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    miércoles 05 de junio de 2024

    La mayoría de quienes beben alcohol desde edades tempranas “debuta” en ese consumo a los 12 años y en el ámbito familiar

    “El triángulo problemático de la salud mental entre los jóvenes es más depresión, más consumo de alcohol, más suicidios”, dice el investigador Paul Ruiz, que cuestiona que se dé lugar a la industria en discusiones que son de política sanitaria

    Uruguay tiene entre sus jóvenes y adolescentes una de las tasas de depresión y suicidio más altas de la región, y esas tasas suelen ir acompañadas del consumo de sustancias psicoactivas, en especial de alcohol, lo que, según el investigador Paul Ruiz, experto en drogas, constituye “el triángulo problemático” de la salud mental juvenil.

    La edad de inicio de consumo de alcohol en Uruguay promedia los 13 años, según estudios de la Universidad de la República (Udelar) que coinciden con los datos de la Junta Nacional de Drogas (12,8). A su vez, la tendencia histórica muestra que los uruguayos empiezan a beber cada vez más temprano. La mayoría “debuta” en ese consumo sobre los 12 años —“entre sexto de escuela y primero de liceo”— y lo hace en su ámbito familiar.

    Son los padres o adultos referentes de los menores quienes “naturalizan” el consumo de alcohol en sus hijos, dijo Ruiz, con base en varias investigaciones científicas en las que participó entre 2018 y 2023, que incluyen encuestas con revisión actualizada y estudios comparados sobre el consumo de alcohol entre los menores de edad.

    Más de un tercio de los jóvenes uruguayos consultados dicen consumir alcohol semanalmente, y una cuarta parte afirma hacerlo entre dos y tres veces al mes. La bebida alcohólica más consumida entre jóvenes y adolescentes es la cerveza (40%), seguida de cerca por el vino (34%) y, de lejos, por el fernet (6%).

    Los datos surgen de encuestas online de alcance nacional que comprenden un universo de más de 800 personas. Esta investigación da continuidad al estudio Consecuencias del consumo de alcohol y su asociación con el malestar psicológico (2019), coordinado desde el Centro de Investigación Clínica de la Facultad de Psicología de la Udelar.

    El problema no es fácil de resolver, en parte por motivos culturales arraigados en las familias y en la sociedad, por políticas públicas “ineficientes”, por la desinformación y el “bombardeo” publicitario y especialmente por la presión de la industria de la bebida, sostiene Ruiz, doctor en Psicología y vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Investigación Biomédica sobre Alcoholismo.

    Uruguay debería contar con “un observatorio de salud mental” para abordar el consumo de alcohol, dijo Ruiz, integrante también del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba) y de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII).

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista de Ruiz con Búsqueda.

    —¿Qué conclusiones aportan las últimas investigaciones sobre consumo de alcohol entre los más jóvenes?

    —En el estudio anterior (2020-2021) vimos que los menores que empezaban a tomar alcohol antes de los 15 años presentaban todos los indicadores de riesgo más pronunciados: consumían más semanalmente, más mensualmente y más anualmente, con más episodios de borracheras y más gramos de alcohol por episodio. Y comprobamos que el malestar psicológico de los jóvenes uruguayos durante la pandemia fue el más alto de la región. Ahora, en un estudio reciente (2022), vimos que quienes empiezan a tomar alcohol más temprano en la vida, sobre los 12,1 años, entre sexto de escuela y primero de liceo, “debutaron” en este consumo en su familia, es decir, con sus propios padres o referentes.

    —¿Y qué responsabilidad les cabe a esos padres?

    —Muchos padres se dicen preocupados por el descontrol de la bebida, cuando el problema está o empieza en casa… La evidencia es que hay un promedio de edad de inicio de consumo de alcohol cada vez más bajo, que ya de por sí es bajo en Uruguay, y que es más bajo todavía entre quienes empiezan a tomar en el contexto familiar. Quienes “debutan” en el alcohol con amigos, en fiestas o en otros ámbitos se estrenan a mayor edad, sobre los 13, 14 o 15 años. Pero quienes lo hacen en familia, empiezan a tomar a los 12… Hace 60 años las mujeres empezaban a tomar alcohol a los 21 y los varones (lo hacían) a los 17.

    —¿Y qué debe hacer la familia?

    —El rol de la familia es complejísimo. Tenemos el consumo de alcohol demasiado arraigado en nuestra cultura. La presencia tan marcada de alcohol en la mesa, sobre todo de vino, hace que los niños consuman antes. Y en muchos casos no solo es el alcohol, porque vemos que ocurre lo mismo con la marihuana. Hay toda una historia de ritual de inicio familiar de sustancias psicoactivas que es muy complicada. Los padres no solamente normalizan la práctica sino que habilitan el consumo.

    —El niño imita al adulto…

    —Sí, eso en psicología se llama modelado. Ver cómo una figura de referencia, como tu padre o tu madre, bebe alcohol periódicamente propende a la imitación.

    —¿Y entonces?

    —Si vos querés que tus hijos no tomen, procurá ser un buen modelo. No podés hacer prevención trabajando solo con los chicos. Y el tema es que para los padres esto también es desafiante porque los interpela directamente en cómo ellos se vinculan con la sustancia. No pocos padres se ofenden cuando se les plantean estas cosas.

    —¿Cuánto influye lo cultural y la desinformación en esto?

    —Mucho. Con el alcohol pasa algo bastante particular porque, además de ser la droga más consumida desde hace muchísimos años, los uruguayos tenemos la sensación de que la conocemos. Las encuestas científicas muestran que en realidad no es tan así. Muchísima gente tiene ideas irracionales sobre el alcohol. ¡No tiene ni noción! Mientras tanto, Uruguay tiene uno de los índices más altos de consumo de alcohol en América Latina, junto con Argentina, según el Informe sobre consumo de drogas de las Américas (2019).

    —¿Por qué se toma tanto alcohol en Uruguay?

    —En términos de salud mental, no hay una explicación única. El modelado de la conducta es multicausal y hay que sumar factores internos y externos para entender por qué. Hay factores psicológicos, cognitivos relacionados con creencias y motivaciones. Y otros ambientales, como la densidad de los puntos de venta de alcohol, lo que erróneamente piensan muchos adultos, el consumo cultural entre generaciones, etcétera.

    —Uno de los estudios destaca “el malestar psicológico” como variable predictora del consumo de alcohol elevado en Uruguay.

    —Sí, ese es un buen predictor de consumo de drogas en general, no solo de alcohol. Hay una escala de malestar psicológico, que es un constructo apoyado sobre la mezcla de síntomas de ansiedad y de depresión que muestra qué tan predispuesta está una población a desarrollar otras patologías mentales. Este estudio es de rutina en países que hacen sistemáticamente encuestas de salud mental, como Australia. Uruguay no tiene un observatorio de salud mental y tampoco hace encuestas sistemáticas sobre estos factores que por ejemplo muestran que a mayor malestar psicológico mayor consumo de drogas.

    —¿Qué sucede en la región?

    —Hay un estudio científico en revisión de la Udelar (2021) que compara el malestar psicológico de los jóvenes uruguayos con los puntajes medidos en otros países que aplicaron la misma escala y que evidencia que Uruguay tiene entre los jóvenes las tasas de depresión y suicidio más altas de la región, y que esas tasas van acompañadas del consumo de alcohol. Hoy el triángulo problemático de la salud mental de los jóvenes uruguayos es más depresión, más consumo de alcohol, más suicidios. Eso es así.

    —¿También fue así durante la pandemia?

    —Durante la pandemia hicimos dos encuestas en las que incluimos las motivaciones y el volumen de consumo de alcohol. De ahí también surge el malestar psicológico como predictor de consumo y como la variable más alta. Durante la pandemia se consumió más de todo. Pero el consumo de drogas entre menores y mayores de 30 es totalmente distinto. El alcohol se consume a todas las edades. La marihuana la prefieren los menores de 30 y los psicofármacos, los mayores, igual que la cocaína y el whisky. Hay un corte grande entre el consumo de varones, que es más elevado que el de las mujeres. Sin embargo, Uruguay tiene un índice de consumo de alcohol sobre el embarazo altísimo: más de una tercera parte de las mujeres que parieron en el Pereira Rossell en 2019 —último dato disponible— tomaron alcohol durante el embarazo. La media a nivel internacional es la mitad, 13%.

    —¿Cuáles son las principales motivaciones por las que los jóvenes dicen beber alcohol?

    —En general dicen que beben para sentirse mejor, más relajados. Siete de cada 10 afirman estar de acuerdo o muy de acuerdo en que beber alcohol les hace sentir más tranquilos, a gusto. La mayoría contestan que así se sienten más confiados, desinhibidos, o que la bebida los ayuda a interactuar con sus amigos, a socializar y a divertirse en fiestas o en pareja. Los factores que los estimulan a iniciarse en el consumo suelen ser los amigos, la curiosidad, el salir de fiesta.

    —¿Qué relación hay entre la densidad de puntos de venta de alcohol y el consumo creciente de la población más joven? ¿Hay información de calidad?

    —No, y ese es un factor ambiental que condiciona mucho el consumo. Preguntamos a las personas a cuántos metros de su casa hay un punto de venta de alcohol y los modelos nos mostraron que a más cercanía más consumo. Pero hemos querido investigar más a fondo en Montevideo y no nos han dejado desde la intendencia hace unos años (en la administración de Daniel Martínez). Hay políticas que no se hacen por falta de interés o por otros intereses. Este tema de los puntos de venta está supertapado de política… y los que más interfieren en su regulación son los productores.

    —¿Qué concluye de estos estudios sobre el impacto del alcohol en jóvenes, adolescentes y niños?

    —Que hay una gran contradicción, porque todos nos preocupamos pero… Los adultos se dicen preocupados por la edad a la que empiezan a tomar alcohol los menores, pero son los primeros en facilitarles la bebida. Los políticos dicen que los datos epidemiológicos sobre consumo de alcohol en Uruguay son terribles, pero nadie toma una medida efectiva.

    —¿Cuál sería una medida política “efectiva”?

    —Una sería regular el bombardeo de la propaganda en dos sentidos: eliminar aquella que habla positivamente del consumo y sumar la que apunte a la prevención y a advertir sobre las consecuencias negativas de la bebida, como que no hay una dosis segura de alcohol, que es una sustancia adictiva con efectos depresores sobre el sistema nervioso central. Y estamos hablando de lo básico.

    —¿Por qué cree que no se hace “lo básico” en Uruguay?

    —Porque acá se hace partícipe a la industria de la bebida en discusiones que son de salud pública. Porque se dice que la producción y venta de bebidas alcohólicas forma parte de la matriz productiva del país. Porque hacer una campaña seria arruinaría el negocio y, según la industria, afectaría el trabajo de muchas familias. Y porque después políticos como (Enrique) Antía, (Sergio) Botana y (Carlos María) Uriarte proponen reconsiderar “el alcohol cero” al volante para “ajustarse a la realidad” de los consumidores.

    • Recuadro de la entrevista

    El etiquetado pendiente y el “cuchillo entre los dientes”

    Información Nacional
    2023-05-10T19:38:00