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    Lacalle Herrera a 50 años del golpe: los “soberbios” que “demolieron” las instituciones y la “rémora histórica que aún inquieta”

    El 27 de junio de 1973, el expresidente de la República Luis Alberto Lacalle Herrera era un “mero diputadito” que creía en la “fortaleza del sistema político” y fue hasta el Palacio Legislativo con la expectativa y secreta esperanza de que hubiera algún tipo de resistencia, aunque más no fuera simbólica, ante la irrupción de las botas militares en la casa de la democracia. Nada de eso pasó. Y los que siguieron fueron días “tristes, largos, y llenos de peripecias”, que incluyeron vinos envenenados, muertes de compañeros del Partido Nacional, proscripción y militancia “más o menos” clandestina. Hoy, 50 años después, Lacalle Herrera reflexiona en entrevista con Búsqueda desde España sobre la escalada de grupos “minoritarios” y “soberbios” que terminaron “demoliendo las instituciones” y sumergieron al Uruguay en “años terribles”.

    Todavía crítico y con dudas sobre la salida negociada entre militares, Frente Amplio y Partido Colorado en el Pacto del Club Naval, y algún artículo “no muy jurídico pero políticamente sabio” de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, Lacalle Herrera asegura que durante su gobierno no oyó reclamos ni sintió presión en la búsqueda de verdad y justicia por parte de familiares de detenidos desaparecidos y organizaciones de derechos humanos. “Yo creo que una vez que se hizo el plebiscito todo quedó laudado”, afirmó, aunque dijo que a pesar de esa instancia, luego la Justicia “generó una rémora histórica que aún inquieta”.

    El expresidente también se refirió a la reciente polémica en torno al evento reparatorio del Estado sobre el sangriento episodio de las Muchachas de Abril ocurrido en dictadura: “Se trató de un combate muy duro entre las fuerzas legales y los subversivos que, lamentablemente, dejó como saldo cuatro muertos y un herido”. A pocos días de un evento con todos los exmandatarios, impulsado por su hijo, el presidente Luis Lacalle Pou, en conmemoración de un nuevo aniversario del golpe de Estado, Lacalle Herrera dijo que no tiene conflicto en compartir estrado con José Mujica. “Mis serios reparos son con el Mujica de antes”.

    —¿Qué recuerdo tiene del día del golpe de Estado? ¿Puede evocar con precisión esa jornada?

    —El día anterior estuve, junto con un joven asistente, en el juramento de un senador que sustituía por licencia al doctor Washington Beltrán. Y le comenté —demostrando pocas condiciones proféticas— ¡la fortaleza del sistema político nacional! Ahí comenzaron o continuaron los rumores. El 27 de madrugada, Julita me anunció que había escuchado el comunicado dando cuenta del golpe. Le dije: “Mañana nos preocupamos”. No recuerdo bien el día pero debe de haber sido el 26 cuando estuve en el Palacio Legislativo y vi a algunos legisladores que salían del mismo. La casa quedó vacía. Luego fui al Directorio del Partido Nacional y tampoco encontré a nadie.

    —Usted, por aquellos años, era diputado. ¿Qué información o datos se manejaban sobre la posibilidad de un golpe militar?

    —Yo no estaba en los círculos importantes, era un mero diputadito reciente, por lo que no me llegaban de primera mano los rumores o seminoticias. Los rumores eran persistentes, pero algunos —ingenuamente— después de febrero y los comunicados, creíamos que quedarían en eso.

    —En un libro publicado recientemente sobre las memorias del 27 de junio de 1973, escrito por Gabriel Sosa, usted insiste en que esperaba alguna forma de resistencia política, algo que finalmente no ocurrió. ¿Qué era lo que creía que se podía haber hecho en esa jornada para marcar una resistencia?

    —Por ejemplo, haber permanecido en el Palacio Legislativo hasta que vinieran a cerrarlo, como lo hicieron, sin ningún tipo de obstáculo, (Esteban) Cristi y (Gregorio) Álvarez.

    —¿Cómo fue para usted el día después, y los otros miles de días que le siguieron hasta que Uruguay recuperó la democracia? ¿Cómo puede definir su rol durante aquellos años?

    —Fueron largos, tristes y llenos de peripecias. Yo ya había merecido una bomba en casa, en abril o mayo anteriores. El 6 de julio de 1973 me tocó capucha y detención, junto con compañeros a quienes no quiero olvidar: Cacho López Balestra, Miguel Galán, Walter Santoro —ya fallecidos— y Carlos Rodríguez Labruna, que aún nos acompaña. Luego la militancia más o menos clandestina, la proscripción, los vinos envenenados, la muerte de Mario Heber, justo antes del plebiscito de 1980. Esta gran pérdida, de quien era el símbolo del Herrerismo opositor, cambió mi vida. Sin que estuviera nada dispuesto fui asumiendo, junto con un grupo de jóvenes y algunos veteranos, la conducción de lo que sería el Consejo Nacional del Herrerismo (CNH). En el ínterin, en lo familiar, nacieron Luis Alberto y Juan José, quienes con Pilar, nacida en 1971, forman nuestra familia. Apenas se iniciaron las conversaciones en la Comisión de Asuntos Políticos de las Fuerzas Armadas (Comaspo), Juan Pivel Devoto me hizo el honor de nombrarme delegado, junto con Fernando Oliú y Enrique Beltrán. En las internas ya comparecimos con el CNH independiente dentro del sector opositor del Partido Nacional.

    —¿Cuál es su mirada histórica sobre el proceso que desembocó en la pérdida de la democracia?

    —El proceso comienza en 1963, cuando un grupo minoritario radical creyó, soberbiamente, que sabían más que el pueblo votando y comenzaron su carrera delictiva. Se vivía en un país libre en todo sentido. Con problemas sociales, pero con los instrumentos democráticos para elegir a los gobernantes. Las Fuerzas Armadas y la Policía derrotaron a los subversivos, dando por terminado el conflicto en mayo de 1972. Otra minoría, soberbia también, creyó lo mismo que los grupos radicales y, contagiada de ideas de otros países, como Perú, por ejemplo, resolvió que sabía más que el pueblo en las urnas y demolió las instituciones.

    —¿Qué valoración hace sobre el Pacto del Club Naval? ¿Aún hoy le persisten dudas sobre lo que se negoció ahí?

    —Se ha dicho que lo importante no se consagró por escrito, que estuvo “subyacente o sobrevolante”. Había tres sectores políticos principales, el Partido Nacional, el Partido Colorado y el Frente Amplio. Como ha relatado el doctor Julio María Sanguinetti, el Partido Colorado, decidido a una salida, necesitaba otro apoyo y lo encontró en el Frente Amplio. El que no cumplió con lo convenido fue el Frente Amplio.

    —Usted ha dicho que la salida final, la forma de cicatrizar heridas entre militares y guerrilleros era “amnistía y amnistía, y chau”. ¿Suscribe a la teoría de los demonios?

    —Desde el punto de vista jurídico-político, se pretendió poner fin al periodo con la ley de amnistía y la de caducidad. La primera se cumplió a rajatabla. La segunda, a pesar de sus ratificaciones plebiscitarias, hoy no se aplica por la Justicia, generando una rémora histórica que aún inquieta.

    Sabiamente el senador Dardo Ortiz aconsejó aprobar en 1985 una amnistía total, que abarcara a todos los actores de esos años terribles. Lamentablemente no tuvo eco. Se ha mencionado también la oposición de algunos militares que sostenían que no debían ser amnistiados porque no habían cometido delito. Fue una buena ocasión perdida. En cuanto a la teoría mencionada: no me afilio a teorías. Me manejo con la realidad, que es con la que tenemos que operar los políticos. Hubo un movimiento ilegal, delictivo, que fue derrotado por las fuerzas legales. Parte de las mismas ingresaron en la ilegalidad institucional.

    —En una entrevista con El País, usted dijo a propósito de la ley de caducidad, que redactó Héctor Martín Sturla, que contiene un artículo “no muy jurídico pero políticamente sabio”. ¿Qué es lo no muy jurídico y políticamente sabio?

    —No tengo el artículo primero de la ley ante mí. Pero basta leerlo para advertir una gran habilidad dialéctica vestida con muy pobres finezas legales. Pero fue eficaz. Por consentimiento de todos.

    —¿Cuál cree que fue el aporte de su gobierno a la búsqueda de verdad y justicia que han reclamado en todos estos años los familiares de los detenidos y desaparecidos durante la dictadura?

    —Durante nuestro gobierno no se presentó ningún reclamo al amparo del artículo cuarto de la ley de caducidad. A mi juicio, porque después de la ratificación plebiscitaria de la misma, todo el mundo consideró que el tema estaba laudado.

    —¿No sintió nunca ninguna presión de organizaciones de derechos humanos o de los familiares durante su periodo de gobierno?

    —No, para nada. Nunca. Yo creo que una vez que se hizo el plebiscito todo quedo laudado.

    —¿Qué tan sólida cree que está hoy en Uruguay la democracia? ¿Cree que existen riesgos o amenazas?

    —Durante años consideramos que en el Uruguay no podían pasar ciertas cosas. Ahora somos menos soberbios y un poco más sabios. A todos nos cabe cuidar el sistema. Cada uno sabe lo que hace y lo que no debe de hacer.

    —¿Cómo recibió la idea del presidente Luis Lacalle Pou de realizar un acto conjunto con los expresidentes para conmemorar los 50 años del golpe de Estado? ¿Tiene algún tipo de reparo ante la presencia de José Mujica, con el que siempre ha sido muy crítico?

    —No tengo ni puedo tener reparos ante la presencia del presidente Mujica, electo tan legalmente como todos nosotros. Aún menos la puedo tener porque fui vencido por él en las elecciones nacionales de 2009. Mis serios reparos son con el Mujica de antes.

    —El Estado, obligado por un fallo internacional de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, tuvo que realizar un acto reparatorio por los asesinatos en el episodio denominado las Muchachas de Abril ocurrido en 1974. Hubo polémica y cuestionamientos respecto a la ausencia del presidente Lacalle Pou en ese evento en el Palacio Legislativo. ¿Qué comentarios le merece toda esta situación? ¿Usted qué hubiera hecho?

    —Hubo una equivocada consideración de los hechos que se analizaron por el Tribunal de Apelaciones. Se trató de un combate muy duro entre las fuerzas legales y los subversivos que, lamentablemente, dejó como saldo cuatro muertos y un herido.

    —¿Cree que fue un enfrentamiento entre fuerzas legales y subversivas?

    —Yo lo que digo es que el Tribunal se equivocó en el análisis de los acontecimientos. Ellos lo ven como una especie de ejecución y la realidad es que hubo una batalla, tremenda, con granadas, disparos, que mataron a un oficial, que hirieron a (el militar Juan) Rebollo y que las mataron a ellas. Y no quiero decir una gota más.

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    2023-06-21T22:05:00