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    La joya de Goes

    Reabrió el Mercado Agrícola y la ciudad recupera un barrio perdido

    Durante las últimas décadas la zona ha cargado con un lastre muy pesado. “Por ahí no vayas, es un peligro”; “¿Te vas a vivir ahí? ¡Estás loco!”. “Ahí es donde estaban los Tumanes. Es tierra de nadie”, le dijo una vez un agente inmobiliario a un matrimonio que pensaba ingresar a un complejo de apartamentos, en referencia a la banda de delincuentes que asolaba el lugar 20 años atrás. Antes de la crisis de 2002 ya era una zona roja, y con aquel severo retroceso económico y social, las ruinosas casas abandonadas en varias manzanas situadas entre el “barrio de los judíos” y el Palacio Legislativo fueron ocupadas. En poco tiempo calles como Ramón del Valle Inclán, Libres o Martín García se volvieron fantasmales galerías pastabaseras. Ya no estaban los Tumanes, que según los vecinos “tenían códigos”. Ahora sus descendientes rastrillaban una y mil veces a vecinos y comerciantes de su propio barrio. Un complicado territorio comanche a cinco minutos de 18 y Ejido.

    Los procedimientos policiales para desbaratar bocas de droga se hicieron cotidianos: patrulleros a toda velocidad, “tortugas ninja” de la Guardia Metropolitana que pateaban puertas y amontonaban planchas contra los muros, agentes a caballo que atropellaban por veredas y terrenos baldíos, mujeres desaforadas que arremetían contra los milicos para evitar que se llevaran a su hijo-hermano-marido.

    La conflictividad de Goes y Villa Muñoz llegó al cine con la película “Reus”, un policial cuya segunda parte se estrenará en breve, sobre una guerra entre mafias familiares que pugnan por controlar el otrora pacífico distrito mayorista de la ciudad.

    En ese panorama, el Mercado Agrícola en ruinas era el emblema de la decadencia de Goes. Fachadas y vitrales derruidos, calles hediondas de verdura putrefacta, locales mugrientos y charcos de agua podrida imprimían una penosa postal. Adentro, un puñado de mercaderes vendían frutas y verduras, quesos y fiambres, como en la feria, o peor, sobre precarias mesas de caballete.

    Enfrente, otro espectro del pasado: el edificio de Alpargatas, una mole de cuatro caras que protagonizó el auge industrial de la posguerra. Fue el buque insignia del Plan Fénix y luego escenario de un estruendoso bochorno inmobiliario: solo se construyó la cuarta parte de la obra, el emprendimiento quebró y decenas de compradores resultaron estafados. Ahora el proyecto Altos del Libertador promete un “condominio urbano” de lujo para terminar la obra.

    Empuje cultural.

    En 2005, cuando se puso en marcha el proyecto de remodelación del Mercado Agrícola, muy pocos en el castigado vecindario avizoraban tamaña resurrección.

    El programa Renová Goes coordinó acciones nacionales, municipales, policiales y ciudadanas. Algunos emprendimientos culturales iluminaron el camino. Las ilusiones comenzaron a crecer cuando el subsuelo del mercado fue refaccionado con dineros del presupuesto participativo votado por los vecinos, y se edificaron oficinas y salas de reuniones para el Mercado y otros grupos de la zona. Se habilitaron préstamos baratos para refacciones de fachadas e interiores de las viviendas.

    El Departamento de Cultura de la Intendencia comenzó a utilizar el viejo mercado como locación de festivales musicales, Movida Joven, milongas y otros encuentros tangueros. En 2011 se acondicionó rústicamente la vieja cámara frigorífica, se la bautizó “El Mura” y se puso en escena la obra teatral “Pogled”, de Iván Solarich, que ganó tres premios Florencio.

    Paralelamente, un sostenido trabajo policial fue apaciguando las cuadras más violentas mientras se construían varios complejos de viviendas. La llegada de nuevos residentes y sus proyectos dinamizaron el barrio. Se demolieron las casas ocupadas y se generaron nuevos espacios verdes. De a poco comenzó a cambiarle la cara al vecindario. Lo que antes era un oscuro pasaje de tierra hoy es un coqueto paseo arbolado con juegos infantiles, bancos de plaza y prolijos canteros de flores. Según la gente del barrio, aún quedan activas algunas bocas de pasta base, pero la percepción generalizada es que la zona ha recuperado gran parte de la seguridad perdida.

    Muy cerca de allí, el complejo Reus al Norte recuperará su colorido 20 años después de su primera refacción: las tres cuadras peatonales de casas de dos plantas con ricas aberturas y balcones floridos volverán a ser pintadas según un plan elaborado por la Facultad de Bellas Artes.

    La remodelación de la plaza donde estaba la vieja terminal suburbana, en General Flores, a tres cuadras del Mercado, incluyó la apertura del Centro Cultural Terminal Goes, abierto por la IM en abril de 2012, con espacios para muestras, biblioteca y una muy bien equipada sala de espectáculos.

    Un año más tarde, la apertura del nuevo Mercado Agrícola, en el año de su centenario, completa una serie de acciones que permiten a Montevideo recuperar un territorio que hasta hace poco fue un agujero negro, con énfasis en tres potentes manifestaciones culturales: gastronomía, patrimonio arquitectónico y artes escénicas.

    Bajo techo.

    Cuando se cumplen 100 años de su primera inauguración, el Mercado Agrícola es ahora un paseo techado de seis mil metros cuadrados, con más de cien locales. No hay grandes cadenas: la mayor parte de los comercios son de los antiguos puesteros. La IM aportó 11 de los aproximados 16 millones de dólares que costó la refacción. El BID contribuyó con 1.213.000 dólares, a través del proyecto Renová Goes, para modernizar la gestión y el marketing de los comerciantes. La Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo puso 580.000 euros (unos 750.000 dólares), destinados a la recuperación de las fachadas. El resto (unos tres millones de dólares) correspondió a los comerciantes, responsables de acondicionar sus locales.

    La rehabilitación, dirigida por el arquitecto Carlos Pascual, integrante del equipo municipal que restauró el Teatro Solís, se inspiró en la reciente reconstrucción del mercado de la ciudad española de Burgos. El techo de hierro, donado al presidente Batlle y Ordóñez por el gobierno de Bélgica, y su estructura lateral de cerámicas y vitrales fueron restaurados a nuevo, según los diseños originales. Se añadió una cobertura interior de madera que mejora la aislación térmica y ofrece un cálido marco visual.

    Los vistosos pisos de porcelanato y adoquines, los locales modernos, las frondosas plantas interiores, la cautivante mezcla de aromas y sabores reclaman la atención del caminante. Pero la mirada se eleva inexorablemente y ese techo formidable se lleva el premio mayor.

    La oferta de este auténtico emporio gastronómico, abierto de lunes a domingos de 8 a 22 horas, incluye frutas y verduras, tiendas especializadas en cocina gourmet, especias, vinos, cervezas artesanales, carnes, ?ambres, quesos, pescados y mariscos, productos macrobióticos y orgánicos, ?ores y plantas.

    La Cocina del Mercado alberga un plaza gastronómica en medio de una decena de restaurantes, dos de ellos parrillas. Además de un supermercado, locales de decoración y regalos, locales de cobranza y servicios financieros, nuevos gabinetes higiénicos, juegos infantiles, accesos inclusivos, playas de estacionamiento y parada de taxis.

    A mediados de agosto se abrirá El Mura, la sala polivalente de teatro, música y danza situada en el subsuelo del edificio, que encabezará la propuesta cultural del mercado y se suma a la nutrida actividad gastronómica y artística en locales y espacios ambulatorios. Iván Solarich, director de El Mura, regaló al Mercado los tres Florencio que ganó “Pogled”, gesto festejado por Ana Olivera en su discurso inaugural: “¿Qué mercado abre con tres Florencio?”, exclamó la intendenta.

    La directora del complejo, Beatriz Silva, al frente de un equipo de gestión formado por vecinos de Goes, dijo a Búsqueda que el objetivo fundamental es devolverle a la ciudad un espacio de reunión y encuentro. Así expresó su emoción: “Cuando comenzamos me dijeron que me entregaban una joya. Ahora está a la vista”.