• Cotizaciones
    sábado 21 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Mafalda: la niña que vendió electrodomésticos

    Obras maestras: Mafalda, de Quino

    Cuando se levanta de mañana con sus pelos parados, indomables, mira el peine y le pregunta: “¿Nervioso?”. Después, quienes la rodean tendrán que aprontarse, porque esta niña es tan aguda y reflexiva, y a la vez tan divertida y cascarrabias, que desconcierta. Es más madura que muchos adultos: vive preocupada por la guerra, por el hambre, por los que más sufren, y por eso está llena de dudas que plantea con un humor espontáneo e irónico. Una vez encaró a su padre para que le explicara “el lío ese de Vietnam”. El pobre hombre la miró con angustia y le dijo: “No es un problema para niños”. Pero como ella no es cualquier niña, insistió: “¿Y si me lo explicás sin las partes pornográficas?”.

    Mafalda, el genial personaje de Quino, no necesita presentación porque es un ícono de la historieta rioplatense. Bajita, regordeta y con su pelo renegrido, instaló un “pensamiento Mafalda”, ese que aparece cuando algún niño dice algo ingenioso o demasiado profundo para su edad. En su aspecto se parece a Periquita, personaje de una historieta norteamericana de 1938, a quien Quino ha reconocido en sus trazos. Pero a diferencia de aquella niña traviesa y soñadora, Mafalda está siempre pendiente de las noticias que escucha en la radio. Los convulsionados años 60 y 70 la mantienen alerta: le preocupan los chinos, la Cortina de Hierro, el comunismo, la guerra nuclear, Vietnam, el costo de la vida, las revoluciones, el racismo, el Congo, los ovnis.

    “La historieta guarda un escalofriante paralelo temático con la vida real. (…) Mafalda nace como adorable excreción de la conciencia de un cierto señor llamado Quino, que es, a su turno, lúcida excreción de una cierta angustia generacional”, escribió el periodista colombiano Daniel Samper Pizano en el prólogo a Toda Mafalda, un libro delicioso que recopila el conjunto de las tiras publicadas en diferentes medios, desde 1964 a 1973, junto a otras inéditas.

    Es curioso cómo surgió este personaje. En 1962 a Quino, apodo de Joaquín Lavado (Mendoza, 1932), le llegó una propuesta laboral: ser el dibujante de una campaña publicitaria para una casa de electrodomésticos que quería lanzar su nueva marca Mansfield. Tenía que hacer una tira a modo de cómic, que tuviera como protagonista a una típica familia de clase media. Debía aludir a la marca sin nombrarla y los nombres de los personajes tenían que empezar con la letra “M”.

    Quino acababa de ver una película en blanco y negro, Dar la cara (1962), dirigida por José Martínez Suárez, con la actuación de Leonardo Favio, en la que se menciona a una bebé llamada Mafalda. Entonces el dibujante no dudó en ponerle ese nombre inusual a su protagonista. Se inspiró, además, en tiras cómicas norteamericanas, como Peanuts, de Chales M. Schulz, protagonizada por Charly Brown. “Schulz trajo personajes antipáticos, simpáticos, buenos, malos, envidiosos y eso fue una revolución. Yo tomé bastante de él, pero como no soy norteamericano, hice una adaptación muy argentina de la cosa”, explicó Quino en una entrevista.

    Para la publicidad, hizo ocho tiras en las que aparecían junto a Mafalda sus padres, un pequeño comerciante llamado Manuel y Miguelito. El diario Clarín estuvo interesado en publicarlas, pero las alusiones a los electrodomésticos Mansfield no lograron que se concretara la propuesta. Entonces el dibujante y humorista Miguel Brascó captó la genialidad de Quino, y en 1963 publicó tres de sus tiras, sin los electrodomésticos, en un suplemento de la revista Leoplán.

    Sin embargo, el dibujante considera que el verdadero nacimiento de Mafalda como historieta fue en 1964, cuando Julián Delgado, jefe de Redacción de Primera Plana, la llevó a sus páginas. Delgado fue la inspiración de Manolito. “Es el que me cae más simpático. Me inspiré en un almacenero de San Telmo, yo era muy amigo del hijo. Mi amigo quería ser periodista y el padre le decía que tenía que ser panadero. Terminó siendo un periodista desaparecido, lamentablemente”, recordó este año Quino en una entrevista radial.

    Luego de Primera Plana, en 1965 Mafalda pasó al diario El Mundo, y entonces su popularidad fue en aumento. Cuando el diario cerró en 1968, se trasladó a la revista Siete Días, y ya todos adoraban al personaje y a su creador. La llegada a la revista coincidió con la aparición en la historieta de Guille, el hermanito de Mafalda.

    Su éxito y su absoluta vigencia se explican no solo por el dibujo de Quino, sino también por su escritura, de una simplicidad envidiable para tratar temas complejos. Y después está esa combinación maravillosa entre rebeldía, denuncia y pesimismo, con la frescura y la inocencia de la infancia. Así, Mafalda le puede escribir una carta al secretario general de la ONU, mientras otro día piensa en el juego de armar casitas que le pedirá a los Reyes Magos.

    Los padres de Mafalda tienen muy buena onda y son un producto de los años 60. Ella es un ama de casa que abandonó su carrera cuando nació Mafalda. Casi siempre usa delantal o tiene un canasto de ropa en la mano. A veces, Mafalda la imita y aparece plumereando el globo terráqueo: “¿Limpio todos los países o solo los que tienen malos gobiernos?”, le pregunta.

    El padre es un corredor de seguros que viste traje de corbata finita y adora las plantas que tiene en su casa. Es a veces más ingenuo que su hija, y suele tener insomnio cuando lo deja pensando después de hacerle una pregunta. Se pone contento con situaciones simples: “Uno se siente como un terrorista de la felicidad”, dice cuando logra acomodar los regalos de Reyes sin que sus hijos se despierten.

    quino-creador-de-mafalda.jpeg

    Y después están los otros niños, esos que se pueden identificar en cualquier vecino, amigo, oficinista. Algunos son adorables, como Felipe, que tiene una cabeza con forma de zapato, dientes enormes y ama a los Beatles. Muchos ven en su carácter tímido al propio Quino. O como Miguelito, con sus cabellos en forma de hojas y su fantasía sin límites. La más antipática es Susanita, quien sueña con ser mamá, es egoísta y bastante racista. “Cada vez que habla parece el Premio Nobel de la clase media”, dice la carta de presentación de la tira cuando apareció en Siete Días. La otra niña es Libertad, tal vez la más simbólica por su tamaño pequeñito. Es la que tiene padres más “progre” y mensajes más explícitos. Y Manolito es el comerciante por naturaleza, tanto, que cuando se enamora dibuja un corazón con un signo de pesos en el centro.

    La historieta le dio a Quino prestigio internacional y fue elogiada tanto por Julio Cortázar como por Umberto Eco. Pero un día de 1973, el dibujante se cansó y la abandonó. Se sentía oprimido por el mensaje de Mafalda. Sabía que no iba a cambiar, porque al inicio de los años 70, el mundo seguía siendo una porquería. Y aún faltaba el golpe de Estado y la dictadura argentina.

    Además estaba la rutina de los personajes. “No quería que Mafalda fuera como esas historietas que la gente lee por costumbre, pero que no tienen sentido. La historieta obliga a dibujar siempre a los mismos personajes y en la misma medida. Es como si un carpintero tuviera que hacer siempre la misma mesa, y yo también quería hacer puertas, sillas, banquitos”, explicó el dibujante en una entrevista.

    Después de Mafalda, Quino se dedicó a un humor más amargo y nihilista, sin personajes fijos, que se recopiló en varios libros y le valió en 2014 el Premio Príncipe de Asturias. Hoy tiene 85 años y ya no dibuja porque sufre de glaucoma. Sigue recibiendo el cariño del público y de los caricaturistas más famosos, que lo reconocen como su gran maestro. Y en el fondo, por más que no extrañe a Mafalda, debe seguir pensando, como ella, que la sopa en cubitos es una porquería, y que no hay mejor forma de llorar por los males del mundo que dibujarlos con humor.

    // Leer el objeto desde localStorage