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    La expansión “explosiva” de Montevideo es un fenómeno “muy desgraciado” porque la ciudad se volvió “costosísima”, dice Arana

    El exintendente dijo que le “preocupa muchísimo” el proyecto del ferrocarril para UPM, ya que los trenes coparán uno de los paisajes más atractivos de la ciudad: “Rellenar el puerto de silos, de latas, de toboganes y de múltiples rellenos para poner vehículos agrarios me resulta perturbador”

    En su despacho de la Junta Departamental de Montevideo, el arquitecto Mariano Arana exhibe numerosas fotografías del fundador del Frente Amplio, el general Líber Seregni, a quien atribuye el comienzo “forzado” de su carrera política. “A la salida de la dictadura yo traté de rehuir el asumir un cargo de responsabilidad de todas las maneras posibles, pero era difícil no transar con su capacidad de convicción”, comenta sonriendo.

    Intendente de Montevideo durante 10 años (1995-2005), Arana, de 84 años, se define como un “apasionado” de la ciudad. Considera que el crecimiento explosivo de la mancha urbana en las últimas décadas fue un hecho “muy desgraciado”, porque “la ciudad dejó de tener un crecimiento razonable y equilibrado, y generó un costo tremendo”. Además, eso dio lugar a una segmentación de la población, y la pobreza se incrementó de una manera “particularmente compleja”.

    El exintendente, exsenador, exministro y actual edil afirma que la capital cambió mucho en la última mitad del siglo, y no siempre para bien: la zona dónde se crió, por ejemplo, a media cuadra de la Plaza de los 33 Orientales, sufrió una “masacre” de obras “seguramente sin permiso” que demuestran “falta de control”. La avenida Bulevar Artigas se ha “desfigurado bastante”, con modificaciones reglamentarias que hubiesen debido pensarse “más detenidamente”. Las ampliaciones en el centro comercial en Tres Cruces siguen acercando público a una terminal ubicada de “forma aberrante” y los grafitis, unos “enchastres indecorosos”, se multiplican por la ciudad sin demasiada resistencia. A Arana tampoco le agradan las excepciones que se autorizan para construir en zonas con restricciones: “Creo que hay que ser muy prudente, no sea cosa que si pagás más te permitan hacer un disparate”, afirma.

    Además, dice que le “preocupa muchísimo” el ingreso de ferrocarriles al puerto de Montevideo para transportar la celulosa de la segunda planta de UPM: “Rellenar el puerto de silos, de latas, de toboganes y de múltiples rellenos para poner vehículos agrarios me resulta perturbador”, afirma. “Estamos perdiendo posibilidad de tener estimulantes ambientales y culturales, algo que para un gobierno de izquierda me parece particularmente sensible”, cuestiona.

    Por otro lado, destaca como logros de las administraciones frenteamplistas el combate a la pobreza, el diseño de un plan de ordenamiento territorial, la expansión de la red de saneamiento, la limpieza de las playas y la inversión creciente en espacios públicos.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.

    —¿Cómo fue cambiando Montevideo con el paso del tiempo?

    —Siempre fui un apasionado de Montevideo, quizás porque uno es maniático desde niño. Tuve la suerte de que mi padre nos llevaba a pasear en las mañanas, y eso me permitió sentirme muy afín a las grandes obras y a ciertas trazas de la ciudad, vinculadas a las zonas céntricas y en particular a la Ciudad Vieja, que sigue siendo, a mi modo de ver, donde está la mayor concentración patrimonial, desde el punto de vista del valor arquitectónico, urbanístico y paisajístico que tiene la ciudad. Pero Montevideo cambió mucho. Yo nací en la calle Lavalleja, que hoy se llama Enrique Rodó (abomino que le cambien los nombres a las calles, porque nos quita las referencias históricas que nos atan a nuestra tradición), pero mi primer recuerdo es de cuando vivimos en la calle Colonia 1630, muy cerca de la iglesia del Cordón y de un jalón dentro de la ciudad que es el edificio de los Bomberos, a media cuadra de la Plaza de los 33 Orientales, hoy transformada y deformada. Esa casa está en un tramo donde han hecho una masacre, seguramente con obras sin permiso. Lo que hicieron es una aberración, una vergüenza y muestra la falta de control. Es una afrenta para la belleza de una ciudad que se merece otro cuidado en la construcción. No todo puede ser una obra de arte, pero por lo menos que no sea una agresión. Hablando de agresiones, no existían en aquel momento las agresiones de los grafitis en la ciudad, una cosa que se ha ido incrementando en las últimas décadas. No sé cuál es la causa, pero evidentemente Montevideo no es la única ciudad que lo padece, aunque es el único lugar donde los enchastres indecorosos se mantienen.

    —¿Está conforme con la forma en cómo se desarrolló la ciudad en los últimos 45 años?

    —Sí y no. Creo que poco a poco la gente fue percibiendo el atractivo brutal que tenía la línea costera, que se fue valorando particularmente después de algunas grandes transformaciones generadas en la época batllista. En el filo del quiebre institucional, alrededor de los años 70, ya se empezaba a producir algo que nosotros como montevideanos no conocíamos, que eran las grandes expansiones de la mancha urbana y el gran índice de crecimiento poblacional que había en otras ciudades de América Latina. Fue un crecimiento verdaderamente explosivo, que fuimos padeciendo en estas últimas décadas. Fue una cosa muy desgraciada, porque la ciudad dejó de tener un crecimiento razonable, equilibrado, y generó un costo tremendo. Siempre repito que la mancha urbana que se ha extendido en nuestro pequeño departamento es comparable en su dimensión a lo que es el área central de París, pero con casi la mitad de pobladores y con un promedio de ingresos familiares menor. No es que la pobreza no exista en cualquier ciudad desarrollada y rica económicamente, pero aquí se incrementó de una manera particularmente compleja. Para quienes tuvimos responsabilidades de gobierno, fue un trabajo realmente muy complejo, hasta el día de hoy. El reducir esas enormes distancias que se tienen y el peligro de generar escisiones socio-poblacionales­, tanto en lo territorial como en lo estrictamente social.

    —¿Hay una mayor segmentación de la población vinculada a las zonas de residencia?

    —Sí, se ha dado una segmentación, por eso el esfuerzo que hay que hacer. La segmentación se mitigó pero todavía existe, por eso es que seguimos trabajando. Montevideo se ha expandido y se ha tratado de relocalizar a muchísima gente que fue invadiendo terrenos públicos o privados. Es imprescindible atender a la demanda, porque la gente quiere tener seguridad, iluminación, poder llevar a los chiquilines a la escuela sin chapotear en el barro, quiere tener condiciones mínimas de salubridad. La expansión genera un problema que hace que las ciudades sean costosísimas. ¿Quién paga los gastos comunes de una extensión del terreno creciente, donde la población no tiene las posibilidades de solventar sus propias necesidades?

    —¿Qué medidas considera que impactaron más en el desarrollo de Montevideo?

    —El saneamiento es una parte esencial de la calidad de vida que se le puede otorgar a las poblaciones. Solamente aquellos que no lo tienen saben valorar hasta qué punto es importante. Y esa fue una decisión muy firme que todo el equipo del gobierno departamental acompañó. Gracias a los créditos obtenidos a nivel internacional y nacional, pudimos hacerlo. Poniendo el emisor subacuático logramos que las playas fueran verdaderamente utilizables, porque hasta entonces eran una contaminación asqueante. Era imposible ir a Pocitos a bañarse, era algo avergonzante, porque la materia fecal iba a las propias playas. Con esto se logró que las playas estuvieran absolutamente limpias y eso generó un ingreso económico por todo lo que es el atractivo turístico. Se limpió también el Arroyo Miguelete y estamos tratando de que ocurra lo propio con el Pantanoso, que estaba muy contaminado por metales pesados provenientes del directo vertimiento de las industrias y de la población. No hemos logrado realojar a la gente que se afincó en sus bordes, porque es carísimo. Estamos hablando de 60 mil dólares por unidad de vivienda. Hay que cambiar eso, esa es mi desesperación actual.

    —Hay quienes critican que Montevideo se desarrolla sin una planificación previa. ¿Piensa que es así?

    —No, tengo la plena convicción de que no es así. Nosotros hacíamos 18 asambleas anuales. Era importantísimo que la gente expresara si estaba de acuerdo o no con algo. Al año siguiente de haber asumido con mi equipo, en 1996, logramos diseñar el primer Plan de Ordenamiento Territorial (POT), que no puede preverlo todo, por lo que tiene que tener la flexibilidad suficiente como para adaptarse a las situaciones cambiantes, que por razones exógenas puedan surgir.

    —¿Qué piensa de las excepciones para construir por fuera de los límites reglamentarios que se han otorgado en los últimos años? ¿Le molesta alguna obra en particular?

    —Siempre me preocupó eso y creo que hay que ser muy prudente, no sea cosa que si pagás más te permitan hacer un disparate. Creo que no hubiera permitido hacer lo que ahora se empezó a construir en la confluencia de las calles Bulevar Artigas y Ponce. No fue una buena opción y, además, derrumbaron alguna cosa que me dio bastante lástima. Considero que hemos desfigurado bastante Bulevar Artigas, hubo algunas modificaciones reglamentarias que yo hubiera pensado más detenidamente. Tampoco creo que haya sido una buena opción, y lo critiqué en la campaña electoral, el hacer una terminal de ómnibus allí donde está metida y haber permitido las ampliaciones del centro comercial correspondiente, habida cuenta de que tiene un público cautivo en una terminal localizada de forma aberrante. Debería haber sido objeto de una discusión técnica y política mucho más precisa.

    Algunas grandes transformaciones se proponen hoy y se van realizando en el correr del tiempo, a veces con la alternancia de colores políticos. Cuando hay verdaderamente buena cabeza, desde el punto de vista del desarrollo equilibrado de una ciudad, creo que esas cosas tienen que superarse. En gran medida me parece que ha sido así.

    Desgraciadamente, hay algo en lo que no creo que seamos enteramente consecuentes con el general Líber Seregni, que me preocupa muchísimo, que es cómo van a entrar los ferrocarriles a Montevideo trayendo la enorme producción de pasta de celulosa desde el interior del país. Creo que el puerto ya está colmado y está localizado en el sitio más atractivo desde el punto de vista paisajístico de Montevideo, como es la bahía. Rellenar el puerto de silos, de latas, de toboganes y de múltiples rellenos para poner vehículos agrarios me resulta perturbador, porque estamos perdiendo posibilidad de tener estimulantes ambientales y culturales, algo que para un gobierno de izquierda me parece particularmente sensible.

    —¿Cómo ve la inversión en espacios públicos?

    —Hace tiempo empezamos a tomar conciencia de que la gente no solamente necesita vivienda, luz, pavimentación, saneamiento. También necesita esparcimiento, estímulos. Por eso es que hicimos una infinidad de cosas, esa inversión me parece fundamental. Son estímulos esenciales para mejorar la calidad de vida de las personas. Por ejemplo, la construcción de la Plaza Seregni, que en realidad es prácticamente un parque metido en la ciudad, o la Plaza de Casavalle. Todo lo que sea darle mejores oportunidades de esparcimiento a las personas, es lo que hace que una ciudad sea ciudad. Para ser ciudad tiene que ser viva, tener personas que no sean marmotas.

    —¿La Intendencia está actuando de forma correcta en la preservación del patrimonio cultural del país?

    —Creo que ahora hay otra conciencia. De todas maneras, he lamentado la demolición de algunas obras absolutamente singulares. Me emocionó mucho cuando la gente salió a defender el local de Assimakos en Avenida Italia. ¿Qué necesidad tenía esa tienda multimillonaria de destruirlo todo? Las propias personas criticaron que no hubiera habido una conciencia de parte de las autoridades municipales, quienes decían que no estaba protegido.

    —¿Le quedaron cosas que le hubiera gustado hacer durante su gestión?

    —Sí, muchas. Me gustaría que pudiéramos erradicar las situaciones de viviendas precarias, otorgándole la dignificación a las familias.

    Información Nacional
    2017-11-16T00:00:00

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