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    La sátira o la muerte

    Dibujantes uruguayos opinan sobre los asesinatos en Charlie Hebdo y sobre el humor local

    A una semana de que dos hombres vestidos de negro asesinaran con armas automáticas a doce personas de la redacción del semanario satírico francés Charlie Hebdo, el miércoles 7 en la mañana, en un atentado que en las últimas horas se adjudicó Al-Qaeda, las repercusiones y las reacciones no dejan de sucederse. “¡Hemos vengado al profeta Mahoma! ¡Hemos matado a Charlie Hebdo!”, gritaron los encapuchados antes de escapar en un auto, según publicó Búsqueda el jueves 8. Entre los muertos se encontraban el director de la revista, Stéphane Charbonnier (Charb), los principales caricaturistas del medio, Jean Cabut, Georges Wolinski y Bernard Verlhac, el economista y periodista Bernard Maris y dos policías. Aunque este fue brutal, no resultó un episodio aislado; en años anteriores hubo amenazas y un atentado con bombas molotov en 2011. El tiraje de la revista era de unos 60.000 ejemplares.

    El lunes 12 se conoció la portada de la última edición, donde un hombre triste y de turbante lleva el cartel: “Yo soy Charlie Hebdo”. Y se lee: “Está todo perdonado”. Tiraje: cinco millones de ejemplares.

    En seguida volvieron a alzar la voz los fundamentalistas islámicos, en respuesta al dibujo que consideraron una ofensa. El polémico clérigo musulmán británico Anjem Chourdary en declaraciones a The Independent, dijo que la caricatura es un “ataque al honor” del profeta Mahoma. Con gran actividad en Twitter, el religioso de 47 años dijo que si la caricatura fuera juzgada por un tribunal islámico, recibiría la “pena capital” al ser una “provocación descarada” y que este insulto es parte de la “guerra” que se mantiene. En la red social escribió: “Cuando 17 personas son asesinadas es terrorismo, pero cuando se mata a millones se le dice lucha por la libertad y la democracia. ¿Cuáles valores son los bárbaros?”. En otro momento cuestionó: “Me pregunto qué le pasaría a alguien en la marcha de un millón de personas en el París de hoy si usara su libertad de expresión para negar el Holocausto”.

    El lunes 12 en el Museo del Humor de Buenos Aires se realizó un homenaje a los humoristas asesinados con la participación de las mejores plumas argentinas, como Quino, Hermenegildo Sábat, Carlos Garaycochea, Fernando Sendra y el embajador de Francia, Jean-Michel Casa. Dibujantes por todo el mundo expresaron el impacto que les causó el hecho con viñetas que circularon por la red. La serie animada Los Simpsons no se quedó atrás y el domingo 11 rindió un homenaje que muestra a la bebé Maggie formando parte del cuadro La Libertad guiando al pueblo, que Eugène Delacroix pintó en 1830.

    Sobre la responsabilidad de las muertes no hubo dudas: los hermanos Said y Cherif Kouachi comentaron los sucesos antes de morir en tiroteos con la Policía, el viernes 9.

    Se escribieron artículos con distintos puntos de vista que también relataron los problemas que Charlie Hebdo tuvo en los últimos años. En panamarevista.com, Dardo Scavino dice: “Pienso que estos dibujos y artículos son una muestra bastante representativa de la línea de Charlie Hebdo a lo largo de cuarenta años: libertarios, anti-fascistas, ecologistas y sobre todo sacrílegos, insobornablemente sacrílegos (hasta burlarse de esos mismos discursos libertarios, anti-fascistas y ecologistas)”.

    Alfredo Sábat, ilustrador en la prensa argentina e hijo del uruguayo Hermenegildo Sábat, en su página de Facebook definió el hecho como “inédito” y “preocupante para todos”. Agregó: “En un atentado terrorista acaban de matar a algunas leyendas del humorismo mundial porque a alguien no le cayó bien un dibujo. Nuestro trabajo es ser graciosos. Y si estamos en el humor político, por definición hay que ser crítico. Y crítico de los poderosos. En días así cuesta ser gracioso. Y crítico. Pero es lo que elegimos, o lo que nos eligió. No hay vuelta atrás. Adelante”.

    Búsqueda consultó a algunos ilustradores que trabajan en Uruguay sobre el episodio de Charlie Hebdo. Tunda Prada, que trabajó en revista Guambia y fue conductor y La mano que mira, dijo que esto “pasa todos los límites” y es “una locura que se ubica fuera del sentimiento humano”. “Evidentemente hay cosas que ofenden y yo no pasaría por esos lados, yo no haría nunca a Alá desnudo porque sé que va a ofender. Pero no lo dejaría de hacer por miedo a que me maten, sino por una cuestión de respeto, como no lo hago con otra gente. Con el humor me animo a ciertas cosas, a veces podés empezar a despachar cosas y si no hay repuesta del otro lado, seguís. Pero si hay alguien que te dice: ‘Vo, esto me ofende’, ahí parás. Hay gente que se pasa. Pero esa no es justificación para matar a nadie”.

    Tunda no comparte el punto de vista de los fundamentalistas. “Me parecen absurdos hoy en día. Los fundamentalistas han tapado sus actitudes, como sucedió en las dictaduras. En este caso estamos en una guerra que daría la impresión de que va a durar mucho tiempo, y no me parece inteligente ‘mojarles la oreja’”, agregó.

    “Una cosa es agrandarle la nariz a una persona o exagerar una situación y otra cosa es meterse con algo en lo que determinada gente cree”. A raíz de un chiste de su autoría una persona vinculada a la Iglesia llamó a Guambia para hablar con el director, en un episodio menor. “Pero nunca puede llegar a estos límites, no me cabe duda de que estos tipos están enfermos. Tienen una enfermedad colectiva, justificada además por algún pasaje del Corán”.

    Al dibujante nunca le gustó “el humor burdo”, sino que prefiere la sutileza. “De una manera mejor se podrían decir cosas que abran cabeza en contra de esta gente que está un poco retrógrada en la historia de la humanidad. No es necesario ser tan directo, pero también sos libre, sabiendo que las consecuencias pueden ser duras, y no tenés por qué dejar de hacerlo porque a un tipo se le ocurre salir a matar gente”.

    En Uruguay no ha tenido mayores problemas. “A los políticos que les hemos dado, siempre respondieron bien, salvo algún cascarrabias que un día llamó enojado. Se pueden ofender o decir que algo no es verdad”. Defiende la libertad de expresión “antes que nada” y también se pregunta: “¿Hasta dónde lo que se hace no es provocación? Y por el bien del humor, no seamos tan burdos”.

    Fermín Hontou (Ombú), dibujante del semanario Brecha, se tomó la cosa con un poco de humor y dijo a Búsqueda que Uruguay “es un país afrancesado, con todo lo bueno y lo malo que ello implica, como por ejemplo creerse el centro del mundo. Que piensa que su presidente puede dar clases al mundo desarrollado de cómo vivir frugalmente (con tractor, dos fuscas, chacra en Rincón del Cerro y perra de raza cuzco con tres patas) y de cómo consumir adecuadamente (para la yerba-mate y los bizcochos no habría ningún limite imponible)”.

    Para salir del estupor y salir de la dicotomía “Yo soy Charlie” o “Yo no soy Charlie”, Ombú se plantea: “¿Qué pasaría si una princesa y alteza serenísima fuera expropiada por algún fanático frenteamplista seguidor de los pasos que trazó en vida el general Hugo Chávez Frías? ¿O qué sucedería si Sergio Gorzy o Alberto Sonsol fueran perseguidos y discriminados en nuestro país, no por su condición de judíos, sino por ser hinchas rabiosos e irracionales de la Celeste, de Luisito Suárez o del Maestro Tabárez? Yo sentiría miedo si caminara, con mi humilde camisetita de Nacional, por las inmediaciones del futuro estadio del Club Atlético Peñarol (sería una verdadera provocación, en palabras del sabio Profe Piñeyrua)”.

    El dibujante y diseñador Fidel Sclavo, quien vive entre Buenos Aires y Montevideo, dijo a Búsqueda que el episodio Hebdo le generó sorpresa y horror por la desproporción de los hechos. “Lo que más me impresionó es que no deja de ser un chiste, entonces hay una desproporción entre hacer un dibujo y que te terminen matando. Es igual de simbólico que el 11S pero más absurdo. Que por hacer un dibujo te maten de esa manera tan brutal, da miedo en relación hacia dónde ha ido todo”. Sclavo no se dedica a la sátira pero considera que este humor borra todo tipo de límite entre lo que “es correcto” decir o no. “Hay cosas que me gustan más y otras menos pero siempre prefiero que no haya demasiados límites, porque vos elegís hasta dónde ir”.

    Para Sclavo en Uruguay siempre se condenó la censura. “Pero siempre hubo censura, para empezar social. Yo me crié pensando que Uruguay no era un país racista y sí lo es. Estamos llenos de preconceptos equivocados y uno piensa que es libre y no lo es: si decís alguna cosa, enseguida hay un juicio de valor que condena”. Para el diseñador, “en Uruguay tenemos fama de abiertos y sinceros, pero no somos tan así.

    Sclavo celebra la tapa que vino después de los asesinatos. “Decidieron no dar marcha atrás sino seguir y redoblar la apuesta”.

    Sebastián Santana nació en la ciudad argentina de La Plata pero vive en Montevideo, donde se dedica a la ilustración de libros, afiches y portadas de discos. “Me enteré de lo que había pasado paveando en Facebook, cuando vi unos dibujos del argentino Gustavo Sala. No me puse a llorar por un pelo. Primero me shockeó la indefensión de esos tipos que estaban haciendo su trabajo y después la desproporción”.

    Considera que hay gente que se pude sentir ofendida por ese humor. “Muchos de los chistes no me gustan, pero me parece perfecto que existan: esa no es la discusión. La revista que haga lo que quiera, y si comete alguna falta moral hay mecanismos para resolverlo, pero aquí el problema es el tenor de la respuesta. Me impactó mucho la muerte ridícula de los más veteranos. Que la realidad cobre esa forma es totalmente independiente de lo que se haga”.

    “Es básico tener derecho a dibujar a quien quieras haciendo lo que sea, asumiendo las consecuencias en términos de igualdad, con reglas normales y que no te peguen un tiro”. En Uruguay, agregó, hay un cuidado por no ofender. “Se conoce todo el mundo y no se hace un humor dirigido a personajes concretos. Estuve comprando Guambias viejas, que cuando era chico leía y no entendía, y encontré que aunque pasaron 20 años, lo atrevidas y virulentas que eran me hizo ver que hoy acá no hay nada de eso. Estamos cubiertos por una capa de corrección política espantosa, lo que es una boludez, porque más vale tener una discusión que guardarse una opinión y privarse de un debate. La autocensura es terrible”, concluyó Santana.