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Fue en el domingo de las elecciones internas, cuando todavía faltaban unas cuantas horas para que se abrieran las urnas y se confirmara la sorpresa de su victoria. Ese día, mientras iba a votar, caminando relajado por las calles de Canelones, sonriendo y saludando a todos a su paso con su clásica botella de agua sin gas en la mano, el candidato blanco Luis Lacalle Pou pegó un atlético salto para sortear una valla de hierro que se interponía entre él y la puerta del lugar de la votación. “No sé si los otros candidatos podrán hacer esto”, comentó por lo bajo y guiñando un ojo ni bien puso los pies en el piso.
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Antes de ganar las internas, el tema de su juventud y vitalidad con respecto a sus competidores ya estaba bien presente en su cabeza. Pero hasta ese momento en el comando de campaña todavía campeaba la incertidumbre sobre dónde ubicar su edad —tiene 40 años—, si en el casillero de los activos o en el de los pasivos. No se podía decir que su juventud era un lastre, pero claramente no se evaluaba como un activo, no se percibía como una ventaja. Para sus asesores seguía siendo un “punto débil”.
“El signo de interrogación rumbo a la interna estaba compuesto por el tema de la edad y por si daba la talla para ser un presidenciable. Todo eso se revirtió a partir del primero de junio”, comentaron a Búsqueda fuentes cercanas a Lacalle Pou. La victoria en la interna despejó las incertidumbres y alimentó la confianza. Comprobaron con resultados que la campaña desestructurada y juvenil (el candidato repitiendo “vamos a innovar” en loop y tono de rap, el candidato en shorts y corriendo por las sierras) había “prendido” en la gente. Ahí cambió el concepto. Y la idea de polarizar, de hablar de juventud versus vejez, les cerró a todos en el comando. “Con un candidato como Tabaré Vázquez y sus 74 años enfrente, la edad, la alegría, la juventud arrolladora de Lacalle Pou pasó a ser un activo en la campaña”, afirmaron las fuentes.
No es una estrategia deliberada, aseguran en el comando, pero cada vez que se puede se remarcan las diferencias. “Son dos estilos de campaña: una cosa espontánea, joven, fresca; y una cosa medio inentendible y aburrida. Una cara sonriente y una cara amargada”, comparó el diputado Javier García en una entrevista en el programa “Claves Políticas” del canal “Nuevo Siglo”.
La bandera.
El jueves 31 de julio, Lacalle Pou y su compañero de fórmula Jorge Larrañaga llegaron sobre el mediodía a la ciudad de Cardona. Allí comieron un asado en el Centro Democrático junto a dirigentes locales del Partido Nacional y otros diputados y senadores. Una hora y media después, de a poco, comenzaron a salir del salón para emprender una caminata de una cuadra y media hasta el Club Social Cardona donde encabezarían un acto. El recorrido lo hicieron en un ambiente de distensión e intercambiando bromas constantes con los vecinos y sus compañeros de partido.
Al llegar a una esquina, Lacalle Pou ensayó una maniobra exigente. Puso sus dos manos sobre un poste, hizo fuerza para levantar su cuerpo y quedó suspendido en posición horizontal por unos segundos. “Díganle a Tabaré que lo espero acá en la bandera”, desafió luego de cruzar la calle donde ya se agolpaban un centenar de personas. El candidato quiso luego evitar que la imagen se hiciera pública. “Es un regalito que les hago pero no es para publicar. Todavía no me la publiques”, le dijo al fotógrafo de “El Observador” y luego repitió el pedido en términos similares a la fotógrafa de “El País”. Después se mezcló de nuevo entre la gente a repartir saludos.
Pero mientras el candidato todavía hablaba en el acto, la imagen fue publicada y se empezó a viralizar en Internet. Hubo todo tipo de reacciones. Los militantes frentistas oscilaron entre la burla y la indignación. Los blancos defendieron su “espontaneidad“. La imagen del candidato blanco haciendo “la bandera” se transformó en tema de campaña, en hecho político. “Lo decimos seriamente: esa acrobacia tipo ‘baile del caño’ es infantil y de muy mal gusto. Con el país no se juega”, escribió el senador oficialista Rafael Michelini en su cuenta de Twitter. El senador socialista Daniel Martínez también se mostró molesto. “Sobre la pirueta uno podría decir que es exhibicionismo. Pero cada uno hace lo que quiere. Si quiere jugar a la mancha, que juegue a la mancha. Pero más bien viene jugando a la escondida por ese perfil que muestra de ‘paz y amor’”, dijo a “Montevideo Portal”.
El viernes 1º de agosto, bien temprano, sobre las siete de la mañana, Lacalle Pou llamó a sus asesores para analizar las repercusiones. Todos coincidieron en que fue un “acto espontáneo” —Lacalle Pou dice que hace “la bandera” en todas las ciudades que visita— que muestra su forma de ser: “Alegre, optimista”. Sin embargo, también se analizó que hizo “una de más”, que se salió “un centímetro del carril” al desafiar a Vázquez a que repita la prueba. “Hubiera sido mejor no hacer ese comentario”, concluyeron.
A los pocos minutos, esa misma mañana de viernes, Lacalle Pou publicó en su cuenta de Twitter un video titulado “Perdón”. Pero el video, grabado con su cámara go pro mientras hacía ruta en su camioneta, lo muestra más bien irónico. “De noche me fui a dormir un poco angustiado por todo el episodio que todos conocen. Hoy me levanté y dije: vamos a pedir perdón. Porque si a alguno le molesta hay que pedir perdón por la alegría que le ponemos a este trabajo. (…) Perdón por no hablar mal de nadie, por no gritar. Perdón por presentar más de 800 propuestas y hasta el momento no lograr que el candidato del oficialismo quiera intercambiar ideas. Quizá debamos pedir perdón por eso”.
Los jóvenes y los “ancianos”.
Al dirigente Federico Ricagni, referente de la Juventud del Partido Nacional, las repercusiones del episodio de “la bandera” le parecen “desproporcionadas”, pero reconoce que lo que dejó en limpio es que se empieza a instalar la “juventud contra la vejez” como tema de campaña. “Noto un Vázquez ofuscado frente a un Lacalle Pou con confianza. Parecería que la experiencia la tiene Lacalle Pou”, dijo a Búsqueda.
Ricagni sostiene que el “proceso juvenil del Partido Nacional es el más profundo de todos” y agrega como dato que en la interna blanca casi 30.000 votos fueron aportados por agrupaciones y líderes surgidos de las elecciones juveniles. Desde la otra vereda se observan algunas de estas actitudes de Lacalle Pou, como su prueba de destreza física, de forma mucho más crítica.
Matilde López, integrante del Ejecutivo de la Juventud Socialista, apunta que “más que hechos graciosos o de buena onda” lo que el candidato blanco pretende es “despolitizar la política, sacarle el contenido”. Lo compara con “otros líderes de derecha” en la región como el argentino Mauricio Macri o el chileno Sebastián Piñera. “Busca decir que para ser presidente no hay que ser aburrido. Y nosotros le decimos, volvamos al eje del asunto, a lo que se tiene que discutir”.
López es integrante del comando de campaña de los socialistas, responsables de spots publicitarios que muestran a distintos colectivos que lograron avances legislativos en este periodo. “Cuquito, te espero en esta bandera”, desafía una mujer sosteniendo un cartel que dice “Dignidad y derechos por el trabajo doméstico”.
Ayer miércoles 6, cuando los ecos de la bandera empezaban a apagarse, el candidato blanco volvió a poner de alguna manera el tema de la edad arriba de la mesa. Anunció que si gana las elecciones formará un “consejo de ancianos” con los ex presidentes de la República, entre los cuales se encuentra su principal competidor, Tabaré Vázquez. “Si nos toca gobernar vamos a convocar a los ex presidentes, que entre otras cosas les pagamos la jubilación. Viene a ser, y que nadie se moleste, una especie de consejo de ancianos”, declaró.
Y otra vez empezaron las reacciones. Marcelo Visconti, secretario de Comunicación del Partido Socialista, ató los dos temas en uno. “Consejo de ancianos. Seguir colgado del caño le está haciendo ir la sangre a la cabeza”, escribió en las redes sociales.