El presidente de Bolivia, Evo Morales, no había despegado el miércoles 3 del Aeropuerto de Viena —donde estuvo retenido por varias horas— cuando los mandatarios de la región ya estaban movilizados para condenar el trato recibido por ese jefe de Estado, luego de que cuatro países europeos —Portugal, Francia, España e Italia— no le permitieran sobrevolar su espacio aéreo por la sospecha de que en su avión presidencial transportaba de forma clandestina al ex espía buscado por Estados Unidos, Edward Snowden.
En ese esquema, la administración del presidente José Mujica ha tenido una influencia clave al liderar varias conversaciones y negociaciones desde una perspectiva regionalista.
Ese proceso se desarrolla en paralelo al avance de Uruguay con su “integración total” con Brasil a falta de mejoras reales en la integración con los demás países del Mercosur, y luego de cuestionar en forma reiterada las políticas proteccionistas de algunos socios y el hecho de que la agenda de negociaciones externa está paralizada.
Tan es así, que el sistema político continúa debatiendo hacia qué modelo de integración apuntar, con un oficialismo dividido entre una defensa a ultranza de la postura pro Mercosur y una idea más pragmática de empezar a cobrar protagonismo en otros espacios. En la otra punta, la oposición se encolumna cada vez más tras la idea de que Uruguay sea miembro pleno de la Alianza del Pacífico, el bloque de libre comercio conformado por Chile, Perú, México y Colombia, que es presentado como la contracara del Mercosur en la región.
“Concertación política”.
La cumbre de Unasur celebrada la semana pasada contó con la presencia del anfitrión Morales y también de Mujica, de la mandataria argentina Cristina Fernández, del jefe de Estado de Venezuela Nicolás Maduro y del peruano Ollanta Humala. Además, hubo representantes de todos los países que integran la Unasur.
De allí surgió una declaración en la que se indica que los países están “convencidos que el proceso de construcción de la Patria Grande” debe “consolidarse en pleno respeto a la soberanía e independencia de los pueblos, sin la injerencia de centros hegemónicos mundiales”.
Además, se declara “inaceptable la restricción a la libertad del presidente Evo Morales, convirtiéndolo virtualmente en un rehén”, lo que “constituye una violación no solo al pueblo boliviano sino a todos los países y pueblos de Latinoamérica”.
El espía norteamericano Snowden, quien es buscado por Estados Unidos por revelar información confidencial y dar a conocer un sistema de espionaje de ese país, terminó por tensar las relaciones con esos países europeos, que fueron calificados en la región como “la vieja Europa” que mantiene ideas “colonialistas”.
La directora del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Universidad Católica del Uruguay, Susana Mangana, indicó a Búsqueda que “a nivel político se ve una reacción más rápida que antes” en la Unasur y que este bloque “se perfila en el esquema regional como un foro que no es económico pero que sí logra una concertación política importante”. A su juicio, la región está consolidando un “foro de consulta política con gran vigor y eficacia que supera el consenso que obtienen los foros económicos”.
En la misma línea, el profesor adjunto del programa de Estadios Internacionales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, Wilson Fernández Luzuriaga, expresó a Búsqueda que “cuando en 2008 se creó la Unasur nadie tenía claro cuál sería su rol” pese a lo cual en la actualidad se transformó en un “mecanismo de consulta y concertación política casi que permanente, con respuestas muy rápidas y de alto nivel”. Además, opinó que si bien es “liderado” por gobiernos progresistas que se presentan como “más reaccionarios” ante los conflictos, las declaraciones obtienen el consenso de administraciones de diversas ideas políticas.
En similar línea, el coordinador de la Licenciatura en Estudios Internacionales de la Universidad ORT, Javier Bonilla Saus, añadió que “hay una capacidad de acordar algunas reacciones diplomáticas convergentes” en temas que hacen “a la rutina de las relaciones internacionales” y que por tanto, habrá que ver “qué pasa si tiene que resolver temas mayores”.
Debate parlamentario.
Mientras Uruguay participa activamente en ese foro a nivel continental, el sistema político intensificó en las últimas semanas el debate respecto al rumbo que debería tomar la política exterior del país. Días antes del comienzo de una nueva cumbre de presidentes del Mercosur (que se inicia hoy en Montevideo), el Senado discutió respecto a si continuar en la senda del Mercosur o virar la estrategia para ser miembro pleno de la Alianza del Pacífico.
El debate el martes 9 tuvo especial relevancia luego de que el vicepresidente Danilo Astori manifestara, tras participar en una reunión de ese bloque, que Uruguay debía aspirar a obtener una “doble membresía” en ambos bloques.
En la actualidad, Uruguay es “observador” en el bloque del Pacífico, que aspira a presentarse como una plataforma de ingreso para Asia.
En el Senado, el planteo fue realizado por el colorado José Amorín, para quien la Alianza del Pacífico es una “realidad tan grande” que “negarla sería un error”.
“Eso no lo digo yo, lo dice el vicepresidente Astori”, afirmó.
En tanto, Jorge Larrañaga (Alianza Nacional) planteó que Uruguay debe ser “pragmático” en el tema. “No podemos ser rehenes de resabios del pasado y caprichos del presente. El realismo tiene que estar por encima de los ideologismos obcecados”. Larrañaga dijo que no está pensando en abandonar el Mercosur, y aseguró que “es posible” integrar otros bloques regionales.
Por su parte, el senador nacionalista Sergio Abreu realizó críticas al funcionamiento del Mercosur. Dijo que el bloque “nunca cerró un acuerdo sustancial con ningún mercado” y señaló los problemas que hay entre los dos socios mayores: “Brasil no quiere reunirse con Argentina porque le cierran las puerta a los reclamos brasileños, porque Argentina está en un momento de sustitución de importaciones brutal”.
Pedro Bordaberry (Vamos Uruguay), en tanto, dijo que hay que ser “pragmático” y que se deben “dejar abiertas todas las posibilidades”.
Desde el oficialismo, el ex vicecanciller y actual senador socialista Roberto Conde dijo que el país ya tiene acuerdos comerciales con los países que integran la Alianza. “Se plantea como una disyuntiva la pertenencia al Mercosur o a otra zona de libre comercio. Es un debate falso. Sin Mercosur no existiría industria en el Uruguay”, dijo y recordó que Argentina y Brasil son el principal “factor de desarrollo”.
“La integración tiene que ser económica, social y política. Hemos defendido la idea fundamental de que el mejor escenario para el Uruguay era una unión aduanera. La vida ha demostrado que Brasil y Argentina no están en condiciones de hacer funcionar una unión aduanera. Hemos manejado esto por la vía de excepciones, la perforación al arancel común. Uruguay debería poner en el calendario el tema de la unión aduanera”.
En tanto, Alberto Couriel (Espacio 609) dijo que la Alianza del Pacífico es “un gran elemento de marketing por parte de Estados Unidos y los grandes medios de comunicación”.
El comunista Eduardo Lorier, por su parte, afirmó que en este tema la izquierda no es ideológica sino realista. “La Alianza del Pacifico, es la pata americana en la alianza transpacífica, es un mega proyecto para contener a China. Acá está uno de los objetivos centrales que tenemos que ver”, dijo.
Para la senadora Constanza Moreira, el bloque del Pacífico no es una alternativa de integración para Uruguay. “Aprovechar las falencias del Mercosur para asociarnos a otro bloque, por lo mínimo es oportunista, me parece poco serio. La alianza tiene por ahora más de andino que de pacífico. (...) Lo que queremos es una América Latina más unida. Para eso hicimos la Unasur”, indicó.
Política
2013-07-11T00:00:00
2013-07-11T00:00:00