El olimareño D’Elía, primer y hasta ahora último presidente que tuvo el PIT-CNT, murió pobre en 2007 a los 90 años. Hoy cobraría $10.392 de una pensión graciable, ya que los aportes como empleado de comercio y de un laboratorio no fueron suficientes para una jubilación.
Aunque dedicó su vida a representar a los trabajadores, este austero militante sindical se negó a recibir dinero por esa actividad “full time” y antes de acceder a la magra pensión recurrió a la ayuda económica de sus hijas.
En 2004, cuando debido a su edad D’Elía comenzó a tener más problemas de salud, el PIT-CNT acordó designar coordinadores porque no existía ninguna figura que reuniera las condiciones para sustituirlo. Los primeros fueron Eduardo Fernández (socialista del gremio bancario) y Cristina González (comunista de la salud privada) que representaban a las dos corrientes más importantes. Luego ocuparon ese puesto Edgardo Clavijo (transporte) y tres empleados públicos: Julio García (funcionario de UTE), Ivonne Passada (docente de UTU) y Juan Castillo (transporte marítimo), entre otros.
Como el estatuto original de la CNT, que nunca fue modificado, disponía que los dirigentes no pueden ser rentados, para “profesionalizar” el cada vez más exigente trabajo sindical, se recurrió a las licencias en base a la ley del fuero sindical y al pago de sueldos con fondos de los propios gremios que integra el coordinador designado.
Gracias al aumento de los trabajadores sindicalizados, el pequeño local de 18 de Julio y Beisso fue vendido a la Confederación de Obreros y Funcionarios del Estado (COFE) y se invirtieron unos U$S 100.000 en reciclar un viejo cine cedido en comodato por 30 años por el BPS.
Los sueldos que se pagan son unos 70 a choferes, economistas y otros funcionarios. En esos sueldos y en propaganda se va la mayor parte de los alrededor de un millón de pesos que ingresan al mes.
“Revolucionarios profesionales”.
Abdala, a poco de recibirse de sociólogo, afirma que sigue la tradición de viejos dirigentes comunistas del metal como Francisco Toledo, Rosario Pietraroia y Gerado Cuesta, formados en la doctrina leninista de los “revolucionarios profesionales” y recibe su sueldo del sindicato metalúrgico Untmra. Antes de reemplazar a Juan Castillo como coordinador, trabajó en un subcontrato en la refinería de Ancap en La Teja, una actividad de la cual dice sentirse orgulloso porque le permitió formarse como cañista.
Pereira, en cambio, recibe el sueldo del Consejo de Educación Primaria. La tercera coordinadora, Fajián, que tiene 62 años, dijo a Búsqueda que dejó hace dos años su trabajo en la farmacia del Hospital Vilardebó, que le gustaba, porque luego de un tratamiento oncológico su organismo necesita descansar los fines de semana para encarar luego las largas jornadas en el sindicato de la Federación de Funcionarios de Salud Pública y de la central.
En el resto de los integrantes del secretariado la situación es variada.
Ruben Lazo trabaja en la Intendencia de Rocha y alterna licencias sindicales con la ocupación laboral. Fernando Gambera está nominalmente en la Agencia Nacional de Vivienda pero es más común verlo muchas más que las seis horas y media de cada jornada en la sede de la calle Jackson, el local de Aebu, donde ocupa la secretaría general, o camino al aeropuerto, porque está al frente de las relaciones internacionales. Richard Read, secretario de Empleo, ha logrado lo que pocos: un local sindical en la Fábrica Nacional de Cerveza. Carlos Cachón alterna el trabajo de formación sindical con su desempeño nocturno en el pañol de herramientas y repuestos de Conaprole.
Edgardo Oyernart, que antes del congreso pasado fue coordinador como representante de la corriente anarcosindicalista, es el secretario de Derechos Humanos del PIT-CNT y alterna esa tarea con su actividad de visitador médico que a menudo lo lleva a viajar por el país.
Jorge Bermúdez, que igual que Abdala está a poco de recibirse de sociólogo, dijo a Búsqueda que cuando quiere descansar la cabeza va a trabajar en la sección archivos médicos de la pequeña mutualista Universal, que paga su sueldo desde 1996 para que se ocupe de la compleja actividad sindical del gremio de la salud privada.
Cuando reemplazó a Cristina González, le dijo: “A mí no me va a tragar la máquina sindical” pero ahora sabe que estaba equivocado.
“No me quejo ni estoy en el mejor de los mundos”, resumió Bermúdez, un moderado del Partido Comunista al que sus compañeros llaman “El Fogata”, esta semana a la salida de casi cinco horas de reunión del secretariado y sonríe aliviado cuando recuerda las larguísimas reuniones del comité central del PCU, que prefirió abandonar. Este año agregó dos nuevos sellos a su pasaporte: Bélgica y Suiza. En el segundo de los viajes (se ocupa de las relaciones internacionales junto a Gambera) integró la delegación oficial de Uruguay en la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Ismael Fuentes, responsable de salud laboral y medio ambiente, llegó al secretariado siendo ya funcionario de Fuecys, el gremio de los trabajadores del comercio y servicios, de modo que igual que los que cobran el sueldo de la caja gremial, no tiene necesidad de recurrir a la ley 17.940 de protección a la actividad sindical.
El secretario de Relacionales Nacionales, Gabriel Molina, alterna su trabajo de “planta externa” manteniendo las líneas de Antel con su militancia en propaganda y comunicación junto a José Fazio, del gremio del transporte.
El responsable del Departamento de Trabajadores Públicos, Ricardo Cajigas, igual que Oscar López en el puerto y Gustavo Signorelle en el Poder Judicial, reparte su actividad en AFE con el sindicato y la central.
Ruben Hernández es secretario de Programa y Desarrollo Productivo. Llegó al Secretariado por ser el único militante orgánico del Movimiento de Participación Popular (MPP) con cargo de presidente o secretario de un gremio y alterna la actividad sindical con su trabajo de sonidista en Canal 12.
Este 1º de mayo representó al PIT-CNT en Cuba y pudo sentir, según dijo, “fuertes emociones”.
Oscar Andrade dedica varias horas en la producción, ya que al mismo tiempo que trabaja en Montes del Plata es el secretario general del poderoso sindicato de la construcción.
Julio Burgueño, por su parte, continúa trabajando en la planta de Ipusa, en Pando, donde atiende una máquina que prepara la pasta para producir papel higiénico.
Ideología burguesa, burocratismo y glamour.
Hace unos años, una investigación del sociólogo Marcos Supervielle, recordó Pereira a Búsqueda, reveló que los dirigentes sindicales, además de sacrificar la carrera profesional, tienen problemas familiares y una tasa de divorcios muy superior a la media de los demás trabajadores.
Los dirigentes, explicaron varios entrevistados, están acostumbrados a actuar como bomberos: siempre listos para apagar un incendio. Y nunca faltan. Puede ser una aerolínea fundida, un conflicto entre una comuna y sus trabajadores, una fábrica que se cierra o una comisión tripartita con el gobierno y representantes de los empresarios.
“Tenemos un sindicalismo sano. Una de las enseñanzas de D’ Elía es tener la posibilidad de diálogo, que cuando llamás te atiendan”, afirmó Pereira muy preocupado en evitar que los confundan con estilos de otros países.
Para Marcelo Abdala, que desde hace medio año está como coordinador, “la carrera sindical no existe, eso es ideología burguesa”. Abdala contó que a menudo trabajadores jóvenes le preguntan “¿Y vos dónde laburás?”. Es ahí donde los dirigentes tienen que explicar y rendir cuentas de lo que hacen.
Abdala reconoce que “no hay vacuna contra el burocratismo”, pero sostuvo que “si los empresarios envían a la negociación colectiva representantes preparados, los trabajadores también tienen el derecho de tenerlos”.
Para combatir el mal endémico de la burocratización, Abdala propone “democracia extrema”, teniendo como norte “la transformación de las conciencias de los trabajadores”.
Más realista, un dirigente sindical que pidió reserva acerca de su nombre por tratarse de “un tema sensible” dijo a Búsqueda que, sin caer en las críticas de “la derecha”, es necesario estar atentos ante algunos fenómenos como el “turismo sindical” porque “viajar te lleva a cobrar viáticos, dormir y comer en buenos hoteles, conocer el mundo y dejarte seducir por cierto glamour”.
Algunos manifestantes en la última marcha de la educación gritaban sin mucho eco: “Se va a acabar, se va acabar, la burocracia sindical”.
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2013-07-11T00:00:00
2013-07-11T00:00:00