Algo pasa y nadie lo ve. Porque nada se mueve y lo que pasa no sucede afuera. Nadie sabe lo que pasa salvo ella, que sufre y no sabe por qué. Ella que no puede dormir y ve pájaros en sus sueños. Pájaros extraños, sombríos. Nadie ve lo que pasa porque sucede dentro de la cabeza de la joven protagonista de La cinta amarilla, el primer episodio de la serie El hipnotizador, una producción de HBO rodada íntegramente en Uruguay, basada en la historieta homónima de Pablo De Santis, con dibujos de Juan Sáenz Valiente (ver recuadro), referencia fundamental para la estética de la serie.
Desde el vamos se plantea que el único que podrá ayudarla es una suerte de detective de la mente, encarnado por un ojeroso y cascado Leonardo Sbaraglia que es Natalio Arenas, un experto hipnotizador que carga también con una historia oscura. La joven es la actriz brasileña Christiana Ubach, que trabajó para el capítulo con varios uruguayos y argentinos: Chico Díaz, César Troncoso, Marilú Marini y Chino Darín. En los títulos se rinde homenaje al actor uruguayo Delfi Galbiati, que falleció luego del rodaje.
La serie, con una primera temporada de ocho entregas, fue dirigida por los realizadores brasileños Alex Gabassi y José Eduardo Belmonte. El efecto general logrado es hipnótico, a través de ambientes oscuros, música envolvente y un metrónomo que machaca los segundos como un martillo en el cráneo. Un disparo quiebra la noche a espaldas de Natalio Arenas, el hipnotizador experto en inducir un estado onírico en sus consultantes, siempre de la misma forma: “El sueño llega con pies ligeros... Pero los pasos se hacen más y más pesados...”.
La acción transcurre en una ciudad fronteriza indeterminada. Para el director de arte uruguayo, el arquitecto Rodrigo Martirena, la propuesta fue “un desafío muy seductor” por el halo de misterio del tema, porque transcurre en un período de entreguerras y por las excelentes locaciones montevideanas. Aunque las historias son unitarias y empiezan y terminan en un capítulo, hay un hilo conductor. “A medida que avance la serie verán que hay una lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad”, dijo Martirena a Búsqueda.
El director de arte dijo que quedaron muy conformes con el resultado y que este trabajo ayuda a seguir generando experiencias que nivelen el trabajo de los uruguayos a nivel internacional. “Llegan, nos ven trabajar y confían en nosotros, entonces vamos haciendo camino”.
Nacho Mendy fue asistente de dirección junto a Germán Zecchi. En realidad tuvo dos roles más porque fue el director del casting uruguayo y actuó en uno de los capítulos. La dirección ejecutiva fue de Santiago López y Diego Robino, de la productora Oriental Films, elegida por la paulista RT Features como base uruguaya del proyecto. Mendy produjo y realizó la serie Charly en el aire. Apenas conoció el proyecto de El hipnotizador quiso participar. “En el guion se lee un mundo alquímico, mágico e hipnótico que nos lleva a Houdini, a referencias a la alquimia, con ese ambiente denso y maravilloso potenciado por la fotografía de Pedro Luque”.
La productora brasileña no había pensado en hacer un casting local, explicó Mendy, quien los desafió a que los papeles secundarios y los extras que pensaban traer de Venezuela, México o Colombia, fueran uruguayos. “Quedaron impactados a medida que yo les iba mostrando el casting. Y cancelaron la llegada de extranjeros”.
Niños en cámara.
Mendy explicó cómo es el trabajo con chicos en cine. “El niño no es tonto, de ninguna manera, sobre todo de los seis años en adelante. Está mucho menos limitado, a nivel de las emociones tiene la autenticidad con la que los grandes ya no contamos. Hay que ser muy cuidadosos a la hora de pedirles que revivan algo que sintieron, independientemente de la escasa experiencia emocional que han acopiado”. Explica que es preciso cuidar mucho más los aspectos físicos, porque los pequeños se cansan y pierden la atención con más rapidez. “Trabajar con ellos es maravilloso. Es mucho más plástico y sencillo para un director de actores que hacerlo con los adultos, porque el niño exterioriza sus brotes emocionales”.
En La cinta amarilla actúa una niña de siete años y aunque su papel es breve aparece en un punto clave de la historia. Es Evangelina Rodríguez, quien participó también como extra en el filme Mi amiga del parque, “una comedia preocupante” escrita, dirigida y protagonizada por Ana Katz, de próximo estreno. Su madre, Adriana Smañko, cuenta que la productora Oriental Films la convocó por su parecido con la actriz. Dice que Evangelina es bastante payasa y desinhibida. “La pasa bomba siempre en los rodajes. Los niños te dicen cómo se sienten, no tienen reparo en eso. Vimos el capítulo en familia y como aparece al final, ella se iba a jugar, venía y me decía: 'mamá, no es hoy, te equivocaste'”.
Entre otros sitios, la producción se rodó en el Parque Rivera y en una casona desvencijada del Prado, donde Evangelina interpretaba a la hija de Delfi Galbiati. Una escena requería que la niña se hiciera la dormida. “La hacían una y otra vez, ella cerraba los ojitos... Y en una se quedó dormida de verdad, e incluso hay una imagen donde la niña se despierta que es real; ellos la tomaron justamente por eso”, recuerda Smañko, entre risas.
El hipnotizador es impactante a nivel visual y es un producto poco frecuente en televisión. “La lucha por nuevos estilos estéticos tanto arquitectónicos como decorativos dialogan en las locaciones como también lo hacen la oscuridad y la luz manejada por la fotografía de Pedro Luque”, dijo Martirena, quien disfrutó de trabajar con escenarios como hoteles oscuros, una feria de las maravillas ambulante, un serpentario, hospitales y manicomios. “Lo que me sedujo más del planteo inicial de los directores fue lograr una atmósfera diferente a la que acostumbramos ver en televisión, ir hacia un lado más expresionista y darle importancia a la imaginación y la sugerencia. No es casualidad que el ritmo de la serie tenga el tono de una hipnosis, varios elementos fueron usados desde las distintas áreas (dirección, foto y arte) para lograr este tono diferente que mira con nostalgia el cine de los años 40”. Martirena recordó que De Santis se entusiasmó enseguida con la idea de que su tira fuera llevada a la pantalla.
Uno de los desafíos más grandes de la producción fue la construcción de un serpentario, un espacio onírico armado en base a una estructura volumétrica parecida al huevo de la serpiente. “Intentamos ir más allá y avanzar hacia un espacio con connotaciones del nacimiento, del útero materno, del interior mismo”. Para hacerlo usaron ramas de sauce eléctrico, con ramas flexibles que cuando se secan se vuelven rígidas y generan una textura serpenteante. “Lo cómico lo vivieron los técnicos en serpientes a quienes se les complicaba sacarlas del set por lo cómodas que ellas se sentían. Porque eran serpientes reales”, señaló Martirena.
El tema de la serie muestra de manera ficcional un abordaje terapéutico actual. Aunque el arquitecto no ha probado la hipnosis, está abierto a la posibilidad. “Creo en la hipnosis como método para llegar a temas que tenemos guardados y no salen a la luz fácilmente. En la búsqueda de nuestras verdades y de nosotros mismos no tenemos que asustarnos por los métodos y sí concentrarnos en los resultados”.
Los ocho capítulos se filmaron durante 70 días de rodaje, contó a Búsqueda el director de fotografía uruguayo Pedro Luque, que vive en Los Ángeles. “El mayor desafío era lograr una narrativa muy expresiva y cuidada en pocos días de rodaje y con un orden de filmación basado en presupuesto y disponibilidad de actores”, dijo Luque. Trabajó con las cámaras y luces para conseguir la estética que predomina en la serie. Se siente satisfecho con lo que lograron con un equipo que trabajó intensamente, “sin perder el humor”. Dice que se generó “un universo, un mundo nuevo, algo que solo existía en una idea y en la historia gráfica”.
Tanto Martirena como Luque son fanáticos lectores del cómic. Luque estudió dibujo con Enrique Badaró y perteneció a las primeras generaciones de los talleres de los dibujantes Tunda y Ombú. Ambos artistas buscaron referencias en Blade Runner, Children of Men, The inmigrant, y el tono del film noir. “Hubo piedra libre para la fantasía”, resumió Luque. “Se precisaba un mundo único, atemporal, que nos remitiera a algo conocido pero que deje espacio para lo oscuro y misterioso: el mundo de los sueños y el inconsciente. Del guion lo que más me fascinó fueron sus personajes y desarrollos, y la exploración de la mente humana dentro de este código fantástico y onírico”.
Según Luque, la adaptación del cómic al audiovisual se dio naturalmente: “La narración gráfica es casi una película. A los 18 años me di cuenta de que el cine es una especie de evolución del cómic. Por eso decidí meterme en ese mundo que mezcla mi interés por la fotografía, la narrativa, la música y el cómic”. Agrega que en la historia gráfica no se trabaja tanto en equipo. “Por eso en ella se disfruta de una libertad absoluta a la hora de crear ideas y conceptos, con un poder comunicativo muy alto: lo que la vuelve una mina de ideas tan interesante”.
El hipnotizador. Domingos, 21 h, HBO.
Vida Cultural
2015-09-10T00:00:00
2015-09-10T00:00:00