—Muy lentamente. No tanto por culpa de las Fuerzas Armadas, cuanto por la lentitud proverbial del Estado. Estamos tratando de que el Codena (Consejo de Defensa Nacional), de una buena vez por todas apruebe la política nacional de defensa, y bueno... Son cuatro ministerios, el presidente de la República... Y bueno, están trabajando los delegados de esos ministerios en una comisión que prepara la reunión del Codena. Yo lo voy a reclamar. Voy a reclamar que este año se produzca la reunión del Codena, porque si no se aprueba la Política de Defensa, no podemos aprobar la Política Militar de Defensa, y nos tranca todo. Tampoco podemos discutir las leyes orgánicas de las tres Fuerzas Armadas ni la ley orgánica militar.
—Lo que usted plantea es un retraso producido, más allá de la lentitud de los procedimientos en el Estado, por la falta de decisión de las jerarquías políticas. Esto depende...
—...del interés que haya sobre cada tema. Este no es un tema prioritario para el sistema político uruguayo. Nunca lo fue. Fíjese: ministro de Economía, ministro del Interior, ministro de Relaciones Exteriores, ministro de Defensa, presidente, teniendo que sentarse a definir la política de Defensa Nacional... A su vez, el Parlamento tiene el proyecto de ley de inteligencia desde el 2011, y al no aprobarse nos tranca el destino de la Dinacie (Dirección Nacional de Inteligencia de Estado), su relación con el Esmade (Estado Mayor de la Defensa), y esto es como un dominó: si no se cumple una etapa no se puede pasar a la otra. Sería muy atrevido definir líneas de acción presupuestal sin tener cumplida esa etapa. Si bien podemos imaginarnos el rumbo que tomarán las cosas cuando se aprueben, no podemos adelantarnos al hecho formal de su aprobación. Por eso voy a reclamar que se priorice esto para destrancar esa gran reforma del Estado que tiene que ver con Defensa y que ahora está trancada. También tenemos lo de Meteorología, que está trancado, son decisiones que competen a varios ministerios. Es trabajoso llevar las cosas a la práctica, muy trabajoso. Después están las resistencias a los cambios, pero eso ya es más interno, de las fuerzas, que tienen que ver con hábitos y maneras de actuar antiquísimas.
—¿Se cayó de manera definitiva la “gran mudanza” de unidades que había anunciado y la creación del campus universitario militar en Laguna del Sauce?
—Fui derrotado con total éxito. Al principio el plan tuvo mucho apoyo, pero luego no fue... Y como yo gobierno, no mando... También es cierto que me dieron argumentos muy fuertes, que si bien no formaron convicción en mí, sí asumí que debía respetarlos. Me hablaron por ejemplo de infraestructuras ya desarrolladas y muy buenas, como la que tiene la Escuela Militar, y cosas por el estilo que habría que reconstruir en ese proyecto. Sigo pensando que a la larga la modificación de concepto y de organización y estructura de las Fuerzas Armadas conducirá a eso: una educación común y el mismo centro de enseñanza. Pero de aquí a que se rompan las chacras que radican en la cabeza, también en los hechos, se necesitará un gran trabajo ideológico y de convencimiento. Lo viejo se resiste a morir y no acepta lo nuevo. Me imagino lo que serán otros ministerios, porque este es un ministerio clarísimo, sencillo, cristalino. A veces tengo la sensación de que manejo cuatro o cinco ejércitos, y a veces se llevan mal entre ellos. Esto es muy antiguo, ha generado problemas en todos los países del mundo.
—¿Por qué dijo “yo gobierno, no mando”?
—Esto a veces lo discuto con los militares. En las Fuerzas Armadas rige el mando, lo cual es correcto, tiene que ser así porque si no, no funcionan. Especialmente porque se preparan para circunstancias muy jodidas, que ojalá nunca ocurran pero para eso hay que prepararse, y entonces se da una orden y hay que cumplirla. Pero la palabra “gobierno” es marítima, proviene de “gobernalle”, la designación del palo que gobierna el timón. Cualquier marino sabe que a un velero no se lo manda: se lo gobierna. Es una transacción contra el viento, las corrientes, la tripulación, las características del barco. El rumbo es la resultante de una permanente transacción, y eso lo saben los marinos. Hay diferencia entre gobernar y mandar. De la simbiosis entre especialistas militares y mandos civiles se produce el hecho de que sobre el mando predomina el gobierno. Nosotros no podemos mandar, sino gobernar: ¿por qué? Y, por ejemplo, porque el ideal del Ministerio de Economía debe ser, imagino, mandar una orden al mundo de que las cosas fueran como se quiere, pero somos tomadores de precios, de inflación, nos revolvemos como cachila en tierra suelta, dirigiéndonos hacia un rumbo general pero a veces en zig zag, o a veces parando, retrocediendo, no mandando sino gobernando.
—Hace algunos meses, usted fue muy firme en su cuestionamiento a lo que dijo la senadora Lucía Topolansky sobre las Fuerzas Armadas, en cuanto a que quería un tercio de los coroneles frenteamplistas, entre otras cosas. El episodio quedó ahí, pero dejó en evidencia diferencias de concepto. ¿Están coexistiendo en el Frente Amplio quienes quieren eliminar o marginar a las Fuerzas Armadas con quienes quieren dominarlas políticamente?
—Sí, y creo que es producto de un gigantesco y monumental equívoco y torpeza. Hay hasta cátedras de la Universidad de la República fundadas sobre la base de una teoría que habla de la necesidad del control civil sobre las Fuerzas Armadas. Son teorías de autores como Huntington, de hace relativamente poco tiempo, y por supuesto que son oriundas de los Estados Unidos. Portentosas ONG y think-tanks de Estados Unidos pusieron a rodar esa especie teórica, diciendo que el grave problema era o es que las Fuerzas Armadas son una corporación que no tiene control civil. Yo digo entonces que es como la universidad, porque ya que nos planteamos esto para las Fuerzas Armadas vamos a plantearlo también para la Universidad. Eso adolece de un craso error de análisis: las Fuerzas Armadas de Uruguay, y las de Estados Unidos, carecieron jamás de un portentoso control civil. Y quien mire para atrás y lo crea está profundamente equivocado. Los golpes de Estado en la región, todos juntos, no se dieron por una decisión militar. Es muy probable que ni siquiera por decisión militar estadounidense sino de Wall Street, de gente con trajes de alpaca, gente muy civil. Tal vez tuvieron demasiado control civil las Fuerzas Armadas. El control civil de las Fuerzas Armadas ha sido proverbial. Ahora el diputado Fernando Amado saca un libro donde Lacalle dice que decidió ingresar a dos áreas que eran privativas del Partido Colorado, que eran la colectividad judía y las Fuerzas Armadas. Lo dice él, y no miente. Y además lo logró. Que haya gente y de izquierda que no se dé cuenta de eso, que crea que la oficialidad uruguaya no tiene opinión partidaria —que tiene derecho a tenerla porque puede votar— es increíble. El problema es que hubo demasiado control civil de las Fuerzas Armadas. El equívoco entre los que dicen eso en la izquierda es que están hablando del control frenteamplista de las Fuerzas Armadas. Hay un gran equívoco, porque confunden control civil con control partidario. Es verdad que el Frente Amplio no disfruta de mucho apoyo en el seno de la oficialidad de las Fuerzas Armadas uruguayas, como no disfrutaba de apoyo en la población antes de que la población lo votara. Ese apoyo, esa coincidencia, es un tema de conciencia y corazón. Esa misma gente agrediendo, además, de esa forma a las Fuerzas Armadas, difícilmente logren jamás su apoyo. Se la están entregando envuelta para regalo a otras corrientes partidarias. Esa especie teórica viene de Estados Unidos. El control civil de los militares en Uruguay se produjo siempre. Lamentablemente a veces fue demasiado y se usó para cosas chanchas.
—Y usted dice que no se arregla...
—El tema no se arregla poniendo acá jerarcas frenteamplistas. Es una estupidez. Creer que poniendo acá unos muchachos del Frente Amplio se arregla el tema es de una chapucería y grosería... Además, si vamos a hablar de corporaciones en Uruguay, vamos a hablar de todas, ¿no? Empezando por la Universidad, por la enseñanza, por los médicos, por los arquitectos, por los ingenieros —especialmente de la UTE— los escribanos, los que se votan sus ingresos en su propio gremio y así financian su propia caja, en este país de corporaciones hablemos de todas y cortemos parejo.
—¿Está demorado el acuerdo de cooperación en defensa con Estados Unidos?
—No, son tiempos totalmente razonables. El tratado que tenemos vigente es de 1952. Es tan vetusto que le dije al señor (ministro de Defensa estadounidense, Leon) Panetta que era para ir a pelear a la guerra de Corea.
—Se rió, supongo.
—Sí, claro, porque además lo había leído y me dijo que sí, que era así. Es de un mundo que ya no es, pero está vigente. Y pasó por muchos gobiernos así. Creo que el Partido Nacional no lo votó, sino que solo salió con votos del Partido Colorado. Está vigente, nunca fue derogado. Y estamos tratando de sustituirlo por uno más adecuado a los tiempos que corren. Ese tratado es militar, de colaboración común en lo que sea. Diga usted que, como tantas leyes y tratados en el mundo, no se aplica. Porque si no...
—... Uruguay estaría peleando en Afganistán?
—Puede ser, sí. Quienes firmaron este tratado querían llevarnos a pelear a Corea, los uruguayos. Fue cuando el viejo Herrera dijo “allá los rubios del norte con sus problemas”. Hay que tener memoria. Era la época en que la teoría Rodríguez Larreta, dirigente político, proponía que Uruguay encabezara junto con Estados Unidos la intervención a Argentina en defensa de los derechos humanos. Uruguay fue partidario de hacerlo en Argentina, contra Perón. Invadirlos junto con Estados Unidos: unos guapos de barrio con un amigo atrás que daba para pecherear. Éramos muy alcahuetes de Estados Unidos nosotros. Creo que hasta el propio Estados Unidos nos pidió que nos sosegáramos.
—También es cierto que hace poco, cuando Uruguay estaba en problemas con Argentina, Tabaré Vázquez le pidió a Estados Unidos que avisara que es amigo de Uruguay así calmaba el conflicto...
—Una desgraciada declaración que ha hecho Tabaré Vázquez. Es que la Convención Preliminar de Paz de 1828 sigue vigente. Y la independencia de Uruguay está garantizada por Brasil, por Argentina y por el Reino Unido. Hasta hoy.
—¿Lo “desgraciado” de Tabaré Vázquez fue lo que hizo o el hecho de que lo haya declarado?
—Los asuntos con nuestros vecinos los tenemos que resolver entre nosotros.
—Uruguay es mucho más chico que sus vecinos.
—Es parte de la historia. La decisión de 1828 fue salomónica: ni para uno ni para otro, sino todo lo contrario. Pongamos un algodón entre dos cristales, como decía Lord Ponsomby, y siempre se dio que una vez teníamos problemas con Brasil y otra vez teníamos problemas con Argentina, y siempre que teníamos problema con uno, el otro medio que nos defendía, para equilibrar.
Lo que hizo el diputado oficialista Esteban Pérez es “patológico”
—El contrapunto que mantuvo días atrás con el diputado del MPP Esteban Pérez por denuncias de corrupción que él formuló sobre los militares uruguayos en Haití, ¿es un hecho aislado o existe una ofensiva de legisladores del propio Frente Amplio para reducir o eliminar la participación uruguaya en misiones de paz?
—Es una minoría muy minoritaria la que hoy propone dejar las misiones de paz, y no es algo que influya mucho en el pensamiento de las grandes mayorías. Hemos discutido hasta el hartazgo, con gran seriedad, el tema Haití. Se tomaron decisiones como el propio repliegue, pero repliegue organizado, para que no se produzca un desastre. Yo no lo dije, pero tengo el informe del comandante (en jefe de la Armada, Ricardo) Giambruno, que indica las tareas de la Armada en Haití, y una de ellas es trasladar médicos cubanos, darles protección a médicos cubanos, que trabajan muy asiduamente con nosotros. Todas las ONG (Organización No Gubernamental) que trabajan en Haití, si carecen de seguridad, estarían fritos. Damos apoyo a los civiles que realizan tareas de desarrollo. La ONU está graduando el repliegue para que el remedio no sea peor que la enfermedad. Por lo demás, si existe o existió un delito, este Ministerio está abierto, y lo ha demostrado, a realizar investigaciones y aplicar sanciones y pasar antecedentes a la Justicia. Estamos tranquilos en ese sentido.
—Ahora, el hecho de que un diputado del propio oficialismo haga públicas estas denuncias parece difícil de explicar...
—Sí, es muy difícil de explicar.
—¿Cómo lo explica usted?
—Yo no lo entiendo, es patológico, y no se puede explicar algo que es irracional. Aquí hay compañeros del MPP (Movimiento de Participación Popular, el sector del diputado Pérez) integrando la cúpula del Ministerio, compañeros importantes, y las puertas están abiertas. Aparte, suponiendo que fuera verdad, tiene que venir un informe confidencial para poder agarrarlos con las manos en la masa. Esto es patológico.
—Usted habló de grandes intereses contra la misión en Haití. ¿Cuáles son esos intereses?
—En el incidente que tuvimos con este muchacho haitiano que fue abusado, sus abogados son los representantes de Duvalier en Haití, proveniente de Francia con papeles franceses. Son abogados norteamericanos. Aclaro que esto no significa que el muchacho tenga algo que ver con esto. Esto es para mostrar qué fuerzas se están moviendo. Hoy la palabra Ejército es mala palabra en Haití, y eso dificulta la retirada. La Armada está trabajando en la preparación de la guardia costera de Haití, que es muy importante. Pero la cosa no es fácil. Ahora bien: como dijo (el ministro de Defensa de Brasil) Celso Amorim, Haití no será una colección de ONG, cuidado. Que también ahí hay muy poderosos intereses. Haití quiere ser un Estado, no una colección de ONG, que son internacionales, que tienen representaciones acá, financiadas. Brasil tampoco quiere ser una colección de ONG, pero tiene 150.000, de las cuales 10.000 están en el Amazonas. Ahora las va a empezar a controlar, para que digan de dónde provienen sus recursos.
La actitud del premier británico es de “guapo de barrio” y “asusta”
—¿Venezuela puede ser un factor de inestabilidad en caso de que se confirme que Chávez no podrá asumir su cargo? ¿Cómo lo ve?
—Complicado como calzoncillo de pulpo está el asunto en Venezuela. Complica todo. No creo que sea un factor de desestabilización continental, pero hace vivir a Venezuela una crisis, una tirantez.
—¿Se podrá llegar a la violencia?
—No creo. Crisis sí, pero política. Si el chavismo no logra mantener unidad y coherencia, o si la oposición no es leal, todo se puede encarajinar.
—El premier británico, David Cameron, dio una entrevista días atrás y dijo que si hay problemas, el Reino Unido está dispuesto a combatir por las islas Malvinas, que tiene el quinto presupuesto militar del mundo, y que es fundamental que haya en las islas aviones caza y tropas. ¿Qué opina?
—Son declaraciones propias de un guapo de barrio, no de un primer ministro. A uno lo asusta ese tipo de lenguaje por parte de un primer ministro del Reino Unido.
—¿Es pensable otra vez lo bélico?
—No, pero se ve que en la cabeza de este muchacho sí. Sé que tiene gravísimos problemas internos en el Reino Unido, algunos dicen que su crisis es enorme pero está bien tapada, y todo indica que está tratando de llamar la atención hacia otro lado.
Contratapa
2013-01-10T00:00:00
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