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    lunes 10 de junio de 2024

    La voz que no quiso ser buen ejemplo

    Rita Lee (1947-2023)

    “Comunicamos el fallecimiento de Rita Lee, en su residencia, en San Pablo, en la noche de ayer, rodeada de todo el amor de su familia, como ella siempre deseó”. Sobre el mediodía del martes la noticia conmovió a Brasil y mucho más allá de sus fronteras. “En este momento de profunda tristeza, la familia agradece el cariño y el amor de todos”, concluyó el comunicado. La enorme compositora, cantante y multiinstrumentista brasileña, nacida hace 75 años en Vila Mariana, estado de San Pablo, cuyo nombre completo es Rita Lee Jones, padecía cáncer desde hacía varios años y pocas semanas atrás estuvo internada en estado crítico. El previsible anuncio de su muerte provocó una gran congoja viralizada. De inmediato su efigie icónica con su rostro calmo, su pelo lacio y sus lentes redondos y anaranjados como los de un Lennon tropical se hizo omnipresente en las redes. En Brasil las cadenas televisivas suspendieron todo y pusieron sus canciones en loop; aquí, su público fiel le prodigó su cariño con gran emoción. Las novelas de Globo primero (Dancing Days y Baila conmigo, con dos de sus mayores éxitos como punta de lanza) y su popularísimo disco tributo a Los Beatles (Aqui, ali em qualquer lugar, publicado en 2001) fueron los pilares fundamentales de su popularidad fuera de fronteras.

    Ganarse el título, refrendado una y otra vez, de “reina del rock brasileño” es una tremenda distinción. Rita Lee fue una auténtica roquera en su más amplia dimensión conceptual. Rompió el molde, fue inclasificable, siempre hizo lo que quiso, fue la dueña de su destino artístico y encima, con su voz aterciopelada, diáfana como agua de manantial e increíblemente sexy, impuso tendencia, cambió el lenguaje y el look de su público. Una marca sonora registrada que llenó la escena brasileña —y ainda mais— de seguidores e imitadores de todos los géneros habidos y por haber. Rita Lee influyó mucho más allá de Brasil y su música desbordó ampliamente las fronteras del rock.

    Porque antes que la poderosa seducción de éxitos pop como Lança perfume, Ovelha negra, Chega mais, Baila conmigo y Mania de você, junto con el guitarrista y cantante Sérgio Dias, el bajista, tecladista y cantante Arnaldo Baptista (su primer esposo) y el baterista Ronaldo Leme (Dinho), una jovencísima Rita con apenas 18 años fundó el grupo Os Mutantes. Punto de inflexión en la música brasileña… y nuevamente hay que decirlo: del mundo. Os Mutantes no solo fueron (junto con Caetano, Gil, Gal, Bethânia y Tom Zé, entre otros) un puntal del tropicalismo. Con su música futurista e impredecible, situada en la vanguardia de la psicodelia y libérrima a la enésima potencia, no demoraron en transformarse en una banda de culto que no paró de volar cabezas mucho más allá de su primer período de actividad (1966-1978). La superlativa originalidad de esta gente radica en la asombrosa capacidad de combinar con gracia y buen gusto tantos universos sonoros disímiles: los folclores regionales brasileños, la libertad tímbrica y la creatividad rítmico-armónica del jazz, la potencia, la irreverencia y el desprejuicio del rock y el punch de la canción pop. Y allí Rita no solo fue una voz bonita. En varios reportajes definió a la banda como su “jardín de infancia musical”.

    Abundan los relatos sobre cómo Os Mutantes influenciaron en forma decisiva a músicos como David Byrne y el resto de los Talking Heads, a David Bowie, a Kurt Cobain, a Beck, a Charly y a Fito, a los nuestros Martín Buscaglia y Fernando Cabrera, y a otros no tan masivos pero reconocidos como próceres de la patria indie como Devendra Banhart y la banda Of Montreal. Todos cautivados por esa voz que brilla —junto con esa orquestación folk-pop-rock que suena a música de naves espaciales— en himnos como Panis et circensis, A minha menina y Ando meio desligado y Balada do louco. Pura novedad, puro swing.

    Si bien la penetración local de Os Mutantes no es importante, Cabrera, Buscaglia, Ana Prada y Carlos Casacuberta figuran, con un tema cada uno, en el notable tributo latinoamericano a Os Mutantes llamado El justiciero cha cha cha, producido por el argentino Humphrey Inzillo y publicado en 2021. Hagan un alto en la lectura, escuchen la versión de Cabrera de No pais dos baurets, deléitense y sigan.

    Pero vaya si Rita y sus Mutantes enamoraron oídos del Norte: no en vano abundan quienes sitúan la música de estos veinteañeros paulistas de avanzada a la altura —en términos de innovación y valía artística— de los mismísimos Beatles. Obvio, corre sangre beatle por las arterias de Os Mutantes. Como botón de muestra, el delicioso arreglo de sintetizador primero y de sitar a la Harrison después que eleva Balada do louco a las estrellas. Vuelvan a parar y óiganlo. Háganse el bien. Hay que escucharlos a fondo y con buen contexto informativo para entender que esa comparación no es un disparate apresurado ni estamos ante un típico ejemplo de música sobrevalorada.

    La carrera de Rita Lee es pródiga en belleza y diversidad estilística. Integró la banda beat Tutti Frutti, se lanzó como solista en parceria con su segundo esposo, Roberto de Carvalho, con quien firmó mil y una coautorías y tuvo tres hijos, fue pionera en reírse de todo y de todos, desparramó desparpajo arriba y abajo del escenario, cantó con dioses como João Gilberto y Elis Regina, sus canciones fueron —y son— cantadas por dioses como Caetano, Roberto Carlos, Ney Matogrosso (uno de sus grandes amigos, que la definió como su “alma gemela”), Cassia Eller, Marisa Monte y Zelia Duncan, quien integró la celebrada rentrée de Os Mutantes, en 2006. Su exitosísimo tributo a los Beatles, que sigue sonando nuevo 22 años después, y ese alegato a favor de la libertad de género y sexual llamada Amor y sexo (2003), tomada como bandera por los movimientos feministas, fueron quizá sus últimas grandes páginas.

    El 23 de mayo de 2011 Montevideo escuchó a Rita Lee por única vez en vivo, en el Plaza. Quienes allí estuvimos llevaremos esa noche siempre grabada en nuestros sentidos. El martes, mientras era llorada por miles y miles, circuló fuerte su texto titulado Profecía, incluido en su Autobiografía, de 2006: “Cuando me muera, puedo imaginar las palabras de cariño de quienes me detestan. Los fans, esos sí, sinceros, levantarán las portadas de mis discos y cantarán Oveja negra. Epitafio: ella nunca fue un buen ejemplo pero era buena gente”.

    Vida Cultural
    2023-05-10T19:06:00