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Más vale aclararlo de entrada: esto no es un western, aunque su acción transcurra en Texas a fines del siglo XIX, con un ferrocarril en construcción, minas de plata codiciadas, indios comanches y una pareja de cómicos que presumen de héroes justicieros. Otra aclaración: lo del Llanero Solitario parece otra broma del dúo Jerry Bruckheimer (productor)-Gore Verbinski (director). Los payasescos protagonistas tienen tan poco que ver con el western como con los clásicos personajes creados para la radio por George W. Trendle y Fran Striker (1933), para la historieta desde 1938 con su dibujante más famoso, Charles Flanders, y para la TV desde 1949 con Clayton Moore y Jay Silverheels como protagonistas.
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Las similitudes de intención y estilo hay que buscarlas en cambio en la saga “Piratas del Caribe”, que también tenía poco que ver con el cine de filibusteros y bucaneros representados por Rafael Sabatini (“El capitán Blood”) o Emilio Salgari (“El corsario negro”). Allí se trataba de reformular las viejas aventuras y convertirlas en una farsa con protagonista caricaturesco (Johnny Depp como pirata amanerado y ridículo) y acá se trata de presentar al mismo Depp como un estrafalario indio que lleva un pajarraco muerto como tocado y la cara toda pintarrajeada para acentuar su inexpresividad, a lo Buster Keaton. Ese antihéroe que hace reír pero nunca emocionar tiene que “educar” a un petimetre que odia la violencia (Armie Hammer) y demora dos horas y media en transformarlo en lo que todo el mundo quiere ver: el Llanero Solitario.
A pesar de que aparezca como escenario el Monument Valley tan caro a John Ford, de que el argumento maneje una historia clásica de codicias y traiciones, con villano sinuoso y de buenos modales (Tom Wilkinson) y criminal repulsivo (William Fichtner), de que haya una madama de saloon con pierna ortopédica y recursos muy tarantinescos (Helena Bonham Carter), de que incluso aparezca un militar soberbio y estúpido (Barry Pepper) y de que la historia esté contada en 1933 por un indio centenario (como en “Pequeño gran hombre”), esta es una astracanada de golpe y porrazo donde Abbott y Costello se sentirían a sus anchas.
Hay mil efectos especiales, acción e idas y vueltas para rellenar los huecos del argumento. Parece que para revivir los viejos éxitos hay que reírse de ellos, desacralizarlos y convertirlos en sainetes. Y eso es porque nadie tiene la menor idea de cómo dotarlos de encanto y fascinación. Claro, hay que saber hacerlo, no es para cualquiera. Hoy es preferible hacer cine para no pensar ni sentir, aunque haya que gastar 250 millones de dólares, mil veces más de lo que costaba un buen western de antes.
“El Llanero Solitario” (The Lone Ranger). EEUU, 2013. Dirigida por Gore Verbinski. Duración: 149 minutos.