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    La “vieja política” no existe y “cuando uno gobierna bien no hace amiguismos, ni acomodos ni nada”

    Carlos Moreira dice que no es “revanchista”, que tiene una relación “muy buena” con el presidente, pero no se habla con Larrañaga ni Argimón, y que evaluará pedir el reingreso al Partido Nacional

    ¿Cuántas cosas pueden pasar en un año en la política uruguaya? Hace un año, Carlos Moreira era, además del intendente de Colonia, una figura de peso dentro del Partido Nacional. Un nombre de referencia en Alianza Nacional y en la otra mitad del partido. Fue uno de los dirigentes en los que pensó Luis Lacalle Pou para que lo acompañe en una fórmula presidencial. En octubre de 2019, a pocos días de las elecciones, la divulgación de unos audios que lo involucraban en un supuesto pedido de favores sexuales a cambio de renovar pasantías en la comuna les sacudió el piso a los blancos. El terremoto dejó a Moreira fuera de Alianza, de donde fue expulsado, y fuera del Partido Nacional, al que presentó su renuncia. Pero pasó un año. Y ahora Moreira vuelve por sus fueros. Con el archivo judicial de su causa y una holgada victoria en Colonia, departamento que lo tendrá por cuarta vez como intendente, evalúa pedir su reintegro formal a la colectividad blanca. Dice que no es un hombre revanchista, que mira hacia adelante. Pero admite que no tiene diálogo con Jorge Larrañaga ni habla con la vicepresidenta Beatriz Argimón, mientras trata a su vez de esquivar cualquier tipo de polémica con sus compañeros de gobierno. Siente que fue objeto de una “maniobra vil”. Y reivindica su gestión y sus resultados. Mientras proyecta una gran obra para recuperar el atractivo turísitico de la Plaza de Toros, reflexiona: “No sé cuál es la vieja política. La política buena es la de gobernar bien y gobernar para la gente, y administrar correctamente los dineros públicos. Esa es la política de siempre, la buena política”.

    Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Búsqueda.

    —¿Esperaba ganar con tanta holgura la intendencia de Colonia?

    —En la elección anterior había ganado por un margen aún más importante que este. Y ahora gané por 15 puntos. Yo tenía mucha confianza porque tenía el apoyo de 11 listas, 10 del Partido Nacional y una de Cabildo Abierto, que me daban una cobertura muy amplia. Llegué a todos los sectores de la población con gente que trabajó y militó mucho. Tenía una enorme confianza porque había tenido demostraciones de apoyo a lo largo y ancho de todo el departamento. Por ejemplo, la última fue una gran caravana, de 1.000 autos, creo que la más grande de toda la historia de Colonia. Y eso realmente me hizo sentir que la victoria era posible, que estaba al alcance de la mano. Y así resultó, porque a las nueve de la noche ya tenía una diferencia tan amplia que prácticamente vinieron mis adversarios a saludarme y la gente ahí ya empezó a festejar, con las limitaciones sanitarias que tiene hoy el Uruguay. Fue una campaña muy atípica.

    —Fue una campaña atípica, pero no solo por la pandemia, sino también por el episodio que lo obligó a renunciar al Partido Nacional. ¿Eso cómo influyó?

    —Claramente no influyó.

    —En el resultado seguro que no, pero a la ahora de enfrentar la campaña quizás sí.

    —Yo he recibido ataques de parte de ediles del Frente Amplio, que incluso formalizaron una denuncia 10 días antes de la elección sin ningún fundamento. Y bueno, eso no afectó mis chances. En definitiva, la gente respaldó mi candidatura, creyó en mí. Yo tengo 15 años de gobernante de Colonia sobre mis espaldas. De modo que las cosas que yo digo la gente las cree. Los resultados están a la vista. Cuando las cosas se hacen bien la gente lo valora. Cuando uno vuelca los recursos públicos en buenas obras, en servicios esenciales, lo valora. Hoy los gobiernos departamentales juegan un rol absolutamente preponderantes en la vida de los vecinos. La gente lo que quiere son resultados, buena gestión, buena administración. Y eso creo haberlo logrado.

    —Ya había tenido un respaldo popular fuerte en 2019 a las pocas horas que se hicieron públicos esos audios que lo involucraban.

    —Fue el acto de apoyo más grande que hubo en toda la campaña electoral. Claramente, sin dudas. Creo que había 2.000 personas en la explanada de la Intendencia, con un enorme fervor, con un apoyo masivo y espontáneo...

    —Espontáneo y con poco tiempo para que se pudiera procesar lo que había ocurrido. Eso desde Montevideo se observa con curiosidad, tiene algo de liderazgo caudillesco.

    —A mí me hace sentir orgulloso, emocionado, agradecido, por ese apoyo que hubo en un momento extremadamente difícil que yo estaba viviendo. Eso surgió 72 horas después de que se hicieran públicos los audios. No podía salir de mi casa de la gente que había.

    —¿Lo sintió como un baño popular?

    —Sí, sí. Esas son las cosas que a uno le permiten seguir adelante y salir adelante. No dejarse arrinconar o vencer por estas maniobras de las que fui objeto, que fueron muy viles. Pero, como dije el otro día en el directorio del Partido Nacional, este fue el fallo de la justicia soberana, que es el voto de la gente.

    —¿Por qué cree que en Montevideo hay dirigentes que se sorprenden con su triunfo tan holgado en Colonia después de lo que le pasó?

    —Porque no conocen la realidad de Colonia, simplemente por eso. Y no tienen por qué conocerla. Conocen la realidad que los circunda, pero no la realidad del pueblo de Colonia y del sentimiento popular. No me resulta extraño que suceda porque no conocen la realidad coloniense.

    —¿Pero no hay una diferencia de foco en los temas? Capaz que acá la dirigencia de Montevideo le pone más énfasis a algunas cuestiones que las que se le pone en el interior.

    —Bueno, una cosa es el tema y otra son los trascendidos del tema y la divulgación del tema. Es otra cosa. Yo no me quiero explayar sobre ese tema. Ya lo he hecho, tengo tres fiscales que me han exonerado de responsabilidad penal. Me siento muy tranquilo.

    —Pero usted tuvo que renunciar al Partido Nacional por este asunto.

    —Yo presenté renuncia al partido y a la banca del Senado. Presenté renuncia al partido, pero de cualquier manera el órgano soberano, que es la Convención Departamental, me proclamó y pude comparecer bajo el lema Partido Nacional. Lo mismo hizo Cabildo Abierto.

    —¿No se sintió incómodo en esa situación de estar y no estar?

    —No, para nada. Yo me siento profundamente blanco, he nacido y voy a morir así. Es mi sentimiento más profundo, me siento blanco.

    —¿Pero tuvo sabor a revancha su victoria?

    —No, para nada. No soy un hombre revanchista. Yo miro hacia delante. Ahora quiero trabajar por mi departamento, quiero hacer el mejor de mis gobiernos, es el cuarto, y quiero que sea el mejor.

    —Usted dijo que se siente blanco y va a morir blanco, ¿eso implica que en algún momento piense en volver al partido?

    —Bueno, vamos a evaluarlo. Después de ser electo estuve en el directorio, fui recibido muy bien por todos los integrantes y todos mis colegas intendentes.

    —¿Hubo una reivindicación a su figura también?

    —Y es natural. Todas estas cosas que pasaron no son comunes en la vida política partidaria, y entonces muchos me saludaron con enorme efusividad y gran cariño. Es gente que yo conozco, algunos hace más de 30 años. Son viejos conocidos.

    —¿No había vuelto al directorio blanco desde su renuncia?

    —Había estado en una oportunidad, creo que hablando del presupuesto de los futuros gobiernos departamentales.

    —Integrantes del directorio comentaron a Búsqueda que en el tema del reingreso la pelota ahora está en su cancha.

    —Bueno, me alegro.

    —¿Ha hablado con el presidente Luis Lacalle Pou sobre lo que ocurrió, sobre su renuncia? En su momento él pensó en incluirlo en una fórmula presidencial.

    —Con Lacalle Pou hablé en ese momento, después él me llamó cuando salieron los dictámenes fiscales para hacerme saber que le alegraba. Y después, naturalmente, me llamó al otro día de que gané, y después estuvimos comiendo con él en Suárez y Reyes. Tengo muy buena relación con él. Y con su padre también. Recuerde que yo fui subsecretario del Interior en el gobierno de Lacalle Herrera, tengo una larga relación con él.

    —¿Y el diálogo con Larrañaga cómo está?

    —No, no tengo diálogo.

    —¿Qué pasó ahí?

    —No, no tengo diálogo. Y no voy a hablar más del tema.

    —¿Y con Argimón volvió a hablar?

    —No, tampoco.

    En Estados Unidos, cuando hablan de recurrir a un chivo expiatorio para desactivar un problema, utilizan la imagen de tirar a alguien bajo un ómnibus. ¿Cree que usted era un problema faltando poco para las elecciones y lo tiraron debajo del ómnibus?

    —No sé. No quiero hacer interpretaciones sobre el tema. Ya pasó. Yo quiero mirar hacia delante. Y en eso estoy.

    —Es su primera vez como intendente en Colonia con un gobierno del Partido Nacional, ¿qué expectativas tiene con esto?

    —Es la primera vez sí; me tocaron dos gobiernos colorados y uno del Frente Amplio. Esta vez creo que va a ser muy provechoso tener un gobierno del signo político al cual adhiero.

    —¿Qué lectura hace de la votación del Partido Nacional en el interior en estas últimas elecciones?

    —Es una tradición cuando gana el Partido Nacional. Cuando ganó Lacalle Herrera se ganaron 16. No es novedoso. Es histórico.

    —¿Y cómo se debe reflejar eso desde el gobierno?

    —Yo creo que el Partido Nacional tiene la mirada puesta en el interior. No tenga duda. Y que en ese sentido los intendentes vamos a jugar un rol fundamental, también. La interacción con un gobierno del mismo signo puede ser extremadamente positiva.

    —¿Cómo está viendo el funcionamiento de la coalición de gobierno?

    —Lo veo bien, se está votando prácticamente todo por unanimidad. Está funcionando bien, con algunas diferencias que es natural que las tengamos. No vamos a pensar igual en todos los temas, pero todo se hace por consenso. Salvo lo de Talvi que, bueno, nadie esperaba.

    —La salida de Talvi reflotó eso de que los outsiders no tienen lugar en la política.

    —Yo no digo eso. Manini no era un político, era un militar de carrera e hizo una fulgurante carrera política en un año. Yo lo veo muy bien. Lo de Talvi fue…, no sé…, no lo conozco a Talvi.

    —¿La política a usted le ha endurecido el cuero y quizás por eso banca cosas que un outsider no?

    —¡Ah!, puede ser.

    —¿En estas elecciones departamentales se demostró la importancia de los caudillos?

    —Bueno, yo no me considero un caudillo (se ríe).

    ¿No se considera un caudillo?

    —No, porque sería presuntuoso de mi parte.

    Pero usted, Enrique Antía, Carmelo Vidalín son representantes de una forma de hacer política…

    —Hemos obtenido en varias oportunidades el apoyo de nuestros vecinos, y eso nos llena de satisfacción. Yo no me autoproclamaría como un caudillo, simplemente soy un vecino más que ha tratado de hacer las cosas bien y por eso la gente me apoya.

    —Argimón ha dicho…

    —No, no, no quiero…

    —… que el Partido Nacional necesita nuevos liderazgos.

    —No, no, no voy a contestar eso. No quiero polemizar.

    —Usted mencionaba a Talvi minutos atrás. Una de las cosas que dijo el excanciller cuando renunció fue que quiso cambiar la “vieja política”, pero no pudo.

    —No sé, tampoco dio explicación de por qué. No quiero meterme en ese tema, no pertenece a mi partido. Y además no sé cuál es la vieja política. La política buena es la de gobernar bien y gobernar para la gente, y administrar correctamente los dineros públicos. Esa es la política de siempre, la buena política; la vieja política no sé a qué se refiere.

    —Amiguismos, acomodos…

    —No. Cuando uno gobierna bien, correctamente, no hace amiguismos, ni acomodos ni nada por el estilo. Es gobernar bien, por eso cuando me fui dejé US$ 28 millones en caja, para que el actual gobierno pudiera enfrentar esta dura realidad de la pandemia, porque si hubiéramos tenido la caja vacía no sé cómo hubiéramos hecho hoy. La recaudación, evidentemente, ha disminuido porque la gente no paga sus impuestos. El que está en el seguro de paro no puede pagar la contribución inmobiliaria, capaz que tampoco paga la patente del auto. De modo que para enfrentar esas cosas es bueno contar con reservas, y yo logré eso con una correcta administración de los recursos.

    • Recuadro de la entrevista

    Hay que aprovechar que en Argentina está “muy complicado” para traer inversores

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