Esta es la historia de Néstor Maidana (Néstor Guzzini), un policía que debe infiltrarse en La Emboscada, una murga cuyo dueño, el Coso, parece estar involucrado en tramas de corrupción y lavado de dinero. Néstor es fanático de las murgas. De algún modo es un hombre infiltrado en su propio sueño. Lo que está a punto de descubrir es que infiltrarse en su sueño puede ser bastante peligroso. Para empezar, tiene que mantener la boca bien cerrada. Ni siquiera puede enterarse su compañera de la Unidad de Vigilancia, la oficial Gabriela Silenzi (Gabriela Freire). Y, menos aún, su esposa Patricia (Carla Moscatelli). Adrián Biniez y Pablo Stoll, los dos directores y dos de los creadores de Todos detrás de Momo (que se estrena este viernes 28 en TNU, Tevé Ciudad y Vera TV), conversaron con Búsqueda acerca de la gestación de esta serie de diez capítulos (48 minutos cada uno), de lo que aprendieron acerca del Carnaval y su liturgia, y también de la vida policial.
La de los policías.
La idea surgió hace casi diez años. En 2010, Carlos Tanco y Biniez coincidieron como miembros del jurado en el Festival de Cine de Punta del Este. Allí, durante una cena con el equipo organizador del festival, entre los que se encontraba Stoll, conversaron acerca de algo sobre lo que el director de Gigante y el realizador de Whisky llevaban bromeando desde hacía tiempo y a lo que llamaban “La de los policías”. Dice Stoll: “El Garza tenía una idea para un policial. Eran simplemente dos policías que están esperando, vigilando, anotando, como aparecen Gabi y Néstor al principio de la serie. En una cena salió el tema y empezamos a joder con que podía desarrollarse en el mundo de la murga. Y de repente empezamos a hacerlo. Nos juntamos en la casa de Carlos (que durante años escribió para la murga Agarrate Catalina) y empezamos a escribir los tres. El personaje de Néstor ya existía desde ese momento, solo que era un policía que investigaba a la murga pero siempre desde afuera, no se infiltraba. Su compañero, el otro policía, tenía otras historias. En un momento nos dimos cuenta de que lo que estaría bueno es que se infiltre. Y ahí arrancó lo del infiltrado. Se lo presenté a una amiga brasileña que estaba buscando series. Me dijo que era muy local y medio que quedó por esa. Hasta que apareció la posibilidad de SeriesUy”.
Años en Carnaval.
Entre las varias particularidades de esta ficción están los nombres de los personajes, los lugares, los operativos, los conjuntos de Carnaval. “Hay algunos bastante creativos pero otros son de una vagueza total, como que los personajes se llaman Gaby, Néstor o Hernán, igual que los actores”, se ríe Biniez. “Eso fue porque empezamos a escribir pensando en ellos y en un momento nos dimos cuenta de que son nombres bastante comunes”.
—En la serie hay un montón de murgas que se llaman como películas —dice Stoll—. Son algunos de los chistes boludos que hicimos. Hay una murga que se llama La vida de Bohemia, otra es Rashomomo. La Reina Africana y África Mía son dos comparsas. Y está Parodistas Pickpocket.
Así como Tanco suministraba elementos anecdóticos y de la mitología carnavalera, dos oficiales de la Policía también aportaron a los tres guionistas detalles que hacen a la verosimilitud. “Nos instruyeron mucho”, cuenta Stoll. “Sobre todo en lo que tiene que ver con la relación entre compañeros, entre dos personas que pasan horas adentro de un auto, la confianza que se genera después de hacer un seguimiento o una vigilancia”. Cómo se llega a la Policía, cómo se hace la carrera, quién maneja el auto, quién acompaña y qué dice de un oficial la forma de portar el arma, fueron algunos de los detalles que se infiltraron en la serie.
“La idea fue abarcar la ciudad”, dice Stoll respecto a las locaciones elegidas para presentar la acción. “Que se notara el barrio pero que no fuera un barrio específico. Filmamos por muchos lados. En Brazo Oriental, el Cerrito de la Victoria, La Mondiola, La Comercial. El rodaje se organizó con relación a bases que nos sirvieron de locaciones. Generalmente fueron clubes. En cada lugar usábamos su zona de influencia para grabar los exteriores. Hay lugares que son más céntricos. El edificio de Inumet nos sirvió para la Policía y el ministerio”.
En total fueron 50 días de rodaje. Unos 450 minutos de ficción. Más de 80 personajes. Se hizo un casting gigante al que asistieron muchísimos murguistas. “La Emboscada se armó con murguistas que ese año no iban a salir en Carnaval, que no habían conseguido murga o que no tenían ganas”, dice Stoll. “Los murguistas más pesados dentro de La Emboscada son Enrique Bastos, Julio Icasuriaga, Marcel García y Ramiro Perdomo, que hace del Seba”.
No fue fácil encontrar al actor para interpretar al Seba. Se necesitaba alguien con disciplina actoral y que a su vez estuviera dentro del Carnaval. Y esa es la justa definición de Perdomo. Tampoco fue sencillo encontrar a el Coso, personaje que fue para Gustavo Cabrera. Tiene el físico que buscaban. Cuando lo vieron se dieron cuenta de que tenía que ser él.
Guzzini estuvo desde el principio. “Fue murguista, salió en la BCG mucho tiempo”, aclara Stoll. “Si bien no es el típico carnavalero y la BCG no es la típica murga, Néstor salió diez años en Carnaval. Los tablados, el teatro, la bañadera, lo vivió todo. Además, le gusta cantar. Es un actor con el que los dos trabajamos, es amigo y nos gusta mucho. Con Gabi ya había laburado antes y para mí tiene algo de mujer policía y a la vez zafa del estereotipo de mujer policía. Con Hernández nos pasó que empezamos a escribir el personaje pensando en él. Con Gonzalo Delgado, lo mismo: desde el principio pensamos en él... No me acuerdo si nos pasó con alguno más”.
Entre las varias particularidades de esta ficción están los nombres de los personajes, los lugares, los operativos, los conjuntos de Carnaval.
—Con el Mazinger —dice Biniez.
—Claro —asiente Stoll—. El Mazinger, que es Nacho Mendy.
Actor, director de actores, guionista, productor, conductor radial, Ignacio Mendy es una cara y una voz conocida: se lo ha visto en películas como 25 watts, Whisky, Joya, Gigante y en la serie Charly en el aire. En Todos detrás de Momo vuelve a uno de esos papeles que tan bien le salen. En un capítulo tiene una línea de diálogo que está a la altura de la antológica “Menchaca, Chopo, chaqueta, chicas”, de 25 watts. De hecho, no es descabellado pensar en que puede tratarse del mismo personaje 20 años después.
“Tengo un amigo que siempre decía que acá no podés hacer nada porque siempre alguien te va a decir que son todos unos hijos de puta”, continúa Stoll. “Sin embargo, cuando ves una serie yanqui te lo comés. Los abogados son buenos, los médicos de ER son lo más del mundo y todos los policías son bárbaros. Y creo que está bueno ver que los policías son gente normal. Hay gente que hace bien su trabajo y gente que lo hace mal. Conocer a estos policías con los que laburamos nos cambió la cabeza respecto a lo que pensábamos sobre los policías. Capaz que la serie puede servir un poco para eso y salir de ese preconcepto. Al ser una comedia y tener ese punto realista hasta por ahí ayuda a que te acerques a los personajes. Porque en definitiva es una serie de personajes, de lo que les sucede a ellos, que son dos policías, Gabi y Néstor”.
Gabi es una policía convencida, “con ganas de hacer las cosas bien”, comenta Biniez. “Néstor es el tipo que en algún momento fue así y que ya no es más, ya se cansó”.
Además de Gabi hay algunos personajes femeninos que ganan fuerza. Por ejemplo: las Viudas, cuatro mujeres criminales que están siempre por ahí, aunque no irrumpan en escena. “Es curioso”, sigue Stoll. “Pero en la serie, que se desarrolla en mundos tan masculinos como el policial, el mundo delictivo y el de la murga, al final las que llevan adelante la acción, las que realmente hacen las cosas, son mujeres”.
De filmar acciones pequeñas, en espacios reducidos, con dos o tres personajes en escena, el equipo llegó a grabar con una exorbitante cantidad de extras. Entre 2.000 y 3.000 personas, en pleno Teatro de Verano, escenas grabadas durante el pasado Carnaval. “Lo más parecido a estar de verdad con una murga fue cuando filmamos en el Teatro de Verano”, dice Stoll. “Hubo una intensidad, una adrenalina impresionante, con la gente afuera esperando del otro lado del telón. Algunos murguistas que justamente no salieron en Carnaval y que estaban en La Emboscada, decían: ‘Yo solo por estos diez minutos saldría de vuelta en Carnaval’. Un día de rodaje fue solo para eso, fue lo único que filmamos. Eso fue gracias a la buena onda de la intendencia y de Daecpu, que nos dejaron meternos ahí. Y la gente se colgó y reaccionó como si estuviera frente a una murga de verdad. Es que, de hecho, La Emboscada funcionaba como una murga de verdad. La gente se reía en serio. Carlos escribió como para una murga y así se la vio”.
En total fueron 50 días de rodaje. Unos 450 minutos de ficción. Más de 80 personajes. Se hizo un casting gigante al que asistieron muchísimos murguistas.
La relación que tenía cada uno con la murga y el Carnaval cambió después de esta experiencia. “Los primeros dos años que estuve acá fui a un par de tablados”, cuenta Biniez. “En total no llegué a ir diez veces. Ahora, con la serie, me encontré con un mundo de competencia casi deportiva que me parece fascinante”.
Dice Stoll: “Como todo niño que nació en la década de 1970 fui a ver mucha murga y mucho Carnaval. Hasta los 16 años fui al Teatro de Verano. Fui mucho, mucho, hasta que un día dejé de ir y no fui nunca más. Recuerdo el día. Vi La Escuelita del Crimen, no me gustó, y nunca más fui. Después seguí un poco a la BCG. A Néstor lo conozco de esa época. Nunca me colgué con la parte de la renovación de la murga joven y quedé medio por fuera. Igual escucho mucha radio AM y a veces programas de murga en verano. Me parecen alucinantes. Es lo mismo que si estuvieran hablando de fútbol pero están hablando de otra cosa. Podés seguir la misma lógica, se habla de pases, de liguilla, de hinchadas. Aprendimos un montón de cosas. Que la retirada y la bajada no son lo mismo. Qué es la clarinada, qué es el salpicón. Aprendimos sobre el rubreado: que hay murgas que rubrean, no son buenas pero son fuertes en todos los rubros. Y un poco lo que queríamos era jugar con eso, con toda su liturgia, su jerga, su mitología. Me gusta, me emociona, la parte del canto, gente que canta fuerte y canta bien. Ese gusto siento que lo había perdido y ahora lo recuperé”.
Vida Cultural
2018-09-27T00:00:00
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