La curva demográfica descendente en Uruguay tiene consecuencias en el sector educativo y, particularmente, en el ámbito privado. El fenómeno impacta sobre todo en la matrícula del alumnado de educación inicial (de 3 a 5 años) y redunda en una merma de inscripciones escolares, según dijeron a Búsqueda autoridades del área.
La tendencia de nacimientos a la baja también obliga a revisar la planificación educativa en función de los tamaños poblacionales de las diferentes cohortes de estudiantes a futuro. Tiene además un impacto directo sobre la potencial demanda de centros CAIF y sobre la oferta de la educación formal pública y privada. Menos niños equivale a una enseñanza más personalizada, menores demandas de infraestructura y reducción de planteles docentes.
La participación del sector privado de la educación en Uruguay representa el 17% del total de la matrícula, desde formación inicial hasta bachillerato, según el último Monitor Educativo de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP). El grueso de los estudiantes (83%) acude a centros estatales.
Las cifras globales esconden realidades disímiles entre los sistemas público y privado. La heterogeneidad de situaciones explica, en parte, el descenso de las inscripciones en los colegios y da la medida de la complejidad de un fenómeno en el que se entrelazan factores demográficos, socioeconómicos, pedagógicos y políticos. Las asociaciones de instituciones privadas, tanto religiosas como las no confesionales —que entre ambas reúnen a unas 220 instituciones de un total de 300 colegios y liceos privados de todo el país— leen en los números una tendencia clara.
Los directivos de los colegios observan que cae la escolarización particularmente en la educación inicial por incidencia de la curva demográfica a la baja. También hablan de “un corrimiento hacia los jardines privados barriales de zonas altas” y citan casos de Pocitos y Malvín. Además, señalan un vuelco creciente hacia la escuela pública, que en los últimos quinquenios amplió y mejoró su oferta.
No es solo la demografía
La cantidad de nacimientos en Uruguay cae en forma sostenida desde hace al menos un cuarto de siglo. Actualmente, nacen 35.000 niños en promedio por año, cuando a principios de la década de los 2000 eran más de 50.000. Y la tendencia sigue a la baja. En 2020 se registraron un total de 35.874 nacimientos y en 2021 la cifra cayó a 34.603, según los últimos datos recopilados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
El hecho de que Uruguay tenga baja tasa de natalidad y un índice de fecundidad de 1,37 hijos por mujer —inferior a 2,1, la fecundidad de reemplazo— implica que el país no garantiza una pirámide de población estable.
Proyecciones de la ANEP concluyen que resulta “muy escasamente probable” que los nacimientos superen los 40.000 hacia 2030. La población en edad escolar (de 3 y 17 años) en 2021 era de unos 700.000 alumnos. En 2030 esas cohortes serán de 600.000, según el estudio de ANEP en colaboración con la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República y el Fondo de Población de Naciones Unidas. En menos de 10 años Uruguay disminuirá su cohorte escolar en unos 100.000 alumnos.
El primer y más rápido impacto se reflejará sobre la demanda de jardines y escuelas. En la segunda mitad de la década del 2020, se sentirá en la matrícula de educación media básica, y luego de 2030, en la de la educación media superior, dice el informe Estimación y proyección de la población en edad escolar en Uruguay 2000-2030 publicado por ANEP en 2022.
Pero el impacto en el descenso de la matrícula ya se escucha desde hace tiempo en los pasillos de los colegios privados con el retraso del ingreso a educación inicial, así como en las reuniones de los directores con los padres cada vez que se pide el pase de un alumno. El golpe fue más estruendoso en estos años por efecto de la pandemia.
“El golpe de la pandemia lo seguimos sufriendo”, contó a Búsqueda Juan Achard, director nacional adjunto de la Asociación Uruguaya de Educación Católica (Audec), que nuclea a 157 colegios y atiende a alrededor de 60.000 alumnos bajo el paraguas de la Iglesia. “Estamos viviendo el último coletazo de la crisis, que impactó sobre todo en educación inicial. La gente empieza a visualizar la necesidad de socializar a esos niños. Pero demorará en volver a instalarse”, auguró.
El directivo negó, sin embargo, que se haya registrado una baja significativa de planteles docentes por motivos demográficos o sanitarios. “Lo que sí pudo haber es un descenso de personal cuyo contrato venció en diciembre y que no será renovado en algunas obras”, aseguró el representante de Audec.
No obstante, Búsqueda comprobó una reducción relevante del personal de educación inicial en una de las instituciones que integra la asociación.
La educación primaria confesional perdió un 12% de su matrícula en los últimos años, informó Audec tiempo atrás. Los colegios que integran la asociación registran una “pequeña merma” en las inscripciones en relación con otros años y se confirma así la tendencia, completó Achard, también director general del colegio Zorrilla de los Hermanos Maristas.
Entretanto, desde la Asociación de Institutos de Educación Privada (Audep) señalan que más allá del desplome de los nacimientos en la caída de inscriptos intervienen factores económicos y de “competencia” con la propuesta pública y entre privados. Otro dato que vinculan a un impacto económico pospandemia es que las familias están atrasando la inscripción de sus hijos a los colegios de mediano y gran porte para bajar costos.
Los colegios que tienen matrículas más caras son los de la costa de Montevideo (entre Punta Carretas, Punta Gorda y Carrasco), donde el descenso de la población infantil es mayor. De seguir esta tendencia en la natalidad sus directivos no descartan un impacto en las plantillas docentes, aunque a más largo plazo.
Representantes de Audep, que reúne a 60 colegios laicos y no confesionales —como el British, la Scuola, el Francés, el Elbio Fernández, el Saint Patrick o el Alemán— dicen perseguir un “diferencial” institucional, académico y en valores.
Sergio Sommaruga, representante del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza Privada (Sintep) lo explicó así: “A no pocos colegios les hace falta un diferencial con respecto a la propuesta pública, más allá de la oferta de la seguridad, infraestructura y recursos materiales”.
Sintep planteó a las asociaciones de instituciones privadas analizar los problemas estructurales del sector, incluyendo el tema de la reposición demográfica. Sommaruga advirtió, no obstante, contra “tentaciones” que pueden tener ciertos colegios de aprovechar “la excusa” del descenso de la natalidad o del efecto Covid para recortar personal y medios.
Abrir la boca en inicial
Los directores de los colegios insisten en que en estas decisiones suele mandar, ante todo, el bolsillo. Entienden, no obstante, que la pérdida de alumnos tampoco es exclusivamente cuestión de dinero. Algunos reconocen por ejemplo que la escuela pública ha impulsado cambios que repercutieron en los centros privados —católicos y no—, como la expansión del tiempo pedagógico, y eso ha complicado la captación de alumnos.
La enseñanza privada perdió en los últimos años más de 2.000 alumnos a manos de las escuelas públicas, sobre todo en detrimento de los colegios barriales de pequeño y mediano porte de inspiración católica.
Cada vez más padres optan por inscribir a sus hijos en la educación inicial pública, según Pablo Caggiani, directivo del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed). “Y luego, al constatar que la propuesta les resulta atractiva y les genera confianza, porque sienten que sus hijos aprenden y están bien cuidados, deciden permanecer en el sistema público”, dijo.
La escuela también amplió su oferta con los clubes de niños, incluyendo más actividad física y artística, profundizando la enseñanza de inglés y de segundas lenguas, apuntó el exconsejero de Primaria. Y destacó además que en cuanto a los resultados las pruebas internacionales han demostrado que, comparado al mismo contexto socioeconómico, no hay grandes diferencias entre privados y públicos.
“Esa es una constante. Aparte de lo demográfico, Pisa también nos está diciendo que tenemos un problema serio en sectores de la educación privada”, indicó el directivo del Ineed.