Un estudio de la Facultad de Ciencias Sociales asegura que mujeres y hombres realizan hoy un uso diferenciado del espacio público, a causa del acoso sexual
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUtilizar auriculares. No transitar por determinadas calles. No usar pollera de noche o evitar quedarse sola en la parada del ómnibus. Estas son solo algunas de las tantas estrategias que las mujeres utilizan día a día para enfrentar el miedo y la inseguridad que genera el acoso sexual callejero en el espacio público.
El “avisame cuando llegues”, tan difundido entre grupos de amigas —no así entre varones—, es uno de los más claros ejemplos que reflejan la percepción que las mujeres tienen sobre la ciudad: siempre está presente la posibilidad de que algo malo les pueda pasar.
Es por eso que la Intendencia de Montevideo (IMM) ingresó al programa mundial de ONU Mujeres denominado “Ciudad segura para las mujeres”, explicó a Búsqueda la directora de la Secretaría de Igualdad de Género de la comuna, Patricia González. El programa incluye actualmente a más de 30 ciudades de todo el mundo, entre ellas Quito, Nueva York, Nueva Delhi y El Cairo.
González sostuvo que mucho se ha trabajado sobre la violencia de género dentro del espacio privado, pero la violencia que las mujeres sufren en las calles a diario no está suficientemente visibilizada. Para tener más información, un equipo de trabajo del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, coordinado por la politóloga Niki Jonhson, referente en temas de género, llevó adelante un diagnóstico de la situación en diferentes zonas de Montevideo.
Mediante la observación participante, grupos de discusión y análisis, los investigadores detectaron distintas amenazas que las mujeres sienten al momento de circular por la ciudad, lo que condiciona su comportamiento y genera incluso que sea más costoso para ellas moverse.
“A las mujeres les cuesta más plata que a los hombres circular dentro del espacio público, porque se toman un taxi para no caminar solas, por ejemplo. Muchas de las cosas que los hombres no identifican, es que sentís miedo de transitar y que ese miedo no es temor sobre sus pertenencias, sino sobre su cuerpo, debido a las situaciones diarias donde las mujeres son agredidas en la calle”, afirmó González.
El tema del uso, goce y disfrute del espacio público se encuentra entre los lineamientos del Tercer Plan de Igualdad de la comuna. Y si bien hay cosas que ya se trabajan desde tiempo atrás, muchas parecerían recién ahora tener “campo fértil” para desarrollarse, dijo la directora.
En acuerdo con la IMM, la facultad estudió el comportamiento de las mujeres en dos zonas. La primera, como lugar de tránsito alto, fue Parque Rodó y las calles que lo rodean.
“Aprovechamos que el Parque Rodó está en proceso de obra, lo cual nos permitiría incidir sobre la planificación urbana más directamente”, dijo González. La idea fue observar cómo lo transitan hombres y mujeres. Según el diagnóstico, durante la noche todas las mujeres declararon no atravesar el parque solas ni en grupos con hombres, mientras que los varones no lo dudaron.
Si bien las mujeres indicaron que las zonas más peligrosas eran todas las calles internas, reconocieron que los lugares donde sufrían más acoso eran donde pasaba más gente. “Nadie te viene a decir nada si estás sentada tomando mate, te dicen de pasada, cuando transitás. Pero el peligro que tenés adentro del parque de noche es mucho más grande. No es el peligro de que alguien te diga algo, sino a que te haga algo. ¿Cómo se materializa ese miedo? En una violación”, afirmó la directora.
En los grupos de discusión de mujeres pudieron apreciar que ese tipo de estrategias está naturalizado. De hecho, el nombre del diagnóstico es Todo el mundo, todo el tiempo y en todas partes, al entender que el acoso y el miedo es constante. Por eso, las mujeres construyen estrategias para “defenderse”, como hacer trayectos más largos o salir acompañadas.
La segunda zona de estudio barrial fueron Unión y Villa Española. Según el análisis, es una zona que tiene poco espacio verde, donde las casas están muy concentradas y existen diferentes centros comerciales. Además, fue elegido por considerarse muy representativo, al tener tanto asentamientos como lugares de clase media.
El asesinato de Brissa González, una niña de 12 años, sucedió ahí. Debido a eso, los investigadores determinaron que hay una percepción inconsciente, que está siempre presente —sobre todo en madres y hermanas mayores—, de que las niñas están en peligro. “Hay una sensibilidad particular en relación con el tema de las niñas escolarizadas. Y las mujeres cuentan sus experiencias con el acoso desde edades muy tempranas”, dijo González.
Para la jerarca, este punto condiciona la circulación de una mujer en el espacio público para el resto de su vida, al entender que desde el momento en que una niña alcanza cierta autonomía ya se sabe en peligro.
Durante el estudio se les pidió a hombres y mujeres que marcaran en un mapa de su barrio las zonas que consideraban peligrosas. Al comparar ambos resultados, los investigadores indicaron que parecía una ciudad distinta. Mientras que los hombres solo indicaron como lugar de peligro los alrededores de los asentamientos, las mujeres marcaron todas las calles oscuras, las más despobladas y las paradas de ómnibus. “La percepción de la ciudad es otra. Los varones utilizan las calles internas y las mujeres ni lo contemplan. Eso nos hace cuestionar, ¿cómo usa cada uno el espacio público?”, dijo González.
“La sensación de peligro está acompañada de experiencias, que es lo que muestran los grupos. Todas han pasado por situaciones que muestran el temor de circular solo por ser mujer”, agregó. Para la jerarca, todos comparten el temor a la inseguridad sobre los bienes, pero es difícil que un hombre tema que lo puedan violar.
A partir de este diagnóstico, la IMM trabaja en una serie de medidas enmarcadas en el Tercer Plan de Igualdad, de forma que incida en la planificación y el desarrollo de la ciudad desde una perspectiva de género. Las autoridades, según González, tendrán entre sus objetivos determinar las acciones que cada dependencia puede llevar adelante para construir una ciudad más segura para las mujeres, como mejorar la iluminación, con circuitos seguros —coordinados en convenio con urbanistas feministas referentes de Barcelona— o construir espacios de tránsito frecuente.
La intendencia lanzará una campaña de concientización masiva en medios de comunicación en noviembre para fomentar el debate público. “Necesitamos que los hombres puedan también discutir con nosotras sobre esto, interpelarse, plantearse, entender el sentir, el ‘me da miedo. Solo cambiar la infraestructura no alcanza”, explicó la directora. La campaña será financiada con los $ 5 millones recaudados en los festivales Montevideo Rock y Montevideo Tropical.
Sofía Cardozo, una de las integrantes del equipo de trabajo que llevó adelante el estudio, dijo a Búsqueda que la violencia que se ejerce sobre mujeres cotidianamente de manera sistemática y que, por lo tanto, es una forma de violencia instaurada, es el acoso sexual callejero.
“La idea era observar cómo estaba dada la estructura de la ciudad y, en ese sentido, vimos que la planificación urbana tiene un debe en perspectiva de genero y hay espacios que limitan el habitar de las mujeres”, dijo, por su parte, Valentina Torre, otra participante del análisis.
“Las mujeres usamos estrategias de supervivencia que el espacio público nos exige”, argumentó Torre.