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    La emergencia creada por la pandemia acelera la transformación de un sistema educativo “injusto”, según el presidente de ANEP

    Si bien considera “atendible” la preocupación por el reinicio de las clases en las escuelas rurales, Robert Silva plantea extender la medida a otros centros sin contagios, al tiempo que niega que 2020 sea un “año perdido” para los estudiantes

    Sumido en la sensación de irrealidad que envuelve al mundo, el profesor Robert Silva cree que la emergencia provocada por el coronavirus ha puesto a prueba a todo el sistema educativo. Lo primero que dice el flamante presidente del Consejo Directivo Central (Codicen) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) es que solo hay un camino hacia adelante: responder en todos los frentes abiertos por el Covid-19 para mantener activa a “la empresa más grande del Uruguay”, que emplea a 73.000 funcionarios para atender a 700.000 alumnos en 2.780 centros educativos, con un presupuesto anual de US$ 1.750 millones.

    Hay días en que la operación parece controlada y la vuelta a las clases presenciales se ve un poco más cerca, cuenta Silva, empleado a fondo en esa tarea con un Codicen “de emergencia”, junto con otros tres consejeros —Margarita Luaces, Óscar Pedroso y Juan Pérez—, y los 14 representantes de los consejos, todos provenientes de la pasada administración del Frente Amplio.

    Abogado de profesión, colorado —“por tradición y más tarde por convicción”—, católico, padre de Bruno y Agustina —que envía al colegio privado Elbio Fernández—, Silva asumió el 19 de marzo como titular del máximo órgano autónomo de la dirección educativa, tras 24 años de docencia y cuatro como consejero del Codicen, electo por sus colegas.

    Hoy afirma sin ambages que 2020 “no será un año perdido” para la educación. La ANEP evalúa extender el período de clases de bachillerato a diciembre y acaso comenzarlas en febrero de 2021. Por ahora, no decidió si suspender o no las vacaciones de julio.

    Más allá de la coyuntura, Silva destaca la masiva aceptación de la tecnología en la educación a través de las pantallas, algo que igual pretendía extender si las cosas no se hubieran torcido de manera tan poco predecible al arrancar el año lectivo.

    —Asumió hace casi un mes en un acto atípico —transmitido por streaming—, prometiendo una nueva política nacional docente y un cambio en los formatos educativos. ¿Qué proyecta hacer ahora, ni bien pase la emergencia?

    —Sueño con reducir al mínimo —por no decir eliminar— la injusticia educativa que tenemos en el Uruguay. Una sociedad justiciera como la nuestra no puede permitir lo que está pasando con el sistema educativo. Hay que poner el foco en que ningún niño quede atrás, con efectivas condiciones de aprendizaje y culminación de los ciclos educativos. Para eso hay cambiar los formatos estructurales de la educación, porque, por ejemplo, tenemos un liceo que es de la década del cuarenta. Debemos cambiar el qué se enseña, aquellos programas anquilosados, y también el para qué.

    En esta administración tampoco quiero que se confunda flexibilidad con facilismo en la gestión, y eso pasa por lo que se dice vulgarmente “la autonomía” de los centros educativos, fortalecer equipos de dirección, la permanencia de los docentes en los centros, la participación estudiantil y el cambio en el régimen de evaluación. Todo eso ha sido tristemente abandonado en los últimos tiempos.

    —El viernes 3 dijo por videoconferencia ante el Parlamento: “Es un secreto a voces que una enorme mayoría estamos de acuerdo en que hay que cambiar el régimen de evaluación y de pasaje de grado”. ¿Apunta a eliminar la repetición como está concebida?

    -Sí. No puede seguir existiendo tal cual está. La repetición está arraigada en las mejores tradiciones del Uruguay y está concebida socialmente como algo que favorece el aprendizaje, cuando toda la evidencia demuestra que es exactamente al revés: no funciona como instrumento pedagógico, quien repite es a quien peor le va en su trayectoria educativa. Somos el cuarto país con mayor uso de la repetición como sistema de evaluación de los medidos por PISA, y los resultados son catastróficos en cuanto a los logros.

    —¿Y qué propone?

    —Avanzar hacia la promoción por ciclos, a una evaluación por tramos, con mecanismos que atiendan las situaciones de alumnos que presenten dificultades y con cambios en el régimen de tutorías, que no sean solo académicas, sino también de acompañamiento de los estudiantes, sobre todo de los de educación media que no encuentran un sentido a su vida por falta de herramientas, partiendo de que todos pueden aprender.

    —“El mayor problema del Codicen es la falta de liderazgo”, dijo tiempo atrás a Búsqueda, y citó a Germán Rama, líder de una reforma muy resistida en los noventa. ¿Qué rescata de aquella experiencia para aplicar hoy?

    —No tengo duda de que debe existir un ejercicio de la autoridad y que se debe fortalecer la institucionalidad. Para eso hay que tener carácter, formación, trayectoria, conocer el sistema y un compromiso con un proyecto educativo de cambio. Liderazgo detrás de un plan educativo común que establezca objetivos, camine y rinda cuentas. Llegó el momento de tomar decisiones.

    Robert Silva

    —¿Qué responde a quienes señalan que el gobierno busca centralizar las competencias en el Ministerio de Educación (MEC) y que eso amenaza “la autonomía” de otras entidades educativas?

    —El Ministerio de Educación tiene que llevar adelante un liderazgo, por ser el responsable de la política nacional en materia educativa. Con el ministro (Pablo da Silveira) tenemos particularidades distintas, venimos de lugares diferentes, con otras trayectorias. Pero tenemos en común una profunda vocación de compromiso y de trabajo por la educación. Francamente, creo que nos vamos a complementar muy bien entre todos.

    —Desde la oposición y los sindicatos sostienen que el proyecto de ley de urgente consideración (LUC) encubre “un traje a medida” del gobierno de la educación. ¿Qué dice de eso?

    —Ese discurso no está probado en la realidad. Incluso en el nuevo proyecto muchas sugerencias fueron atendidas y tomadas, por ejemplo, en cuanto al plan nacional de educación. El plan lo tiene que diseñar el Ministerio, porque es el que ve todo el bosque. Así que no hay ningún problema ahí.

    —En entrevista con la diaria, usted negó que la LUC habilite la privatización de la enseñanza. Pero los gremios docentes insisten en que abre puertas a la mercantilización educativa...

    —¡Por favor! ¡Eso es un disparate! Yo soy producto de la educación pública y su primer defensor. He trabajado siempre por la educación pública y la potenciaré. Ahora, esos mismos que hablan de mercantilización y privatización de la educación fueron los que defendieron esa falacia durante la reforma de Rama. ¿Y acaso hubo una reforma que potenciara más la educación pública que la de Rama? ¡No! Los discursos de otrora pueden volver, pero no son verdaderos.

    —Lo cierto es que el año escolar comenzó con un paro en Secundaria contra la LUC. ¿Qué tipo de relación espera tener con los sindicatos?

    —Con la enorme cantidad de los dirigentes gremiales tengo un buen vínculo. Me conocen, saben cómo trabajo, cuál es mi estilo. Saben que soy frontal, que las cosas las digo de frente, que soy honesto y ético. Vamos a tener algunas diferencias pero, como personas civilizadas y profesionales, trabajaremos por el bien común, que es tener una educación de calidad para todos.

    —¿Teme que este parate de las clases extendido haga de 2020 un año escolar perdido?

    —De ninguna manera. No será un año perdido para la educación, por el contrario. Sí será un año atípico, afectado por una situación anómala que nos impacta fuertemente pero que también generará oportunidades, como el uso masivo de las plataformas educativas.

    —¿Pero cuál es la prioridad de la ANEP?

    —Asegurar que la mayoría de los estudiantes sigan vinculados al sistema educativo. El objetivo central es que, cuando se retomen todos los cursos, ni un solo alumno que comenzó sus estudios en marzo quede fuera del sistema o no se reintegre.

    —¿Qué responde a quienes piden que se revea la medida de retomar las clases en escuelas rurales ante el riesgo sanitario?

    —Los planteamientos nos parecen razonables y atendibles. Acá se trata de dar las máximas garantías, porque lo que está en juego es la salud de la gente. Pero nosotros estamos supeditados a lo que nos dice el Sinae (Sistema Nacional de Emergencia), y si el Sinae dice adelante... es adelante. Esto lo decidió el Sinae con el presidente de la República, y nosotros apoyamos esta vuelta paulatina a clase. Yo convoqué a los consejeros de primaria y propusimos empezar las clases también en otras escuelas no rurales donde no hubiera Covid-19.

    —¿No cree que esta decisión contradice el “quedate en casa” que pregona el gobierno?

    —La medida se tomó el 8 de abril, las circunstancias han ido cambiando y el lunes 13 ya retomó la actividad la construcción. Habrá que ver lo que impone la autoridad sanitaria. Son medidas que el gobierno va adoptando y nosotros somos un sector supeditado a lo que nos establezcan.

    —¿Qué pasará con las próximas vacaciones?

    —No hemos pensado suspender las vacaciones de julio ni de setiembre. Pero es claro que tendremos que recuperar tiempo pedagógico.

    —¿Se extenderá el período de clases?

    —Es una alternativa para bachillerato. Pero también hay que estudiar el período de exámenes. Primaria va a hasta mediados de diciembre, o sea que no hay mucho margen para extender los clases por ahí. Y habrá que ver el comienzo de clases de 2021.

    Robert Silva

    —El sistema tiene un componente esencialmente presencial, ¿hasta qué punto la suspensión abrupta de clases lo desafía con la modalidad remota?

    —Esa es una gran oportunidad. Tenemos un sistema tecnológico instalado que no estaba siendo usado en toda su medida y allí emerge un aliado importante como el Plan Ceibal. Desde el 15 de marzo al 11 de abril ingresaron más de 575.000 usuarios a la plataforma CREA. Eso demuestra que muchísimos docentes y estudiantes, forzados por las circunstancias, están descubriendo que las herramientas tecnológicas apoyan los aprendizajes a distancia. Esto acelera la transformación educativa, acompañada por políticas de inclusión social, en una alianza estratégica entre el Plan Ceibal y la ANEP.

    —¿A qué se refiere?

    —A que la ANEP no puede estar “divorciada” del Plan Ceibal, por el contrario: tienen que caminar juntos, sabiendo que la autoridad educativa es la ANEP y que el Ceibal es una herramienta que funciona en beneficio de la educación. Por lo tanto, la ANEP tiene que acompasar y no obstaculizar ni detener las acciones, debe ser parte del proceso para achicar la brecha tecnológica. No se trata solo de que el Plan Ceibal cambie, también debe cambiar la lógica funcional de la ANEP: el Ceibal achica la brecha tecnológica y la ANEP la de los aprendizajes, junto con políticas sociales.

    —En esa línea, ¿hay guías de uso o estrategias de soporte a los docentes de primaria, secundaria y UTU?

    —Este miércoles presentamos un primer documento a consideración del Codicen que señala algunas líneas generales de acción, con un inventario de recursos y orientaciones sobre la educación a distancia. A la vez focalizamos acciones para ir tras aquellos alumnos que no tienen conectividad. En primaria hay un 70% de niños conectados, pero el resto no. En educación media la conectividad está en el entorno del 60% o 70%, y en algunos departamentos 50%.

    —¿Y usted qué cree que el sistema educativo de 2021 aprenderá de este 2020?

    —Aprenderemos la importancia del rol docente diversificado a partir del uso de las herramientas digitales, que nos ayudará a cambiar los contenidos de nuestros programas en un marco de revisión de planes de estudio. El fracaso del sistema educativo se da cuando hay inequidades, no solo en aprendizajes y en logros —como evidencia el informe Aristas Media—, sino en infraestructura; cuando los jóvenes repiten masivamente y cuando abandonan, o cuando no repiten pero tampoco aprenden. Y ese fracaso no empezó con la pandemia. Ahora partimos de una terrible situación presupuestal que también nos condiciona. Pero hoy lo importante es rescatar, ante todo, el vínculo emocional: el del estudiante con su institución, el de la maestra con el alumno y el de la familia con la escuela.

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    2020-04-16T00:00:00

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