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A la salida del polideportivo de Pueblo Centenario esperaban a Tabaré Vázquez dos grupos bien diferenciados: alejados del edificio, con pancartas, bombas de humo y una postura más estridente, los manifestantes en contra de una nueva planta de UPM en el país; cerca del vallado de seguridad se paraba un grupo algo más reducido y menos bullicioso de militantes frenteamplistas en apoyo al presidente. Terminado el Consejo de Ministros abierto, Vázquez bajó la lomada que lleva al polideportivo, rodeó la camioneta oficial que lo esperaba para irse y fue a saludar a sus correligionarios. Sonriente, con las manos levantadas en gesto triunfal, recibió el aliento personal y partidario, augurios electorales y también agradecimientos por crear, a través de UPM, nuevas fuentes de trabajo para los uruguayos.
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La imagen, el lugar y el contexto son un símbolo de la segunda presidencia de Vázquez, que tiene en la inversión récord de la empresa finlandesa uno de los logros más promocionados desde la interna del gobierno. A partir de mediados de 2016, cuando las negociaciones con UPM se iniciaron formalmente, el Poder Ejecutivo focalizó la construcción de la planta como tema de agenda oficial. El Consejo de Ministros abierto realizado en febrero en Pueblo Centenario fue una de las demostraciones: en la localidad donde UPM prevé instalarse, Vázquez dedicó su intervención a defender la inversión ante los habitantes locales, preocupados especialmente por los daños medioambientales. Criticó con ironías a los opositores, y destacó que la instalación de UPM generará empleos directos e indirectos y reforzará la confianza internacional —de gobiernos, bancos y agencias de calificación— para invertir en Uruguay por la transparencia y solidez de sus instituciones.
La nueva planta de procesamiento de pasta de celulosa tendrá una capacidad anual de alrededor de 2 millones de toneladas de celulosa de eucaliptos de mercado, con un costo preliminar de inversión de construcción de alrededor de 2.000 millones de euros. El desarrollo de carreteras y del Ferrocarril Central entre Paso de los Toros y Montevideo, a cargo del gobierno, será de aproximadamente US$ 1.000 millones, lo que convierte al conjunto en la inversión más importante en la historia del país. Ya en funcionamiento, anunció el gobierno, la fábrica generará 8.000 puestos de trabajo.
A diferencia de lo que ocurrió en los dos primeros gobiernos del Frente Amplio, la evaluación de la gestión de la administración Vázquez no levanta, según diversas encuestas. Con ese contexto desfavorable, abonado por el crecimiento constante del desempleo, en los últimos tres años Vázquez y los principales jerarcas del Poder Ejecutivo han repetido públicamente la importancia de los números de UPM.
El próximo acto, en Paso de los Toros, se colocará la piedra fundamental de las obras del Ferrocarril Central, 273 kilómetros de vía férrea con un tramo doble inicial de 26 kilómetros, una docena de carriles secundarios para cruces de trenes, un tramo para acceso industrial y más de 40 puentes, para las cuales el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó un paquete financiero de US$ 500 millones.
Las críticas al proyecto no amainan. Grupos de vecinos que sufrirán por su cercanía con la planta o la vía férrea, ambientalistas y hasta precandidatos presidenciales cuestionan, cada uno desde su punto de vista, la llegada de la planta de UPM. Dirigentes de la oposición, en particular, cuestionan las concesiones económicas que se les dieron a los finlandeses para terminar de cerrar el acuerdo.
Ampliamente satisfactorio
De cara a la campaña electoral, en el oficialismo preocupa la falta de un buque insignia que destaque. A diferencia de los que Vázquez generó en su primera administración, como el Plan Ceibal, la reforma de la salud y su política antitabaco, la instalación de UPM supone un logro compartido y no individual. La empresa desembarcó en Uruguay en 2004 durante el gobierno de Jorge Batlle, inició sus operaciones en 2007 con Vázquez y analizó expandirse impulsada en parte gracias a un viaje de José Mujica a Helsinki en 2014, donde como presidente se comprometió a negociar con el futuro gobierno los términos necesarios para que la empresa construyera en Uruguay y no en Brasil otra fábrica de pasta de celulosa.
En julio de 2016 Mujica recibió el llamado de un alto ejecutivo de UPM para informarle que Uruguay era un potencial destino para una planta de celulosa de tecnología de vanguardia. En esos días de julio el Consejo de Ministros encabezado por Vázquez en la Torre Ejecutiva era informado de la posibilidad seria de inversión y la discutía por primera vez, repasando a grandes rasgos algunos de los requisitos que iban a ser necesarios en infraestructura, logística y regulación.
Desde entonces Vázquez ordenó a los ministros que trabajaban en el proyecto que le dieran prioridad. Tras el acuerdo de inversión firmado en 2017, en sus declaraciones públicas el presidente ha sido siempre positivo. “Tuvimos una reunión con el CEO de UPM que viajó expresamente a Montevideo. Las palabras que expresó fue que el trabajo que llevamos para completar todas las etapas que nos habíamos puesto al inicio de este proyecto para ellos fue ampliamente satisfactorio”, dijo Vázquez el viernes 17, en una conferencia de prensa convocada en Suárez para brindar detalles de su encuentro unos minutos antes con Jussi Pesonen, presidente y CEO de la pastera finlandesa.
A diferencia de Vázquez, la posición de la empresa es transmitida en un tono más moderado a través de sus ejecutivos locales y de los informes financieros a los accionistas. Según dijeron a Búsqueda fuentes oficiales, aunque las palabras del presidente “pueden ocasionalmente generar presión” a la contraparte en la negociación, buscan “transmitir el optimismo” que una inversión de esta envergadura supone para su gobierno y para el país.
Mientras se espera la decisión final de UPM, que tiene como límite el 15 de febrero de 2020, quedan por resolver “detalles menores”, según Vázquez. Está pendiente, por ejemplo, el espacio que la empresa tendrá en el puerto de Montevideo para la operación de transporte de celulosa, que se prevé sea cedido por el astillero Tsakos. En lo laboral, uno de los puntos más calientes de la negociación, se establecerá una normativa que incluye una cláusula de prevención de conflictos y otras medidas específicas que cumplan con ciertos pedidos de UPM.