dijo que se debería impulsar una política de Estado con respecto al cambio climático que incluya planes de corto y largo plazo para “mitigar los efectos negativos o para adaptarse a las condiciones cambiantes”.
El arquitecto Gustavo Olveyra, magíster en Manejo Costero Integrado y consultor del proyecto NAP-Ciudades, dijo a Búsqueda que actualmente “toda la costa está en problemas frente al cambio climático”, aunque aseguró que Uruguay trabaja en este tema desde la ratificación de la convención marco de las Naciones Unidas en cambio climático, y que incluso en poco tiempo estarán terminados los lineamientos elaborados en el proyecto NAP-Costas.
“No es la primera vez que se formulan medidas de adaptación. En algunas zonas se busca recuperar dunas, la vegetación de la arena, cuidar los barrancos, evitar la intervención humana en zonas de playa con construcciones donde se interrumpen los procesos naturales. Eso contribuye a tener ecosistemas más saludables que regulan la energía del oleaje y el avance de las tormentas sobre los poblados costeros”, explicó.
Consultado respecto a la proliferación de construcciones en las dunas de las ciudades costeras, Olveyra dijo que ya existe un marco normativo departamental y nacional, pero reconoció que en la mitad del siglo XX “la costa quedó convertida en un fraccionamiento casi continuo, por lo menos en el este y en Colonia”.
Por otro lado, el arquitecto se refirió al efecto que ha tenido el cambio climático en las ciudades, siendo las principales consecuencias las inundaciones, tanto fluviales, por problemas de drenaje o debido a marejadas vinculadas al aumento del nivel del mar. También se detectó un aumento en la frecuencia e intensidad de tormentas y vientos. “Las inundaciones son patentes en ciudades como Durazno, Salto, Paysandú y en algunas zonas de Montevideo, y eso se está agravando. En relación con las marejadas, puede verse en Aguas Dulces o Piriápolis, y en La Floresta su barranco erosionado muestra el trabajo permanente del mar”, indicó. Olveyra también se refirió a la “isla de calor urbana”, un fenómeno producido en las ciudades por la acumulación de calor con muchas construcciones y poco verde o poca circulación de viento.
Ciencia, Salud y Ambiente
2020-10-07T21:44:00
2020-10-07T21:44:00