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    La terminal de carga de Carrasco busca posicionarse como hub regional, mientras enfrenta la competencia del modo marítimo

    Arándanos, semillas, carne y medicamentos —entre otras mercaderías— salen hacia el exterior en avión, pero cada vez más algunas de esas cargas están migrando al transporte marítimo debido al alto costo del flete aéreo y la mayor eficiencia de la logística portuaria.

    Eso explica, en parte, que el movimiento de cargas en el aeropuerto internacional de Carrasco haya disminuido 7% —en toneladas— en 2016, respecto al año anterior, según datos del Instituto Nacional de Logística. Además, los tránsitos hacia las zonas francas también bajaron.

    Bruno Guella, gerente general de la Terminal de Cargas de Uruguay (TCU) —que opera el aeropuerto— explicó a Búsqueda que se apuesta a desarrollar el negocio como centro de distribución o hub de mercaderías para la región. Y comentó que de manera incipiente la terminal comenzó a captar más tránsitos, es decir, mercaderías de empresas multinacionales —del rubro electrónico y farmacéutico principalmente— que tienen como destino final otros países de América Latina.

    En esa línea, la TCU trabaja para cambiar el peso en la ecuación de sus negocios y hacer crecer los tránsitos, que son más independientes del comportamiento de la economía uruguaya y a los que se les puede agregar más valor a través de servicios de empacado, fraccionado y etiquetado, por ejemplo. En la terminal como “hub regional” es donde TCU tiene las “mayores oportunidades” para expandirse, comentó.

    En todo el año pasado, 72% de la actividad se explicó por exportaciones e importaciones con destino final Uruguay, mientras que el restante 28% correspondió a productos en tránsito (hacia zonas francas o para empresas instaladas en la TCU).

    Por avión.

    El año pasado el comercio exterior de Uruguay disminuyó por la menor demanda y problemas de acceso de algunos mercados, así como por la caída de los precios de los commodities que exporta. Eso se reflejó en la actividad de los diversos modos de transporte.

    Por vía aérea, el año pasado se movilizaron 2.300 toneladas menos (–7%) que en 2015. Este modo representó en torno a 2% de toda la carga.

    Con una mirada histórica, el aeropuerto pasó de movilizar 20.200 toneladas en 2002 a 28.000 en 2008, mientras que superó las 32.000 toneladas en 2012. En los años siguientes las cargas se estabilizaron cerca de las 31.000 toneladas, pero el año pasado cayó a 29.150 toneladas.

    En dólares, 4,6% del monto exportado el año pasado fue por avión, mientras que 12,5% de las importaciones llegaron por esa vía.

    Son en promedio unos 22 vuelos diarios de pasajeros que también transportan carga en sus bodegas, informó Guella. Además, otros siete aviones cargueros a la semana pasan por Carrasco para trasladar bienes a granel o en pallets.

    En los últimos años la terminal evolucionó hacia el manejo de cargas de mayor valor. En promedio, el valor de los productos que llega vía aérea aumentó 34% en dólares por kilo entre 2006 y 2016, informó su gerente. El año pasado el precio de la mercadería que llegó por avión fue de US$ 82 por kilo —en promedio— y US$ 28 por kilo el de la exportada, detalló. Explicó que esa diferencia de valores se debe al mayor contenido tecnológico que tienen las importaciones en relación a las exportaciones. En un año normal los bienes de telefonía y electrónica representan más de un tercio del valor total importado, los farmacéuticos 22%, repuestos 20%, instrumental médico 10%, vestimenta 3% y de otro tipo 9%. En la exportación, los medicamentos pesan 30%, instrumental médico 15%, metales preciosos 13%, cueros 11%, carne 6% y otros productos 25%.

    Guella comentó que “en el mundo se está dando una migración de la carga aérea a la marítima, porque el transporte en barco ha evolucionado. Mejoró la logística, los costos y tiempos, y si las empresas se organizan un poco mejor, pueden no tener que acudir tanto a envíos de carácter urgente por avión”.

    Dijo que ese fenómeno también se está dando en Uruguay con la carne y el cuero, por ejemplo, porque la relación del costo por tonelada transportada en avión es de 10 a uno en comparación con la marítima. En ese contexto fue que bajó la actividad de la terminal el año pasado.

    Para 2017 afirmó que se prevé un nivel de carga similar al de 2016.

    Informó que TCU cuenta con 13.000 metros cuadrados operativos y que la ocupación de esa área es “bastante estable”, si bien hay “picos” de actividad de importación (a fin de año), así como de exportación de semillas (abril-mayo) y arándanos (setiembre-octubre). Por día se canalizan unos 600 despachos de importación y trabajan en torno a ellos cerca de 500 personas de manera indirecta (despachantes, transportistas, etc.) y unos 80 más que forman parte de la plantilla de TCU.

    Hub regional.

    “La tendencia es que se muevan más productos farmacéuticos, de electrónica y cosas urgentes, y que los no tan críticos encuentren una solución más económica vía terrestre o marítima. Cada vez más las empresas están mirando y ajustando sus números en búsqueda de eficiencia”, comentó el ejecutivo.

    Por eso, dijo que TCU está enfocada en hacer crecer los tránsitos, mejorando y desarrollando infraestructura, certificando en calidad los procesos y profesionalizando la gestión para competir “en un mundo que es completamente distinto al negocio de importación y exportación”. En ese sentido, consideró importante promocionar en el exterior a Uruguay como un “hub regional” con las ventajas de aeropuerto “libre”.

    Puerta del Sur, concesionaria del Aeropuerto de Carrasco, cedió la operativa de cargas a TCU por 20 años, con opción a 10 más. Esa terminal aérea es la única bajo régimen “libre” en Sudamérica, lo que les permite a las empresas allí instaladas acceder a beneficios tributarios sobre el ingreso y egreso de la mercadería; además, los servicios que se les prestan en el predio también están exonerados de IVA. Otra ventaja es que los bienes no pierden el origen Mercosur, aun si son fraccionados, y no tienen un plazo límite para permanecer en depósito. Bajo ese régimen se desarrollan los servicios de almacenamiento, reenvasado, remarcado, desconsolidado y demás que TCU ofrece a sus clientes.

    “Estamos comenzando a captar flujo de mercaderías que necesitan distribución en la región y que encuentran en el aeropuerto dónde dejar el producto. Y si necesitan mandarlo a otro lugar, que se pueda hacer un subconjunto, preparar un pedido y demás”, explicó Guella. La ventaja, dijo, es que ese tipo de procesos no se puede hacer en ningún otro aeropuerto de la región: “Es un diferencial todavía incipiente, pero que las empresas están empezando a ver”. El ejecutivo de TCU reconoció que “aún son volúmenes menores, pero es donde hay probablemente más para crecer”. Apuntó que Asia, Europa y Estados Unidos son los principales orígenes de la mercadería que llega “en tránsito” hacia América Latina.

    El “desafío es ir acompasando” la demanda de servicios, señaló, y en ese sentido destacó el crecimiento que se espera en el transporte de medicamentos a nivel mundial. Para eso, con Megapharma funcionando en el Parque de las Ciencias —ubicada muy cerca de la terminal aérea—, TCU invirtió en infraestructura para prestar servicios logísticos al rubro farmacéutico. A fin del año pasado la terminal inauguró MVD Pharma Hub, unos 1.100 metros cuadrados destinados a depósito y agregado de valor de la cadena de distribución de medicamentos y triplicó la capacidad que tenía instalada.

    En la medida que se concreten más negocios de firmas globales que se instalen para distribuir a la región “puede haber un salto” en la actividad, aunque eso puede llevar tiempo, señaló Guella.

    Economía
    2017-06-22T00:00:00