Cuando leí el título, en la página 8 de la edición de Búsqueda de la semana pasada, de una nota que dice que hay “un ejército de trolls sembrados en las redes de los políticos”, me preocupé seriamente.
Cuando leí el título, en la página 8 de la edición de Búsqueda de la semana pasada, de una nota que dice que hay “un ejército de trolls sembrados en las redes de los políticos”, me preocupé seriamente.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn primer lugar, porque cualquier ejército mete miedo (menos el nuestro, al que están cocinando a fuego lento); en segundo lugar, porque sembrar trolls en las redes me parece una operación de altísimo riesgo, y en tercer lugar, porque no tenía ni la menor idea de qué cosa eran los trolls.
Así, a primera vista, la palabreja parece sacada de la Tierra de Mordor de El señor de los anillos o del Reino de Invernalia de Game of Thrones.
Uno se imagina que un troll es un gnomo verdoso de orejas puntiagudas, dotado de poderes que le permiten volverse pequeñito como un microbio, y en hordas de miles o de millones es capaz de infiltrarse en las desprevenidas redes sociales de nuestros bienamados políticos.
Si algo les faltaba a nuestros políticos, que viven de sobresalto en sobresalto, de interpelación en pedido de informes, y de comisión investigadora en denuncia penal, era que les sembraran trolls en las redes.
Esos enanos perversos son capaces de contagiarles alguna enfermedad infecciosa que les afecte el raciocinio —pensé, pero después descarté esta idea—, porque creo que la Rendición de Cuentas no contempla el financiamiento del raciocinio, y habrá que esperar por lo menos hasta el próximo presupuesto.
Pero, tras estas elucubraciones y al continuar leyendo la nota de Búsqueda, bajé a tierra y averigüé lo que era un troll. Y copio textualmente: “En la jerga de las redes sociales se les denomina trolls a los usuarios que usan su perfil con la permanente intención de hostigar virtualmente a otros, o generar controversias en hilos de conversaciones”.
Bueno, no serían gnomos, pero no estaba tan lejos mi interpretación primigenia, contrastándola con la refinada definición técnica.
Usar tu perfil con la permanente intención de hostigar a otro para generar controversias en el hilo de una conversación es, ni más ni menos, una canallada. Así lo bautizó una de las víctimas de los trolls, el pobre pelado Martínez, que le dijo a Búsqueda: “A mí me preocupa mucho que políticos, principalmente de la oposición, utilicen la canallada para competir”. No aclaró mucho de qué manera lo hacen esos malditos, pero me puedo imaginar que un troll (o cientos, no sé si operan como lobos solitarios o en patota) se le coló en el Twitter al intendente y le dijo, por ejemplo: “¡Pelado mentiroso, andá a vaciar los contenedores, menos bicicleta y más limpieza, papá!”. O qué sé yo: “¡Ay, Daniel, te vi ayer en la tele, qué sex appeal, guacho, vas a ser el primer presidente buen mozo de la historia del Uruguay!”, y lo firma ChirusitaXX219LM, porque según la nota de Búsqueda, los trolls son “reconocibles porque usan un nickname con muchos números, no tienen (…) una imagen de perfil, no tienen gente que los siga, y exhiben una casi nula actividad en la red social”.
¡Unos bichos asquerosos, los trolls!
Las víctimas mencionadas por la nota periodística son Bordaberry, Lacalle Pou, Larrañaga, Sendic (como si le faltara algo a este santito para tocar fondo) Mónica Xavier y hasta Fernando Amado, según otra nota que salió esta semana en El País sobre el tema.
Pero uno piensa que un troll mala leche de estos puede meterse en un diálogo virtual entre doña María y el supermercado, mientras ella está haciendo el pedido del surtido semanal por Internet, y en vez de dos kilos de harina y seis yogures, el troll hace que le lleven 20 kilos de harina y 60 yogures, nada más que porque en su esencia está “hostigar virtualmente a otros, o generar controversias”.
Hay más con estos bichos malditos. Dice la nota de Búsqueda que “estos nuevos perfiles de Twitter que surgieron en estos días tienen un patrón común, y es que siguen a las mismas cuentas, todas relacionadas con fútbol, política y farándula”. Agarrate Catalina.
El troll Gallina Clueca X8944L tuiteó en la cuenta Pasión Tricolor lo siguiente: “Ganamos el campeonato porque compramos a los jueces perjudicando a nuestro noble adversario tradicional. Nos merecemos una garrafa que nos aplaste la copa”. Se supo luego que este troll vino desde la barrabrava de Peñarol, infiltrado en las redes tricolores.
Y no te digo nada de la farándula.
Un troll identificado como Tinelli con T W14922 tuiteó: “Somos miles de trolls pidiendo a gritos a Julio Ríos en el Bailando, venite Julio, el triunfo es seguro”. Se desconoce su origen, pero se sospecha que viene de Fox Sports. Hay varios más con romances adúlteros de la farándula vernácula, pero los obviamos por razones de sensibilidad.
No obstante, todo indica que la cancha preferida de los trolls es la política.
Lo paradojal es que todos los políticos se quejan de los trolls, pero la información dice que son ellos mismos los que los crean. El experto consultado por Búsqueda dijo que “la estrategia piramidal es crear, por ejemplo, 1.000 trolls sin actividad alguna más que la de dar ‘me gusta’, o votar en encuestas. A su vez, esos 1.000 pueden seguir a un número menor que sí ‘toman cuerpo’ y tienen una actividad, es decir, tuitean esporádicamente y se meten en conversaciones. Pero son fáciles de descubrir porque el 90% de sus seguidores también son trolls. (Su objetivo es) generar tendencias, temas de conversación, o cambiar el foco de una discusión hacia sus intereses”.
Esto antes se hacía en la sede de los partidos, en los clubes políticos, en los comités de base, en el Parlamento o en el Sorocabana. Pero como ahora las personas somos apéndices de los smartphones o las tablets, si no creamos trolls, no podemos generar tendencias, temas de conversación o cambiar el foco de una discusión.
Habrá que crear una app que permita contabilizar los trolls ajenos, así el Cuquito puede medirle los trolls al Guapo, y si este crea 1.000 trolls, la respuesta será crear otros 1.000 para neutralizarlo.
En fin. La nota de Búsqueda también hace mención a la inquietud de las redes frenteamplistas, que organizaron recientemente una charla (¿me querés decir cómo hacen las redes, frentistas, blancas, coloradas o independientes, para hacer una charla?) en la que se analizó el concepto de big data, que es el aprovechamiento de la información digital, con el fin de proyectar ganar las elecciones a través de las redes sociales. Parece que así fue que ganó Donald Trump. En realidad debe haber sido con el big rata y no con el big data que el payaso de Donald ganó la elección.
Mejor no copiarle el sistema.
Les aviso que, si lo hacen, les mando un troll para destruirlo.