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Las tareas típicas del hogar, desde cuidar a los niños y ancianos de la familia hasta cocinar, lavar la ropa o hacer reparaciones en la vivienda, suponen un valor de actividad económica equivalente a más de un quinto del Producto Bruto Interno (PBI) que se reparte de manera inequitativa entre hombres y mujeres. También el consumo de esa producción doméstica es desigual por género.
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Esos hallazgos de Cecilia Lara y Marisa Bucheli, profesoras del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales, confirman y le ponen números a la percepción de que en Uruguay, como en muchos otros países, son las mujeres las que cargan con la mayor parte del esfuerzo de hacer funcionar el hogar. Lara abordó el tema en su tesis de maestría en demografía y estudios de población, bajo la tutoría de Bucheli. Un artículo a partir de esa investigación fue publicado recientemente en la revista Desarrollo y sociedad de la Universidad de los Andes, Colombia.
Los resultados muestran que las mujeres dedican más tiempo a la producción del hogar en comparación con los varones para todas las edades (41 horas semanales frente a 14), lo que tiene consecuencias en los ingresos percibidos, en las trayectorias profesionales y en el grado de independencia económica, entre otros, señalan las autoras. Eso ocurre en la totalidad de las tareas del hogar, con excepción de algunas generales de baja carga horaria.
Cocinar y limpiar son las actividades a las que, en promedio, se destina más tiempo en una casa en Uruguay; el máximo es de cuatro horas y media diarias entre los 44-48 años entre las mujeres, y menos de dos horas entre los hombres. Esa tarea genera dos terceras partes de la producción total del hogar.
El análisis por nivel de enseñanza sugiere que el patrón de la tradicional división sexual del trabajo se suaviza para los más educados, equilibrándose los roles de género dentro del hogar. En ese sentido, las mujeres con más años de estudio presentan mayor cantidad de horas de trabajo remunerado en las edades activas que las demás.
Respecto al consumo, son los niños los que más se benefician de la producción en los hogares. Asimismo, las autoras observan que, a diferencia de lo que se podía esperar, no hay un impacto negativo del envejecimiento en las cargas de consumo en edades más avanzadas (su producción y disfrute de las tareas domésticas casi se compensan).
Tiempo y género.
La investigación, basada en encuestas del Instituto Nacional de Estadística, aplicó el enfoque del tiempo vinculado a la producción del hogar proveniente de actividades no remuneradas (Cuentas Nacionales de Transferencias de Tiempo) para generar estimaciones de producción del hogar y su consumo para las distintas edades, distinguiendo por sexo. De la diferencia entre esas dos variables surgen resultados netos (déficit o superávit de transferencias de tiempo), que fueron expresadas en unidades monetarias.
Las tareas abarcadas fueron agrupadas en cuatro: cuidados en el hogar (de niños, adultos mayores, tiempos de traslados vinculados a dichas actividades); cocina y limpieza (incluidas las compras cotidianas); actividades generales (mantenimiento y reparación, cuidado del jardín y mascotas, administración de la vivienda, etc.); y apoyo a otros hogares. Se estimó un valor monetario a cada producción a partir del costo de reemplazo, es decir considerando la hora trabajada de un salario (o más) de trabajadores especializados y/o no especializados (según la actividad).
En términos monetarios, el valor de la producción de los hogares en Uruguay —que queda invisibilizada en el sistema de Cuentas Nacionales—ascendió a 129.524 millones de pesos corrientes para 2007 y representó 23% del PBI de ese año. Ese porcentaje es algo mayor a 40% en países como Eslovenia y Estados Unidos.
A nivel desagregado, son las uruguayas las que más contribuyen a generar dicho valor: 71% de la producción del hogar proviene de su trabajo y el restante 29% corresponde al de los varones.
El productor de la tarea doméstica puede ser, al mismo tiempo, su consumidor. Las uruguayas consumen algo más de la mitad (52%) de lo producido en el hogar, frente a 48% de los hombres. Eso quiere decir que las mujeres sustentan su propio consumo (de producción en la casa) y complementan el de los varones. Resultados similares fueron hallados en otros países (Italia, España, Francia, Alemania, Tailandia y Costa Rica), donde ellas también generan un superávit en las transferencias netas y ellos un déficit.
Tanto el envejecimiento como la mayor inserción laboral de la mujer y las desigualdades que se dan entre quienes tienen capacidad de comprar servicios de mercado y aquellos que no, podrían generar “conflictos nuevos” en la producción del hogar, advierten Lara y Bucheli.
Agregan, para terminar, que el uso del método de transferencia de tiempo permitiría construir una visión global sobre los flujos de transferencias y, de este modo, brindar una herramienta útil para el análisis de las políticas públicas como el Sistema Nacional de Cuidados.