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    La visión meritocrática hace a las personas de mayores ingresos menos propensas a la redistribución

    Los individuos que en Uruguay están en la cima de la pirámide de ingresos —el top 1%— apoyan menores niveles de redistribución que el segmento de la población siguiente. Eso responde, entre otras cosas, a su ubicación en el espectro político-ideológico, las creencias meritocráticas y la visión que tienen acerca del Estado.

    Esos hallazgos fueron hechos por Matías Strehl en su tesis para la Maestría en Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República (Udelar). Para su análisis combinó estadísticas tributarias provenientes de la Dirección General Impositiva (DGI) y del Banco de Previsión Social para el período 2009-2016, con datos de la Encuesta de Preferencias Sociales y Económicas desarrollada en 2019 por el Instituto de Economía de la Udelar en colaboración con la DGI.

    El economista comparó las preferencias redistributivas de los individuos pertenecientes al 1% de los trabajadores de mayor ingreso formal de Uruguay con un grupo de personas ubicadas inmediatamente por debajo de ese grupo y por encima de la mediana del ingreso. Los individuos que están en la cima de la distribución tienen una mayor tolerancia a la desigualdad y un menor nivel de aversión al riesgo.

    Strehl analizó el rol de un conjunto de percepciones, creencias y nociones de justicia que incluyen creencias meritocráticas, la percepción sobre el nivel de desigualdad y el nivel de movilidad intergeneracional, la confianza en el Estado, la visión acerca del nivel de eficiencia del Estado y la ideología política. Este conjunto de determinantes parece tener un rol más relevante que los factores relativos al comportamiento. Los del grupo del 1% de más ingreso creen en mayor medida en el esfuerzo como determinante de los resultados económicos; tienden a creer en mayor medida que el nivel de desigualdades es “adecuado” o “muy bajo”; confían menos en el Estado y creen que este es menos eficiente; y se ubican más a la derecha en el espectro político-ideológico.

    El diseño de los datos no le permitió al investigador profundizar en las razones asociadas a este fenómeno. Explorando posibles interpretaciones, planteó que podría suceder que estos individuos se identifiquen socialmente con el grupo de mayores ingresos con base en una noción de “clase” o que sean afines a mantener un conjunto de creencias que ayudan a mantener su dominio en el sistema político y económico. Del mismo modo, estos resultados podrían estar alineados con ciertos sesgos psicológicos, como el “razonamiento motivado”, que llevan a las personas de la parte más alta de la distribución a entender que su posición en la distribución se explica por una superioridad en características como el “trabajo duro, reforzando su ego. Desde esta óptica, la distribución del ingreso sería más meritocrática y justa y, así, la redistribución sería menos necesaria”.