Laberintos de la soledad

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Nº 2157 - 13 al 19 de Enero de 2022

entrevista de Silvana Tanzi

Tiene un hablar pausado y firme, y un español con un acento que viene de lejos, de otras tierras y de otro tiempo. Ella aún se asombra de que quienes no la conocen le pregunten de dónde es porque prácticamente ha vivido siempre en Uruguay. Nació en Milán en 1924 con el nombre Linda Olivetti, pero cuando se casó en 1946 con su esposo Rafael Kohen, adoptó su apellido. A los 15 años, llegó a Montevideo con su familia que huía del fascismo. Esa fue su primera travesía porque después llegarían otros traslados y otros escapes, y ese ir y venir lo fue incorporando a sus obras que pinta en series y que están llenas de valijas, caminos, pasillos y fugas. Con su marido vivió también en Buenos Aires, en 1976 se exiliaron en San Pablo y regresaron a Montevideo con la vuelta a la democracia en 1985. La obra de Kohen ha pasado por diferentes etapas y ejes temáticos íntimos, que transitan por las ausencias a través de los objetos, la mirada fragmentada hacia su propio cuerpo, los autorretratos, los biombos y los laberintos. En 2012 Kohen expuso una gran muestra en el Museo Nacional de Artes Visuales que llevó por título Sola y estuvo dedicada a su esposo fallecido en 2009, con quien estuvo casada 63 años. En esa oportunidad, bajo la curaduría de Jorge Abbondanza, se expusieron cerca de cien de sus obras. En su larga trayectoria, ha expuesto en Buenos Aires, San Pablo, Vicenza, Miami y Nueva York. Estudió dibujo y pintura con Pierre Fossey y con Juan Vernazza, y después ingresó al Taller Torres García (TTG). Ella dice que los colores bajos, sin contrastes, que usa en sus obras vienen de la época del TTG. A fines de 2021 un jurado integrado por María Eugenia Grau, Elena O’Neill y Daniel Gallo le otorgó el Premio Figari, que anualmente reconoce la trayectoria de un artista nacional. A raíz del premio, hasta el 12 de marzo se exhibe una muestra con una selección de su obra en el Museo Figari con curaduría de Federico Arnaud. Es un recorrido desde los años 40 hasta sus obras más recientes del 2020, porque a los 97 años, Kohen trabaja todos los días en su taller. Linda baja la escalera y se ve solo su mano; Rafael camina por un largo pasillo y se lo ve de espaldas, alejándose; hay un hombre pequeñito envuelto en la niebla, varios autorretratos y un homenaje a Kafka, entre otros de sus cuadros. “Siempre hay algo que a uno le quedó por hacer. Pero la etapa fundamental fue la maternidad. Cuando chica decía que si no podía tener hijos iba a adoptar. Estar cerca de niños siempre me pareció maravilloso”, le dice a Búsqueda, pero no quiere contar cuántos nietos y bisnietos tiene. Kohen tiene dos hijos, uno vive en Buenos Aires y su hija Martha, que es arquitecta, en Estados Unidos. Ella ha impulsado la obra de su madre a través de varias publicaciones. Al terminar la entrevista, Martha acerca un libro titulado Las recetas tradicionales y preferidas de Linda Kohen, ilustrado por la propia autora. “Son del Piamonte”, dice la artista. “Me gusta cocinar y más me gusta comer”, agrega.

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