En una entrevista con Búsqueda, que respondió por escrito, Almagro advirtió que en “el plazo más corto posible” debe haber un llamado a elecciones, liberación de los presos políticos, restauración de la independencia de poderes y apertura de un canal de asistencia humanitaria internacional para Venezuela. Además, reflexionó sobre los tiempos turbulentos en varios países de la región y el posible jaque a sus democracias. Dijo que el “enlentecimiento económico de la región pone de mal humor a la gente”, que además “se indigna con la ola de corrupción” y les exige a sus gobiernos “una mayor eficiencia”. También respondió a críticas locales, formuladas por propios compañeros frenteamplistas, sobre cierta “obsesión” con la situación en Venezuela. “O es ignorancia o es parte del relato del autoritarismo venezolano”, dijo.
En el caso de Venezuela hay una situación sistémica, muy crítica. El lunes 3 de abril, el Consejo Permanente de la OEA adoptó una resolución que urge al gobierno de Venezuela a actuar para garantizar la separación e independencia de los poderes constitucionales y restaurar la plena autoridad de la Asamblea Nacional, y también acordó seguir ocupándose de la situación en Venezuela.
—¿Qué opina de la cantidad de denuncias de corrupción contra gobernantes y ex gobernantes de América Latina?
—Es positivo que salgan a luz estas denuncias, y es lógica la indignación que provoca saber que un grupo de corruptos se beneficia a costa del erario público, y que las principales víctimas de este flagelo son los sectores más vulnerables. La corrupción y la impunidad son fenómenos encadenados que deben combatirse de forma integral.
Nosotros hemos impulsado en Honduras —uno de los países de la región más castigados por este problema— la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad (Maccih), esta iniciativa —inédita en la historia de la OEA— tiene el objetivo de buscar el procesamiento de redes de corrupción y conducir a la recuperación de los bienes y activos que pertenecen al pueblo hondureño. La creamos hace un año y ya empezó a dar algunos frutos.
—A este panorama de denuncias y conflictos políticos se agrega la baja en los índices de popularidad de varios gobernantes. ¿Qué análisis hace de la situación?
—Como recién dije, la democracia se ha logrado asentar desde el punto de vista formal en la gran mayoría de los países de América Latina, pero todavía queda mucho por hacer en la agenda de oportunidades económicas y sociales. La gente exige oportunidades de progreso y eso es un derecho que todos merecen independientemente de su condición social, económica, raza, género u orientación sexual.
—¿Qué opina de la reacción de los gobiernos de la región a partir de la decisión de la Justicia venezolana de asumir las potestades del Congreso? ¿Y la respuesta uruguaya? ¿Considera que fue en tiempo y forma?
—Hubo una reacción inmediata de la comunidad internacional que surtió sus efectos. Esta semana en la OEA se aprobó por consenso una resolución que exige al gobierno de Venezuela la plena restauración del orden democrático, y que establece su compromiso de seguir ocupándose de la situación en Venezuela y, en la medida que sea necesario iniciar gestiones diplomáticas adicionales para fomentar la normalización de la institucionalidad democrática, de conformidad con la Carta de la Organización de los Estados Americanos y la Carta Democrática Interamericana, incluyendo la convocatoria de una reunión de nivel ministerial.
El gobierno uruguayo apoyó la declaración del Mercosur, que compartimos en su plenitud, y envío a la canciller argentina, Susana Malcorra —cuyo país ocupa la Presidencia pro témpore del Mercosur—, a la OEA para dar a conocer ese posicionamiento que respaldamos plenamente.
—¿Cuál es la mejor salida para la situación en Venezuela?
—El llamado a elecciones, la liberación de los presos políticos, la restauración de la independencia de poderes y la apertura de un canal de asistencia humanitaria internacional en el plazo más corto posible.
—El presidente Nicolás Maduro suele dedicarle algunos ataques e insultos personales. ¿Cómo los recibe?
—Los insultos no me afectan a mí, retratan a los que los profieren. Tengo muy claro que esto no es un asunto personal. Mi trabajo es absolutamente institucional y está basado en los instrumentos jurídicos del Sistema Interamericano, basado en la Carta Democrática Interamericana, la carta de la OEA en las Convenciones Interamericanas de Derechos Humanos.
—¿Qué opinión le mereció el comunicado de la mesa política del Frente Amplio, donde se “exhorta a las autoridades de la OEA a ajustar su accionar a efectos de ayudar a estabilizar la región, no realizando una injerencia inapropiada en este delicado proceso”?
—La OEA ha actuado cuando hay una alteración del orden a la Constitución. Venezuela es parte de la OEA y ha firmado la Carta Democrática Interamericana (CDI) que ya se aplicó en 2002 para asistir al gobierno de Chávez, después del golpe que se realizara contra el ex jefe de Estado. De manera que esto no es nada nuevo. En Venezuela hay un proceso de vaciamiento democrático que hemos venido siguiendo de cerca y alertando a la comunidad internacional. Se tenía que haber autorizado el referéndum revocatorio y no se hizo; se debía haber convocado a elecciones regionales y no se hizo; se debía respetar las decisiones de la Asamblea Nacional y todas son bloqueadas irregularmente, hasta llegar al autogolpe, y seguir encarcelando disidentes día tras día.
— ¿Qué rol cree que debe jugar la OEA en ese proceso?
—El que está cumpliendo, y eso se vio en la resolución del Consejo Permanente del lunes 3 de abril, que estableció apoyar las medidas que permitan el retorno al orden democrático a través del ejercicio efectivo de la democracia y el Estado de derecho en el marco constitucional de Venezuela. Nuestra actuación está mandatada por la Carta de la OEA y la Carta Democrática Interamericana (CDI), que fue firmada por todos los estados miembros, incluyendo Venezuela. La CDI fue aprobada en 2001, y en 2002 fue activada por primera vez, a pedido del gobierno del ex presidente Hugo Chávez. Venezuela también apoyó la aplicación de la CDI en el 2009, cuando se produjo un golpe de Estado en Honduras.
—Los sectores más a la izquierda del Frente Amplio le han cuestionado que pone el ojo en Venezuela y no tanto sobre Paraguay y Brasil. Desde el Partido Comunista lo han acusado de estar en una campaña “obsesiva y militante” contra Venezuela, que “mira para un solo lado”, y que por eso ya “no ofrece garantías” para ser secretario de la OEA. ¿Qué responde a esto?
—En realidad ese tipo de comentario o es ignorancia o es parte del relato del autoritarismo venezolano. Nos hemos pronunciado en cada uno de los temas referidos y sobre otros más. La documentación es pública y es un enorme despropósito ignorar la misma o pretender que no existe. Cuando asumimos la Secretaría General, dejamos claro que no nos ocultaríamos frente a los problemas. No medimos nuestro nivel de análisis por si los gobiernos se autocalifican de izquierda o derecha, los pueblos no son de derecha o izquierda, los pueblos merecen nuestro respeto y que puedan vivir con dignidad, respeto a sus derechos fundamentales y valores democráticos.
—En el MPP han dicho que usted se “autoexcluyó” del sector. ¿Se siente fuera o adentro?
—Yo nunca me autoexcluí. Sigo siendo el mismo, acá no se puede ser condescendiente con esquemas de especulación política. Yo tengo compromisos con respecto a la democracia y a los derechos humanos en el continente en función de estos instrumentos jurídicos como son la Carta de la OEA y la Carta Democrática Interamericana, y eso lo voy a seguir haciendo, más allá de si todo el mundo me quiere o si nadie me quiere.
—¿Qué tal está hoy su relación con José Mujica?
—La última vez que lo vi fue el año pasado en Cartagena de Indias, cuando se firmaron los Acuerdos de Paz en Colombia y conversamos un rato sobre temas de política y del papel del ciudadano en la política en estos tiempos. En lo personal tengo un gran afecto y admiración por Mujica, desde el punto de vista político, hemos tenido algunas diferencias, sobre Venezuela la primera, pero no va a ser la última tampoco. Pero estamos en una tierra de hombres libres, y cada uno debe de decir las cosas como mejor las piensa y como mejor le vienen de dentro.
—¿Hay diferencias entre el Almagro canciller y el Almagro secretario de la OEA?
—Soy el mismo, son otras responsabilidades, antes trabajaba para un país, y ahora en mi mesa de trabajo hay 35 países y la defensa de los valores comunes que los unen.
—¿Cuáles son sus planes en la actividad política una vez terminada su gestión en la OEA?
—Ahora estoy enfocado en la OEA, y me quedan algo más de tres años en el cargo. Ya habrá tiempo para ver qué nos depara el futuro.
Información Nacional
2017-04-06T00:00:00
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