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    jueves 20 de junio de 2024

    Lacalle Pou es liberal pero “hace lo que puede”; a su gobierno le falta una “política de microeconomía para las empresas”

    Con relación a su actividad, a Roberto Palermo, presidente de la Banca de Quinielas de Montevideo, le inquieta el contenido de un proyecto de ley —ya con media sanción del Senado— que, de aprobarse, habilitará a varios proveedores y plataformas para los juegos de casinos en línea.

    Dice que como no tiene “interés” en participar en ese negocio tal como está planteado, puede opinar libremente y advertir acerca del peligro de una competencia “exacerbada” que incremente el problema de la ludopatía. Asegura que le preocupa que la iniciativa, promovida por el Ministerio de Economía (MEF), vaya como “tren bala” en el Parlamento, cuando a su entender el asunto amerita una mayor discusión.

    Por este tema el empresario —también presidente y socio de Abitab— decidió dejar su habitual bajo perfil. Con Búsqueda también aceptó hablar sobre la economía y la política interna en su coqueta oficina en la sede de la red de pagos y cobranzas, un edificio vidriado con aires de banco proyectado por el arquitecto Carlos Ott sobre la gris avenida Daniel Fernández Crespo.

    A Palermo le desvela el problema “geopolítico por la energía y la guerra” en Europa del Este, que según él derivará en una “crisis económica” a escala global, si bien cree que Uruguay puede sacarle provecho como exportador de alimentos. Mientras eso ocurre, afirma, hay otros asuntos a los que los gobernantes debieran prestar atención. “Están preocupados por la macroeconomía” y por el “agujero negro” del déficit de la seguridad social, pero “tienen que entrar en la microeconomía y atender los costos de las empresas”, sostiene. Falta “un plan avasallante” en esa dirección, dice, y agrega que, aunque es liberal, el presidente Luis Lacalle Pou “hace lo que puede; si quisiera desregular con más rapidez podría tener el problema de la paralización del país. No hay una política de microeconomía para las empresas, que eso sí se podría hacer”.

    Lo que sigue es una síntesis de la entrevista.

    —Tras la pandemia, ¿cómo ve la economía uruguaya?

    —Hay un gran cambio geopolítico a nivel mundial y Uruguay va a ser reflejo de eso. Europa está muy mal y con riesgo de disolverse la comunidad por los problemas con la energía, sobre todo en Alemania y España. ¡Subió 10 veces la electricidad en Europa! En el sector del aluminio es más cara la electricidad que el producto final, así que cerraron las fábricas grandes en Alemania. Van a pedir rebaja de precios, pero ni Estados Unidos, ni Catar ni Nigeria se las van a dar. Estados Unidos les dirá: “Estoy al máximo de mi producción aprovechando la situación, ¿te voy a bajar el precio?”. Los europeos tendrán que comprar a precio caro y subsidiar, y eso va a implicar un debilitamiento de los gobiernos y las monedas, más deuda y más inflación en el mundo. El euro estaba en picada.

    También la rebaja de impuestos en Inglaterra va a generar déficit fiscal e inflación. A eso no lo van a arreglar con nada.

    Este problema geopolítico por la energía y la guerra va a causar una crisis económica que seguramente impactará en América Latina y en el resto de los mercados. Es dable a pensar que Uruguay, como productor de alimentos, encontrará una válvula de escape y una oportunidad: hay problemas con los fertilizantes por la guerra, y va a haber hambre, sobre todo en África. Desde ese punto de vista, al país lo veo bien.

    Ahora, ¿qué tiene que hacer Uruguay? El liberalismo funciona bien, pero con una condición que decía Milton Friedman: dame presupuestos neutros y no generes déficit estatal, que aumenta la deuda. Lo que debe hacer el gobierno es achicar el déficit, y en eso está bien, porque Lacalle quiere arreglar el tema de las jubilaciones, el agujero negro más grande.

    Y contener la inflación, que en Uruguay tiene una razón presupuestal porque está con déficit todos los años, además de los temas de la demanda global. Pero hay que atacar la causa de la microeconomía: hay que tomar medidas para bajar los costos de las empresas relacionadas con la productividad, el nivel de calidad y los proyectos disruptivos, un campo grande en el que Uruguay tiene para incursionar.

    En resumen, si Uruguay es disciplinado, achica el déficit fiscal y se dedica a la producción de alimentos, nos va a ir bárbaro.

    —Habló del tema de los costos. ¿Siente que el gobierno de Lacalle Pou ha contemplado a los que llama los “malla oro”?

    —Uruguay debe contemplar a aquellos espíritus o cerebros creativos e inteligentes. Siempre va a haber “mallas oro” y siempre los hubo; hay que promoverlos para que realmente triunfen, porque son los que pueden sacar a la sociedad adelante. ¡Y que lleguen al poder!

    —¿Ve al gobierno encarando esas reformas micro que señaló?

    —En realidad, no entraron en caja todavía. Están preocupados por la macroeconomía y están preocupados —con razón— por arreglar el déficit de la seguridad social, pero tienen que entrar en la microeconomía y atender los costos de las empresas. Pueden promover la creación de proyectos disruptivos, como hace Israel, o dar premios, estímulos, a la productividad. No veo al gobierno en estos temas, a pesar de que hay algunos apoyos. Tampoco en el país hay un mercado de capitales para financiar esos proyectos, como en Silicon Valley.

    —Ya empezó la segunda mitad del período y están más cerca las elecciones. ¿Habrá avances en esas y otras reformas?

    —Creo que al gobierno no le va a dar el tiempo.

    Confío mucho en (Isaac) Alfie, que tiene una concepción muy clara de las cosas y es un gran administrador. Él estuvo en la época de (Jorge) Batlle, que entregó el gobierno sin hacer carnaval electoral y bajó el déficit. Alfie fue fantástico. Me parece que está faltando el impulsor de la microeconomía. Yo no veo cuál es el economista, el intelectual, que esté diciendo esto; es la teoría liberal de un déficit chico y la inflación como problema de la microeconomía. Y lo es.

    —¿Es un gobierno liberal el de Lacalle Pou?

    —Sí. Se manifestó así cuando la pandemia. Uruguay no cerró nunca su actividad económica e hizo muy bien. ¡Lo de Argentina fue una cosa monstruosa, donde la gente no podía salir de su casa y la economía estaba parada! Se están arrepintiendo los países que cerraron… Ahí dijo el presidente de la República un tema conceptual muy importante, que los que somos liberales entendemos: “Voy a apelar a la libertad responsable”. Tenés que ser libre para elegir qué producir, qué vender, qué consumir, tener libertad para manifestarte y no que venga una economía planificada que diga lo que debés hacer.

    —¿El presidente es liberal pero lo frenan sus socios? Porque algunas reformas liberales no salieron, o solo a medias, como la del mercado de los combustibles…

    —Es verdad. Falta una discusión de ideologías en el país; en siglos pasados eso se daba. Entonces, han ido a la práctica de decir: “Llego hasta acá a ver si nadie salta. Y después un poquito más allá”. Pero no hay un plan avasallante para desregular o lo que sea. Está faltando eso. Y el presidente hace lo que puede; si quisiera desregular con más rapidez podría tener el problema de la paralización del país. No hay una política de microeconomía para las empresas, que eso sí se podría hacer. Ahora, eso tiene gasto para el gobierno.

    —¿Qué dice sobre la oposición política?

    —El Frente tiene sus cosas buenas y malas. El dogmatismo político no es bueno; reminiscencias en materia económica de un colectivismo que claramente se derrumbó. No se puede seguir pensando en esos términos.

    La discusión ahora está entre keynesianismo y liberalismo. ¿Dónde está el Frente? La verdad que no lo sé. Hay un sector muy grande del Frente Amplio que tiene una propensión a que todo lo tiene que hacer el Estado; yo no me opongo a que el Estado pueda hacer cosas si las puede hacer bien, aunque en general no está demostrado eso. No es necesario que el Estado desarrolle las actividades económicas; lo decía el papa Pío XI. No se debe oprimir al privado. Es un error filosófico.

    Pero hay distintos sectores en el Frente Amplio y me gusta de algunos esa probidad con la que viven, esa vida espartana que lleva por ejemplo el sector del Movimiento de Participación Popular, (José) Mujica, que he estado en la casa varias veces. Eso tiene un valor cuando sos un dirigente político. Pero aparte de cómo vivís, lo que importa, en definitiva, es qué pensás.

    —Como empresario, ¿le preocupa el clima electoral que parece estarse anticipando?

    —Sí. Tendríamos que estar pensando en todo este problema geopolítico histórico generado en Europa, en este cambio en el mundo y en cómo nos ubicamos. En Uruguay, siempre, al otro día de las elecciones ya están hablando de probables candidaturas. ¡Es increíble!

    —En ese marco internacional incierto que menciona, el gobierno se propone negociar un tratado de libre comercio (TLC) con China. ¿Qué opina sobre este paso?

    —Seguiría para adelante, pero cuidaría una cosa fundamental. Lo que estuve viendo es que China hace acuerdos y les trae temas estratégicos a los países con los que acuerda: o les monta un puerto, un aeropuerto, les saca ventajas en cuanto a las materias primas... El TLC puede tener muchas ventajas para exportarle alimentos, y le conviene a Uruguay siempre y cuando no le cueste un tema estratégico.

    • Recuadros de la entrevista

    Para no hacerle “daño a la gente”, La Banca de Quinielas se mantendrá al margen si hay “competencia exacerbada” en los juegos de casinos online

    Denegatoria ficta a recursos de Cipriani contra La Banca

     

    Economía
    2022-10-05T14:42:00