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    La realidad y diversidad del interior no se tiene “en cuenta” en las políticas de salud, opina el nuevo presidente de FEMI

    Daniel Ayala reclama un mayor “reconocimiento” para el trabajo de los médicos en la pandemia: “Pasamos del aplauso a olvidarnos completamente”

    Aunque nació en Montevideo, Daniel Ayala se autodefine como “un fundamentalista del rol del interior profundo”. Es anatomopatólogo y vive y trabaja en Florida desde hace 30 años. En esas décadas se volvió un defensor de la presencia de las autoridades gubernamentales en cada departamento y localidad de Uruguay. “Siento que a veces, para una localidad pequeña, que vaya una autoridad es todo un acontecimiento, y eso no está bien. No habla bien de nosotros, del Uruguay entero”, reflexiona. Además reivindica una “deuda” de Uruguay como país agroexportador con los territorios en donde se encuentra su “riqueza”.

    En noviembre, Ayala asumió como presidente de la Federación Médica del Interior (FEMI), un gremio “madre” o “de segundo orden”, como le gusta decir, ya que nuclea a 22 gremiales distribuidas en 18 departamentos. Hasta hace siete años FEMI agrupaba, además, dos vertientes: la gremial y la asistencial. Pero Ayala remarca que hoy mantienen solo la gremial, y que la asistencial, que reúne a los prestadores médicos, quedó definida y separada como Fepremi (Federación de Prestadores Médicos del Interior) y que tienen total independencia entre ellos. “FEMI no tiene nada que ver con ningún prestador”, asegura.

    Para el nuevo presidente no existe el concepto de “interior” como tal, sino que hay “varios interiores”, cada uno con sus particularidades. Se propone, entonces, dar atención a todas las distintas situaciones y transmitirlas a las autoridades nacionales, quienes las conocen pero “a la hora de implementar determinadas medidas o hacer directivas, no las tienen en cuenta”.

    “Se da una pseudo-homogeneización, y ahí es donde en algunos lugares fracasamos”, afirma.

    —FEMI tiene alrededor de 3.000 socios, ¿aspiran a llegar a más?

    —Sí. Aunque la inmensa mayoría de los médicos están en Montevideo y área metropolitana, por lo que el número es significativo con respecto a quienes estamos en el interior. De hecho, nuestra esencia es nuclear y representar a los médicos que trabajan y viven en el interior.

    — ¿Y cuáles son sus principales estrategias?

    —En este país es muy difícil ir a contramano en esto de defender el interior, de generar vínculos con los colegas que trabajan en nuestro territorio. No es sencillo porque mucho de lo que ocurre en el país, no solo en el área de la salud o gremial, sino en todas las áreas, pasa por el eje montevideano y central. No es sencillo hablarle a los propios.

    — ¿Por qué?

    —Como Federación Médica del Interior, tenemos como desafío construir el concepto de interior y el sentido de pertenencia. Como institución gremial, o como gremio de segundo orden, debemos estar muy atentos y muy respetuosos a lo que hace cada territorio y cada gremio. Defender el interior es defender las particularidades, esos varios interiores que existen. El interior no existe como tal. El enorme desafío es ir a cada uno de esos lugares, entrar en contacto con cada uno de los colegas. Eso es lo que nosotros llamamos ‘FEMI en su lugar’.

    —Sin embargo, la sede central de FEMI es en Montevideo. ¿Eso no es un poco contradictorio?

    —Es contradictorio pero es muy coherente con cómo es el país. Se explica por el fácil acceso que tiene Montevideo desde las rutas, desde los ómnibus. Todo se decide en Montevideo, todas las reuniones son en el Ministerio de Salud Pública (MSP), en la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), en el Ministerio de Trabajo. Tenemos que tener una base de operaciones. Pero el enorme desafío es que esta sea solo una base de operaciones y no nuestro epicentro. Queremos ir a contracorriente. Todos los caminos convergen en Montevideo, nosotros queremos hacer lo posible para llegar a todos los lugares. Uno no puede tratar igual a los desiguales. Hay medidas que podrían encajar perfecto en una realidad, pero en el departamento cercano quizás no. Esas particularidades las debemos tener presentes cuando estamos en el Comité Ejecutivo de FEMI. Pero también, como gremio auténtico de los médicos del interior, tenemos que llegar a las autoridades nacionales o a quienes decidan, con esas particularidades.

    — ¿Hoy no se contemplan esas particularidades desde el Estado?

    —Esta realidad muchos la conocen, pero a la hora de implementar determinadas medidas o hacer directivas, no la tienen en cuenta. Y se da una pseudo-homogeneización, y ahí es donde en algunos lugares fracasamos. Eso lo vive el interior. El nivel de atención en salud que tiene el interior, a pesar de sus dificultades, es bueno. Y eso a veces tampoco es visto así. Son médicos medio de segunda.

    — ¿Este concepto que mencionó de “pseudo-homogeneización”, y la falta de contemplación de las diferentes realidades del interior se acentuó más durante la pandemia?

    —Esto es así desde que nació el país. En la pandemia nosotros tuvimos buen vínculo y diálogo con ASSE y con el MSP. Fuimos a hablar con el propio presidente de la República. Se escucharon algunos de los planteos, otros no. Pero sí hay un punto en el que nosotros hicimos mucho énfasis: que las medidas fueran adaptadas al territorio. Lo que pasó fue que la realidad pudo más que todo. En el interior y en algunos departamentos se tomaron medidas que fueron más allá de las que el propio gobierno había implementado en otros lugares. Y en algunos lugares no se tomaron tales medidas porque no se necesitaban.

    —¿Tuvieron dificultades para adaptarse a las modalidades de atención médica no presencial, como la telemedicina? ¿Las zonas rurales tenían las herramientas?

    —Otra vez hablo de la diversidad. Hubo momentos, picos de la pandemia, donde sí, hubo dificultades. Pero la inmensa mayoría de los colegas y del equipo de salud trabajaron dejando todo en la cancha. Estamos en plena pandemia todavía, pero no hubo un reconocimiento real a ese trabajo. Sí, ta, trabajaron, están. Están en la línea de fuego...

    — ¿No hubo un reconocimiento a los médicos del interior en particular, o a los médicos en general?

    —En general. Y no es que estemos mendigando eso. Lo que digo es que pasamos del aplauso, en aquellos momentos, a olvidarnos completamente. Después vivimos una luna de miel con el Covid-19 durante un tiempo, pero nos olvidamos de que acá nosotros, buena parte del equipo de salud iba con la incertidumbre plena, primero, de la sobrecarga del trabajo, del estrés de llevar la enfermedad o de contagiar a familiares. Capaz que nos olvidamos de aquella época. Capaz que estamos viviendo en una fase de pandemia y de ola que es distinta. Pero igual tiene una sobrecarga enorme.

    —Ahora estamos en un nuevo pico de casos y otra vez está aumentando la demanda en el primer nivel de atención. En localidades del interior en donde hay pocos médicos y equipos en general, ¿cómo se está sobrellevando? ¿Necesitaron refuerzo de personal o materiales?

    —Sí, en el primer nivel de atención, pero también en el segundo. Porque los equipos son acotados en número, por razones lógicas, de escala, y los médicos y no médicos nos enfermamos. Eso significa que puede resentirse algún servicio más que en otros lugares. Además estamos en épocas de licencia, que muchas no se modificaron porque venimos de meses de muchísimo trabajo en algunas áreas y es imposible negarles la licencia a algunos de los colegas. Eso se lo planteamos al ministro y ha habido refuerzos en cada uno de los lugares. Los prestadores públicos y los privados en su escala hacen lo posible, pero puede suceder que nos pasemos de la raya y que reforzando localmente no podamos y tengamos que acudir a otros colegas o a personal que venga de otro lugar. Estamos muy atentos y ojalá que no suceda.

    —Una preocupación histórica de FEMI es la de la falta de radicación de los médicos en el interior del país. ¿Qué estrategias tienen previstas para fomentarla?

    —Ahí tiene que haber una política de Estado. Nosotros podemos fomentar, de hecho tratamos de entrar en contacto con los médicos que recién se reciben. Debe haber un plan en el que estén involucrados el MSP, la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, los prestadores privados y ASSE. Esto requiere todo un cambio de la forma en la que el médico trabaja. Al que elige la opción de trabajar lejos de la capital, y sobre todo en localidades más pequeñas, le tengo que dar condiciones que van más allá del tema salarial, económico. Que el médico que elija la opción de vivir en un lugar lo haga por tiempos acotados, para que después, si él quiere seguir trabajando en esa localidad, lo haga, pero que también tenga la posibilidad de que el sistema lo absorba en otro lugar y que pueda trabajar en una ciudad más grande, con mayores servicios, que no quede allí como una cuestión obligatoria. Porque se ha manejado que sea obligación que los médicos recién recibidos tengan que ir a determinado lugar... ¡Ojo! Estamos mandando a médicos que requieren de respaldo, de apoyo, a un lugar donde van a estar solos.

    — ¿Cómo es la relación de FEMI con el Sindicato Médico del Uruguay (SMU)?

    —Hubo, históricamente, un vínculo de convivencia. Porque el SMU es más de Montevideo, por más que tenga algunos núcleos de base en el interior, y nosotros representamos al interior. Hace muchísimos años atrás era común tener una doble afiliación, al SMU y a la FEMI. Los tiempos fueron cambiando. En los últimos seis años más o menos ha habido un acercamiento mayor y tenemos vínculos que creo que son necesarios e importantes, pero sabemos que tenemos cuestiones comunes en territorios diferentes. Tenemos que retomar aquella convivencia, y también el respeto de esos objetivos y de esas cuestiones de territorios. Nosotros tuvimos —y no lo tengo que ocultar— situaciones muy complicadas con algunas de las directivas del SMU, en las que no se nos veía con buenos ojos. Se veía al médico del interior como un médico empresario, vinculado a la empresa... Nosotros vivimos esta separación (entre FEMI y Fepremi) hace seis o siete años, y ahora los gremios estamos por un lado y las empresas por otro. Convivimos, porque la convivencia en el interior es distinta. Porque nuestra forma de vincularnos con los prestadores, con los colegas, con la comunidad, es diferente. Por lo tanto, tenemos culturas distintas de organización. Nosotros queremos que se nos respete esa cultura de organización, y respetamos la del resto de las gremiales, y en particular la del SMU. Pero en realidad, los dos tenemos un punto en común: los médicos, sin importar qué condición de trabajo y de pertenencia a determinadas instituciones tienen.

    • Recuadro de la entrevista

    ASSE debería tener “mayor independencia”

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