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    Lacalle Pou dice que hay una “institucionalidad débil” por “vacío de poder” y que blancos tendrán que “poner el hombro”

    A Luis Lacalle Pou le gusta jactarse de dos cosas: de que tiene cierta “creatividad” para pensar ideas de campaña, y de que es un tipo planificador, metódico. Mientras lo dice despliega sobre su escritorio una gran cartulina plastificada con un organigrama del Estado. Negro sobre blanco, cada una de las reparticiones, sus dependencias, flechas que van y vienen señalando cómo interactúan las divisiones de la gigante y pesada estructura estatal. El senador blanco recorre la cartulina con la vista y los dedos como quien repasa los últimos detalles antes de un examen. Al lado del escritorio, sobre una pared, tiene un calendario con actividades previstas hasta octubre. “Faltan cuatro años”, dirá luego. Sin embargo ese calendario parece el cronograma de una campaña electoral con eventos semanales en todo Uruguay. Admite que al “costado de su pantalla” principal tiene otra más pequeña en la que visualiza las próximas elecciones. Pero dice que no por eso puede “descuidar” su rol de oposición y control a un gobierno al que ve con “vacío de poder” y al que el Partido Nacional “deberá ponerle el hombro”. Para Lacalle Pou el 2016 será un año “bisagra” y por eso, un día después de la cadena presidencial de Tabaré Vázquez, presentó un paquete de 22 medidas urgentes para el país.

    Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Búsqueda.

    —Hace unos días se cumplió un año de gobierno de Tabaré Vázquez, pero también uno de su nuevo rol como hombre fuerte de la oposición. ¿Qué rescata de este período?—Primero hay que ver desde dónde partimos. Lo primero y determinante son mayorías parlamentarias. Por escaso margen, pero una vez más, el Frente Amplio tiene mayorías parlamentarias, lo que a priori hace innecesario el diálogo con la oposición. No es un tema de obligación para funcionar. Y desde ahí parte el presidente de la República con un estilo que ustedes conocen bien: un estilo de lejanía ha optado desde el poder por esa forma de relacionamiento. De este lado, una oposición que tiene al Partido Nacional como partido netamente mayoritario y que tiene sus herramientas. Y creo que las hemos usado bastante bien. El episodio de la comisión investigadora de Ancap es una luz distinta, desde mi punto de vista hubo una buena comunicación del partido para con la sociedad, hubo una mayoría social que hizo una presión importante para que se termine votando esta investigadora. Este episodio tuvo cosas muy favorables. Y no voy a hablar de los resultados, voy a hablar de la aproximación. El asunto empieza aquí en este despacho, conversando con dos compañeros. Cuando tomé la decisión, se comunica a la bancada del Partido Nacional, le agrega sus ingredientes y ahí pasa ya el muro partidario hacia la oposición. Y ahí quizás podía ser más esperable que el Partido Colorado enseguida se asocie a este proyecto, pero vengo al final de la película, a la foto del otro día, para mí una foto importante…

    —¿Cuál foto?

    —La foto en la cual se reúnen los partidos del amplio espectro de la oposición. A mi izquierda estaba sentado el diputado (de Unidad Popular Eduardo) Rubio. Coincidimos en un episodio que excede a lo legislativo, porque todos entendemos que puede haber méritos para la Justicia Penal y cada uno concede parte del interés particular en el interés de todos, que en este caso es ir a la Justicia. Y este episodio de Ancap nos enseña la necesidad de coordinar en temas puntuales, en temas de agenda, que no necesariamente son nuestros. Y después tratar de generar agenda, esa es la parte más compleja.

    —¿En qué temas se les complica marcar agenda?

    —Quizás un tema que rompe los ojos es la innecesaria permanencia del ministro del Interior, Eduardo Bonomi, en la cartera. Seis años, los números hablan de un fracaso, la opinión pública le ha sacado el crédito. Y no entiendo la insistencia del presidente Vázquez de mantener ese equipo que fracasó. Me parece que una forma de renovar el vale, la confianza, es decir: este ministro fracasó, busquemos otra persona, otro equipo que pueda encaminar la gestión.

    —Entonces ustedes como oposición no han podido generar que se tome la decisión de remover a Bonomi

    —No, la decisión no. Yo creo que en este caso hay una mayoría abrumadora y una mayoría en la oposición que entiende que fracasó. Aparte hay que sacarle cualquier tipo de subjetivismo: los números y la sensación térmica dicen que la gente está más insegura. No entiendo ese… casi una especie de capricho de mantener… Creo que le haría bien al presidente, a su relacionamiento con la oposición. Y le haría bien a la sociedad toda.

    Hoy parece difícil ver a Vázquez pidiéndole la renuncia a Bonomi porque usted se lo reclame…

    —Lo que pasa es que el error es medirlo en esos términos. No se trata acá de una pulseada, se trata de elegir a los mejores. Y un gobierno que deja de escuchar a los demás, y deja de escuchar a la voz de los políticos y a la voz del pueblo en temas tan sensibles, es un gobierno que se aísla. Y un gobierno que se aísla seguramente no esté en sintonía con la sensibilidad social. En este caso es notorio.

    —Más allá de la relación entre la oposición y el gobierno, evidentemente la relación entre usted y el presidente no ha sido la mejor.

    —Yo en campaña electoral hasta lo elogié. No tengo un tema personal hacia el doctor Vázquez, al revés, lo creo un tipo exitoso, que ha logrado todas sus metas…

    —Pero según dijo Vázquez en una entrevista, él sintió que usted le faltó el respeto en la campaña y citó el tema de la famosa bandera, por ejemplo.

    —A ver, a ver, lo que el presidente de la República sienta..., yo a eso no lo puedo acomodar

    —¿Pero usted no hace autocrítica: capaz no debería haber hecho esto, capaz hubo soberbia de mi parte?

    —No, es que, a ver, si es por ese… Yo creo que no fue por ese episodio (de la bandera)

    Él dice que fue por ese episodio.

    —Yo estoy convencido de que no fue por ese episodio.

    —¿Por cuál episodio fue entonces?

    —No sé, pero por ese seguro que no fue. No importa, me parece que entre gente civilizada deberíamos tener otro tipo de relacionamiento. Yo, reitero, le tengo respeto, no hablo mal de él. Soy profundamente crítico de su gobierno. Creo que está dirigiendo —si se puede decir que está dirigiendo, porque creo que lo que hay es ausencia del ejercicio de la autoridad— un mal gobierno. No está cumpliendo sus compromisos. En un momento donde el país enlentece sus registros económicos a mí me gustaría un presidente mucho más presente, que predique con el ejemplo en lo que hace a la austeridad, en lo que hace al ahorro de los fondos públicos. No creo que sea el momento para que Uruguay llame a licitación para comprar un avión presidencial, por poner un elemento distorsivo. Me parece que el ejemplo que se está dando por parte del gobierno en un momento de enlentecimiento económico es: a la gente le cobro más, le meto la mano en los bolsillos vía tarifas públicas o vía no rebaja de los combustibles, y el gobierno no hace lo que debería hacer para predicar con el ejemplo. Y eso lo voy a decir, ahora, a nivel personal no hay nada.

    —Hay un catálogo de situaciones donde Vázquez demostró que lo ignora, que elige a Jorge Larrañaga como interlocutor de la oposición…

    —Está en todo su derecho. Y yo tampoco creo que sea necesario una relación de “che y vos”. Sí creo que es importante una relación civilizada y me parece que la foto de esa relación no es necesariamente la mejor para el funcionamiento político.

    —El martes 1º Vázquez hizo una cadena nacional para rendir cuentas. Al otro día sale usted a exigir medidas de gobierno. Esa es una dinámica que se ha repetido.

    —Es el rol de la oposición con la vocación de gobierno. El mensaje ingresado al Parlamento por el Poder Ejecutivo puede estar acompañado por una cadena nacional, pero el mensaje tiene que venir el 1º de marzo. Y nosotros desde hace tiempo nos reunimos con nuestro equipo de asesores en distintos ámbitos para decir bueno, a ver, 2016. Vamos a plantearle al gobierno una serie de medidas que, primero, no pretenden ser un programa de gobierno y, segundo, no son medidas que vayan a contramano de lo que piensa el gobierno o lo que indicaría el sentido común. No nos queremos amputar, aparte de ser críticos, la capacidad propositiva. Vamos un año de gobierno, quedan cuatro. La preocupación nuestra es la inacción. ¿Para qué estoy acá yo? ¿Para qué me votó la gente? Se supone que para mejorar el país. ¿Con que herramientas? Con las que mencionaba hoy más temprano. Me sentiría en falta si no las propongo. Y son medidas que tienen su urgencia, y que tienen sus tiempos. Las medidas que no se tomaron en octubre respecto a las políticas de frontera, no digo que sea tarde, pero seguramente no tengan el efecto buscado. Hay gente que ya perdió su trabajo, hay gente que cerró su comercio. Lo que queremos es sacudir la modorra y que se entienda que el 2016 es un año bisagra. Las medidas que no se tomen en el 2016 harán que en el 2017 miles de uruguayos pierdan el trabajo.

    —En muchas de las medidas que propone, aclara que deben ser tomadas de “forma inmediata” o “en el primer semestre“. ¿Cuál de todas le parece la más urgente?

    —Todas.

    —¿Alguna prioritaria?

    —Las de índole económica seguro. Las que hacen al déficit, las que hacen a la inflación y a las tarifas públicas. La inoperancia o la ausencia de medidas lógicas directamente afecta a la gente: en sus impuestos, en su costo de vida. Después están los temas internacionales. Uruguay tiene la presidencia pro témpore del Mercosur, tiene la cinta de capitán. Temas como terminar de confeccionar el planteo del Mercosur en la Unión Europea, tratar de mirar para adentro del Mercosur y decir dónde están las trabas paraancelarias o jurídicas que impiden la libre circulación de mercadería.

    —Hace un rato decía que Vázquez no ejerce la autoridad. ¿Se ha puesto a analizar por qué ocurre esto? En el primer gobierno pareció ser un presidente con otra firmeza.

    —Yo no sé si fue más firme. No me consta. Asumió el primer gobierno del Frente Amplio con un fuerte crédito popular y con una economía en crecimiento. Creo que Vázquez ahí divide el poder en compartimentos estancos, básicamente los ministerios en partidos políticos, hay un fuerte crecimiento del aparato estatal y una economía fulgurante que ayudaba muchísimo a no ver esas cosas. El ex presidente José Mujica —aunque nunca se dio cuenta que lo era, le digo presidente porque era el título que tenía— enancado en esa bonanza y manteniendo los compartimentos estancos le agregó una crisis de conducción. ¿Qué le pasa hoy al gobierno? Que está encerrado en sí mismo, que sigue en esos compartimentos estancos y que no tiene la holgura económica que tenía antes para tomar determinadas medidas. Y después hay elementos de la forma de ser del presidente, que no se respalda en el espectro político total a la hora de tomar medidas que sugieren ingenio, coraje, firmeza.

    —¿Cómo cree que saldrá parado el vicepresidente Raúl Sendic tras la investigación de Ancap y el caso de la licenciatura?

    —No sé, no sé.

    Se lo pregunto porque se lo veía como el gran competidor suyo a la Presidencia.

    —Realmente no es una preocupación. O sea, el candidato del Frente no es una preocupación. O, mejor dicho, no fue uno de los elementos que analizamos para impulsar una comisión investigadora. La comisión merecía hacerse, la acción de Sendic, o de quien sea, al frente de un organismo es lo que al fin al cabo lo hace o no una persona potable para dirigir a un país. Y este último elemento, la licenciatura, no hace a su capacidad profesional o no. Creo que es muy grave por el factor de credibilidad en la actividad política. El engaño y la mentira no afectan solo a Sendic. Afecta al presidente de este cuerpo legislativo, de todos nosotros. A mi no me importa en tanto y cuanto un tema personal, me importa en tanto y cuanto mi cuerpo, que él es el presidente y él nos tiene que representar.

    —¿Cree que se cayó uno de los candidatos para las próximas elecciones?

    —No me consta que fuera...

    ¿No le consta que fuera uno de los candidatos del Frente?

    —No, no me consta. No sé.

    —Entonces usted es de los que no miran lo que hace el equipo contrario.

    —Sí, siempre. Es parte de la tarea, ¿no? Ahora, no me consta. Dentro de dos años hablamos de cómo pienso yo que el Frente Amplio va a resolver, pero falta mucho tiempo. Tengo mi propia tesis, pero no es momento de hacerla pública.

    —¿Observa que se ha ambientado un clima electoral con varios años de anticipación?

    —Eso es un problema. El gobierno parece estar más en fase culminante que inicial. Pero tenemos el deber de no estimular eso. Si electoralizamos nuestra cabeza no vamos a poder cumplir con nuestra misión. Ningún político te está diciendo la verdad si acá al costado de la pantalla no tiene un proceso electoral. Pero tenemos que tratar de trabajar nosotros mismos en no electoralizar un proceso que puede tener ribetes un poco complejos. Y el Partido Nacional una vez más le va a tener que poner el hombro al país por una institucionalidad débil por la ausencia del ejercicio de la autoridad.

    —¿Cómo es eso?

    —Porque hay un vacío de poder. ¿La institucionalidad dónde se afecta por lo general? Por factores exógenos al poder o más o menos cercanos. En este caso la institucionalidad se ve vulnerada porque no hay un ejercicio del poder. No se pasa del poder explicativo al poder ejecutivo. Las certezas que se ofrecieron, ¿en qué están? ¿En la explicación? No, en la acción. Y eso vemos que no hay a cuatro años de cambiar el gobierno, a 27 meses de inicio de una campaña electoral.

    —¿Se siente líder del Partido Nacional?

    —Vamos a no herir susceptibilidades. No me interesa tener títulos y denominaciones, sí me interesa convencer.

    Información Nacional
    2016-03-03T00:00:00