En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Lincoln Maiztegui (1942), profesor de Historia, periodista y escritor, especialista en música y ajedrez, ha sido también un ferviente amante del cine, no desde el lado de la crítica sino del de espectador atento y agudo. Por eso sus juicios (aunque no todos) pueden ser compartibles si se refieren a su cariño por John Ford y William Wyler, por Laurence Olivier y Vivien Leigh, por las matinés de antes y el querido cine clásico.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Todo eso hace que el libro se lea de un tirón y, aunque se trate en su mayoría de una recopilación de notas escritas puntualmente para diversos medios, algunas siguen teniendo un juicio de valor muy claro, en un sentido u otro. Porque Maiztegui no tiene problema, desde su insistente papel de veterano en exaltar lo que ama y execrar lo que odia, porque de alguna manera asume el rol de que estas páginas sean a la vez una especie de testamento personal de su memoria cinéfila, antes de que esta desaparezca para siempre.
A veces el juicio medido y cabal sobre un filme, su director o algún actor, sustituye criterios estéticos por el simple adjetivo (o muchos a la vez) con que intenta expresar su deslumbrada devoción. Otras veces llega a confundir sus recuerdos de un hecho puntual con efectos posteriores derivados de él: “Recordaré siempre la profunda impresión que me produjo la noticia del fallecimiento de James Dean (1931-1955) uno de los ídolos de mi adolescencia…”. Dean falleció el 30 de setiembre de 1955, cuando Maiztegui tenía apenas 13 años y no había visto ninguna de sus películas, la primera de las cuales (“Al este del paraíso”) se estrenó en Uruguay el 11 de octubre de 1956.
De la misma manera se nota una descuidada edición al no revisar títulos en castellano que no corresponden a su estreno en Uruguay, al no descartar notas que preveían un futuro promisorio a gente que no lo tuvo (Elisabeth Shue, Mira Sorvino, Rebecca de Mornay), a errores de información que se podían haber evitado: Gregory Peck no trabajó nunca en “La gran tentación” de Wyler; Albert Finney no debutó en un pequeño papel para Tony Richardson en “Todo comenzó en sábado”, donde era protagonista de ese filme de Karel Reisz; y Gene Kelly nunca trabajó en “Leave It to Me” (Martin Fric, 1955). Amante de la música, Maiztegui pasa revista a compositores famosos (Steiner, Tiomkin, Rozsa, Waxman) y olvida a Korngold y nada menos que a Bernard Herrmann. ¿Distracción o falta de revisión? La memoria sola, sin ayuda, casi nunca es buena consejera.
“Lo que el cine se llevó”, de Lincoln Maiztegui. Planeta, 2014, 381 páginas, $ 450.