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En cada ocasión que puede, Jorge Larrañaga busca diferenciarse de Eduardo Bonomi. Lo hizo cuando era senador e interpelaba al entonces ministro del Interior; lo profundizó en campaña electoral al frente de Vivir Sin Miedo y endureció ese contrapunto una vez que asumió como ministro el 1º de marzo. ¿El objetivo? Dejar en claro a la población que son el agua y el aceite, que sus visiones sobre la seguridad nacional son radicalmente opuestas y representan resultados distintos: una el fracaso, la otra la recuperación.
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Por eso, cuando uno de sus subordinados más importantes se reunió formalmente con Gustavo Leal sin avisarle, Larrañaga supo que no había marcha atrás ni amonestación que valiera para sortear la situación. “Leal es Bonomi y son responsables desde hace más de 10 años de la inseguridad que tiene el Uruguay”, había dicho el ministro el año pasado. Ante el caudal de críticas que le ha hecho a Bonomi desde 2010, Larrañaga no se podía permitir que, sin su consenso, un hombre del riñón del exministro tuviera influencia en las políticas que toma actualmente su cartera.
El lunes 26 Erode Ruiz, jefe de Policía de Montevideo, renunció al cargo luego de una charla con Larrañaga. Horas antes el ministro se había enterado por los medios de comunicación que Ruiz mantuvo la semana pasada una reunión de tres horas con Leal en la jefatura —a la vista de todos los funcionarios de ese organismo y dejando de lado otras obligaciones de su agenda— con la intención de trabajar juntos en resolver las ocupaciones ilegales de hogares que se dan en ciertas zonas de Montevideo.
“Fundamentalmente, en el Ministerio del Interior hay que trabajar de manera coordinada, respetando los mandos y las jerarquías. El ministro debe tener conocimiento de instancias que puedan llevar adelante integrantes del ministerio. Punto”, argumentó Larrañaga el martes 27 en rueda de prensa. Fue casi lo único que mencionó sobre el tema. El miércoles 28 se reunió con intendentes y dio una conferencia de prensa sobre las próximas acciones que se tomarán para limitar la expansión del Covid-19. Buscó de esa forma cerrar rápido la primera tormenta que vive la cartera, apalancada por un aumento de la violencia y los homicidios en octubre, burlas al accionar policial y diferencias internas que van más allá de la de Ruiz.
El jueves 22 Juan Andrés Ramírez Saravia, coordinador nacional del Programa Integral de Seguridad Ciudadana del ministerio, publicó en Twitter cierto descontento con su labor. “Vengo juntando rencor, bronca, y eso no es bueno. Mucho falluto en la vuelta. Les aseguro que es bravo el día a día. Hay caminos que no volvería a recorrer”, dijo y dio a entender que sus problemas radican en conflictos internos. Sus tuits causaron molestia en el ministerio, según supo Búsqueda. Días después de las publicaciones, eliminó su cuenta de la red social.
Jorge Larrañaga y Erode Ruíz en la sede de Jefatura de Policia de Montevideo. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS
Midió mal
Aunque su relación con Leal fue la causa de la renuncia, en la cúpula del Ministerio del Interior existían con Ruiz “diferencias de enfoque” en su manera de gestionar, explicaron las fuentes. Esta realidad determinó que el ministerio “interviniera” las zonas operacionales y las seccionales de la capital para tener más control sobre la acción diaria de la Policía montevideana, lo que a su vez ocasionó molestia en Ruiz, especialmente con Santiago González, mano derecha de Larrañaga y actual director de Convivencia y Seguridad Ciudadana, el cargo que ocupaba Leal.
Fuentes policiales indicaron que el rol que cumple González es mucho más abarcativo que el de Leal: además de relacionarse directamente con los vecinos en el territorio mediante su puesto en Convivencia Ciudadana, también se ocupa del sistema penitenciario dentro del ministerio y del contacto frecuente con jefaturas y seccionales metropolitanas. Algunos policías creen que esta acumulación de tareas le impide tener aún —como lo tenía Leal— el conocimiento criminal de barrios de contexto crítico y la confianza de los vecinos que allí viven amenazados por grupos locales dedicados al narcotráfico.
De todas formas, en el ministerio entienden que Ruiz “midió mal el paso” al establecer el canal de comunicación con Leal sin la aprobación de Larrañaga. Pese a su larga trayectoria policial bajo autoridades de distintos partidos políticos, arguyen que al exjefe de Policía le faltó “tacto” y nunca esperó una “reacción tan tajante” de Larrañaga que desembocara en su salida.
Para evitar futuros deslices, el director de la Policía Nacional, Diego Fernández, envió el martes 27 una directiva dirigida a todos los jefes de Policía y a los directores nacionales de las distintas dependencias del ministerio. Según Subrayado, Fernández ordenó informar con antelación a la Unidad de Comunicación de la cartera cualquier participación en un acto o conmemoración, o cualquier invitación a autoridades fuera de la órbita del gobierno.
En el Frente Amplio analizan estas reacciones como un revanchismo de Larrañaga, más preocupado por mantener la dicotomía oficialismo-oposición que por sumar voces que colaboren a la seguridad pública. “La regla en un Estado de derecho es que las jerarquías se puedan comunicar y puedan intercambiar información, porque en definitiva nosotros somos servidores públicos y tenemos que actuar en beneficio de toda la comunidad”, expresó el senador Charles Carrera en rueda de prensa.
Carrera dijo a Búsqueda que la bancada de legisladores del Frente Amplio definirá si interpela a Larrañaga la semana próxima. Aseguró que el caso Ruiz “es una perla más de una serie de hechos” en materia de seguridad que inquietan a la izquierda.