Graziano no se esfuerza por adoptar un tono de buen humor, porque casi todo lo que recuerda es positivo. Nacida en Dolores, es hija única de un comerciante italiano que le inculcó la pasión por el estudio, y una madre que aún la acompaña, junto a tres hijos y seis nietos. A los 14 años llegó a Montevideo, pero trabajó en Soriano, Salto y Río Negro, experiencia destacada por el presidente del Codicen, Robert Silva. Fue profesora, adscripta, directora, inspectora y estaba jubilada cuando Guido Manini Ríos la invitó a ocupar el sillón de consejera del órgano rector de la ANEP, el que ahora abandona para mostrar “el pequeño santuario” que armó en su despacho y que representa una escena de lo que concibe como “la esencia educativa”.
—Asumió a finales de julio, en plena pandemia y tras una vida dedicada a la educación. ¿Por qué aceptó la oferta de Manini Ríos y con qué ideas llega al Codicen?
—En mi vida hay tres ejes fundamentales: familia, vocación y trabajo. Hoy siento que tengo un compromiso con el país en un momento tan difícil. Estaba jubilada pero no retirada de la educación. Quería aportar mi granito de arena: mi experiencia docente directa, como profesora de Geografía, e indirecta, por mi labor en gestión administrativa y humana, y mis conocimientos de estrategia para alcanzar los objetivos. Por eso acepté. Nunca milité en política y sé que todo cargo es coyuntural, porque lo que permanece es la persona. Y eso es lo que debe priorizar la educación, lo humano, lo social. Defender los valores de convivencia, de respeto a las normas y de tolerancia a quien piensa diferente. Equilibrar derechos con deberes y jerarquizar la función docente, que es insustituible, porque la informática es una herramienta, pero no tiene vida. En cambio, el docente le imprime vida a la educación, porque tiene corazón.
Una experiencia que marcó mi vocación humanística la tuve en el antiguo IBO (Instituto Batlle y Ordóñez, donde hoy funciona el IPA) que entonces era un instituto de señoritas de Secundaria y cuya directora, Alicia Goyena, toda una referente, valorizaba la superación de la mujer en la educación y en la cultura. Otro jalón hacia la educación y los derechos de la mujer lo viví en el Liceo 34, en Cuareim y 18, donde había un internado de señoritas que formaba a las maestras para entrar en el mercado laboral en una época sumamente difícil.
—Su currículum dice que también fue docente del Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES) y asesora docente del Centro de Altos Estudios Nacionales (Calen). ¿En qué consistió ese trabajo de “estrategia nacional” y esos “ejercicios académicos”?
—Eso lo quiero aclarar explícitamente. Al Calen iban personas que no solo eran militares. Era un curso de estrategia y de preparación en las diferentes áreas del poder: político, económico, sociocultural, militar... Iban conferencistas de todos los sectores políticos y de diferentes entidades públicas y privadas, y se generó un grupo muy rico de intercambio de conocimiento. Yo primero hice el curso en el Calen, designada por Secundaria, en 1998, y obtuve el primer lugar. Del Calen me propusieron que me quedara como asesora docente en el área sociocultural. También me pidieron ser docente del IMES, porque me fui perfeccionando en educación vinculada con los conocimientos estratégicos. De ahí, diríamos, me conocieron (los militares) y me llamaron.
—La llamó Manini Ríos.
—Exacto, sí. Cuando se formó el partido (CA), hace un año y medio, Manini me llamó para una entrevista. Yo entonces no lo conocía.
—¿Y qué le dijo?
—Me preguntó si yo quería aportar mis conocimientos en la educación. Él tenía referencias de mi trayectoria y mi desempeño en el área sociocultural. Le dije que con mucho gusto, porque mi interés es volcar lo recibido en la educación. Y así fue. Pero nunca busqué un cargo ni provengo de familia militar, en absoluto. Realmente le dije: “Mire, yo no vine por esto”. Y él me dijo: “Nosotros lo sabemos. Pero es la persona indicada, tiene preparación... ¿Le parece?”. “Déjeme pensarlo un poquito”, le dije, porque en ese momento no planeaba retomar la actividad. Mi familia me convenció, y por eso estoy aquí.
—¿Qué herencia dejaron las administraciones del Frente Amplio para la educación?
—Nos preocupan mucho los resultados de aprendizajes en todos los niveles, la iniquidad educativa y sobre todo la deserción de la población más frágil. Es un enorme rezago educativo que se traduce en que muchos niños salen de la escuela sin los conocimientos básicos de cálculo, de lectoescritura y de informática, y después dejan el sistema…
Pero a veces pecamos de lo que yo llamo egocentrismo profesional, de enfatizar la crítica sobre las debilidades del pasado, sin una actitud proactiva para encontrar soluciones. Porque lo que está ya se hizo, y hay cosas buenas a rescatar y a continuar. Y cosas que hay que mejorar. Pero no desde la omnipotencia del poder, porque también hay grandes sabios maleducados. Por eso hay que tener una visión sistémica y pragmática, de apertura y escuchar, sobre todo a los técnicos.
—Con la pandemia, se disparó la cantidad de alumnos que no van a clase y así la brecha socioeducativa. ¿Cómo se frena esa hemorragia?
—Eso nos preocupa tremendamente. Tenemos lo que se llama educación híbrida, con parte virtual y parte presencial. Al principio se hizo lo que se pudo con la poca experiencia que se tenía. Hubo alumnos que se conectaron diariamente, otros en forma esporádica, y están los que no se conectaron nunca. Esa desconexión nos preocupa tremendamente y por eso tenemos que focalizarnos en los niños y los jóvenes de las zonas más vulnerables de Montevideo y del interior profundo, porque muchos se están quedando por el camino.
—Eso también se agravó con la no obligatoriedad de la asistencia y el cierre de los comedores escolares, que reabrirán ahora, cuando ya a comienzos de setiembre el Ministerio de Salud Pública había recomendado reiniciar el servicio. ¿Por qué se demora tanto en rever esos temas?
—Paso a paso tratamos de resolver de la mejor manera esos temas. Una cosa es el escenario deseado y otra, el posible. Ya estamos en proceso de que se abran los comedores escolares. El Codicen autorizó esta semana su reapertura y también la elaboración de alimentos en los centros educativos. Esto supone un incentivo para que la asistencia a las aulas sea mayor. Es cuestión de días…
—¿Pero ese “paso a paso” no requiere un ritmo más acelerado, pensando sobre todo en los que se van perdiendo por el camino?
—Hay que tratar de atraerlos, pero el sistema educativo no lo puede todo. Hay que involucrar a toda la sociedad, a los docentes, a los padres y a los medios. La responsabilidad es de todos, no solo de lo que de aquí surja. Todos tenemos que sensibilizarnos ante esta situación particular.
—¿Por qué no se replantea ya la obligatoriedad?
—Porque tenemos que ajustarnos a los protocolos y recomendaciones sanitarias. En el Codicen siempre hacemos la consulta previa al Sinae (Sistema Nacional de Emergencia) y al Ministerio de Salud Pública. Nunca adoptamos medidas en forma intempestiva, sin reflexionar. Las pensamos mucho en las reuniones del Consejo.
—Pero al final da la impresión de que pasa el tiempo y se pasan la pelota de un lado a otro...
—Todos nos podemos equivocar, pero tratamos de adoptar las mejores soluciones en una situación tan difícil como la que vivimos. Tenemos fe en ir saliendo de esta situación que también es mundial, y que en particular requiere un compromiso docente.
—La directora de Secundaria, Jenifer Cherro, dijo que hay docentes que están faltando “mucho más” a los centros públicos que a los privados...
—Bueno, cada uno sabe de su responsabilidad y lo afrontará según su deber moral de haber cumplido o no. Pero me consta que la mayor parte de los profesores han tenido una contracción al trabajo muy grande.
—¿Comparte la idea de que los escolares pasen de año sin calificaciones?
—A veces se difunden determinados planteos que no son resoluciones del Codicen y se toman como tales. Es importante primero discutir todo esto a nivel institucional, porque si cada uno sale a decir públicamente lo que piensa, al final producimos mucha confusión, inquietud y desasosiego en la población.
—Los sindicatos se plantaron en pie de guerra ya desde antes de asumir el gobierno. José Olivera, dirigente gremial docente, dijo que “ganó el neofascismo filo Bolsonaro” y que el ministro de Educación “chorrea neoliberalismo”. ¿Cómo ve la relación con los sindicatos?
—Todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión. Mi función es tratar de integrar. No emplear el descalificativo, el insulto ni el lenguaje soez porque si no, derivamos en la violencia que a veces vemos trasladada a las escuelas y liceos.
—¿El paro es una medida “ya obsoleta” como afirmó la directora de Secundaria?
—Es un derecho y hay que respetarlo. Pero tiene tanto derecho el docente que no asiste a clase como el que quiera ir. No acepto presión de ningún tipo ni tampoco agresión contra el que opina distinto.
- Recuadro de la entrevista
En la educación sexual hay que tener un respeto “muy grande” por la postura de la familia