A principios de diciembre, la foto de una cantera con agua cristalina despertó la intriga de los uruguayos y se volvió tendencia en las redes sociales. Las fronteras del país estaban cerradas, pero un grupo de turistas “descubrió” un lugar casi paradisíaco en el municipio de Pan de Azúcar. Se trataba de Nueva Carrara, una cantera que sirvió para extraer material de construcción (como mármol y otros minerales) para el Palacio Legislativo. La cantera está en un predio de propiedad privada y está inactiva. Sin embargo, entre diciembre y enero recibió a cientos de uruguayos curiosos que se tomaron fotografías entre el agua y las rocas.
El aumento de las visitas despertó la alarma de la Intendencia de Maldonado y expertos en Geología del Ministerio de Industria, que colocaron carteles advirtiendo sobre los peligros. “Es lo mismo que si fueras a visitar un edificio abandonado o cualquier obra a medio hacer. No sabés con lo que te vas a encontrar”, dijo Alejandra Pascale, investigadora de la Dirección Nacional de Minería y Geología (Dinamige) y del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba), a Búsqueda. “Es peligroso que los turistas se sientan atraídos por este tipo de yacimientos”, agregó.
Según la investigadora Pascale, la popularidad de esta cantera fue un reflejo del “desconocimiento” de los uruguayos sobre la industria minera. Las canteras son sitios de excavación y extracción de distintos materiales. “Si tenés canteras muy viejas, por ejemplo, hay peligro de derrumbe, de desprendimiento de material. Puede caer y te golpeás. Puede haber maquinaria enterrada, combustible; el agua puede ser cristalina pero tener disuelto una cantidad de material que no conocemos. Es similar a las cianobacterias, pero más complejas. Imaginate que puede haber combustible disuelto”, agregó Pascale.
En Montevideo, por ejemplo, hay canteras que tienen el control de expertos y son gestionadas para que se realicen deportes acuáticos en donde se generan lagos. “Tú vas a nadar, alguien te da el permiso para entrar y te está cuidando. Te dice qué norma seguir”, señaló. Sin embargo, hay varias canteras que se distribuyen en el país donde el control es “inexistente” y los peligros abundan.
En la localidad de Soca, por ejemplo, hay excavaciones que dejan pequeños lagos del agua que nace de las rocas y la lluvia. “Queda cristalina y es preciosa, pero es más fría. Si te metés a nadar, podés tener un calambre o sufrir la pérdida de tu vida como ocurre casi todos los años”, resaltó la investigadora.
Hace una semana un joven de 20 años murió ahogado en una cantera de Joaquín Suárez. Ingresó a nadar y fue encontrado por un equipo de buzos.
El fenómeno es problemático, coinciden los expertos en geología, porque los uruguayos lo desconocen. Es un sector “casi invisible” que trabaja con distintos materiales y es muy “útil” para el país. “La actividad geológica está directamente relacionada con cómo somos en nuestra sociedad. Saber cuáles son los recursos mineros y los suelos que tiene un país que se jacta de saber sobre su región es importantísimo”, reflexionó Pascale.

Minería
En Uruguay, la industria minera está descentralizada en tres sectores. Mientras el Ministerio de Transporte se encarga de las obras públicas, las intendencias llevan su propio control y la Dinamige, que responde al Ministerio de Industria, se encarga de la fiscalización. Aquí se evalúan y controlan los proyectos del sector privado y se lleva el registro de cuántos canteros públicos hay con un visualizador geominero.
Según datos de la Dinamige, a los que accedió Búsqueda, en Uruguay hay 362 exploraciones activas que son llevadas adelante por empresas habilitadas (en su mayoría sociedades anónimas). En esas zonas se permite hacer excavaciones subterráneas, agujeros en la tierra o trabajar con minerales después de estudiar la zona. También hay otros 183 proyectos esperando para terminar con los trámites, que incluyen una evaluación donde se debe explicitar el objetivo y su finalidad.
Antes, además, se pueden iniciar dos procesos: el primero se vincula a la investigación y es utilizado por 55 empresas privadas o geólogos. Básicamente, es un permiso de prospección, que habilita realizar estudios geológicos —con una brújula y pocos materiales— para estudiar la zona y ver si es útil para una futura excavación. En este momento hay 124 trámites abiertos para conseguir la autorización. Ahí, señaló Pascale, el terreno no se ve afectado más que por la presencia del geólogo que analiza las características del suelo mientras camina o trabaja con su brújula. No hay perforaciones ni grandes intervenciones.
Más tarde, o en casos donde se sabe que la zona tiene minerales con un valor “relevante” para el mercado, se pueden pedir permisos de exploración. Un ejemplo es cuando se abre una “cantera pilota” donde se hacen pequeñas excavaciones con un tratamiento poco invasivo. Esto ocurre con el balastro, que se lava y requiere el uso de maquinaria dentro del predio para saber si es bueno o no, dijo Pascale.
“El sector minero históricamente, y con más fuerza en la última década, se centró en la minería de áridos que despiertan el interés de inversores locales”, señaló Santiago Guerrero, jefe del área de evaluación de proyectos mineros de la Dinamige, a Búsqueda.
La mayoría, agregó, se centra en la extracción de materiales, como la piedra partida que se utiliza para la industria de la construcción. Sirven para hacer calles, casas y edificios.
Los suelos del territorio uruguayo también permiten la extracción de materiales atractivos para el mercado internacional. Esto ocurre, por ejemplo, con el hierro y las amatistas. “El primero es un clásico commodity, un valor internacional que cambia en función del mercado. Su interés creció en los últimos años porque el precio está en alza”, aseguró Guerrero. “Una de las características de nuestro hierro es que el procesamiento es bastante poco contaminante en relación con otros procesos y eso lo hace más atractivo”, agregó Pascale.
A diferencia de los materiales para la construcción, que se encuentran en la región sur y en el litoral oeste, el hierro se extrae del noroeste al igual que el oro. En el norte, además, los requisitos para trabajar en una cantera sirven para extraer ágatas y amatistas. “Estas últimas son las vedets de Artigas porque tienen una muy buena calidad y se exportan, por ejemplo, para China. Ahí creen en la relación entre la piedra y la energía y tienen una mística cultural”, señaló Pascale.
Estos elementos también atraen a países vecinos como Argentina y Brasil, que invierten en canteras del norte. “La influencia brasileña y su inversión está vinculada a la proximidad. Ellos tienen un expertise en el tema, ya conocen el perfil de la zona y saben que las amatistas, por ejemplo, no se encuentran en otro lado”, añadió Guerrero.
“El interés de las empresas internacionales está directamente relacionada con la economía mundial porque dependen de la cotización en bolsa. El yacimiento de oro de Rivera, por ejemplo, en la década de los 90 pasó a ser interesante porque se disparó en el mercado. Así saques muy poco, puede servir como negocio. Y cuando baja el precio, lo pueden dejar ahí e ir a un cantero en otro país. Por lo general se tienen varios y se van moviendo en función del mercado”, explicó Pascale.
Por eso es que los uruguayos pueden encontrar excavaciones abandonadas con una apariencia encantadora que los “invite” a zambullirse. Si bien no todas las canteras tienen un lago, como ocurre en Soca, hay espacios que resultan seductoras para el turismo aventura por las irregularidades en la tierra o la particularidad de sus piedras. Hay canteras ilegales que son “muy difíciles” de controlar y pueden significar un riesgo para quienes se acercan.
Los obstáculos para fiscalizar las excavaciones ilegales (también llamadas clandestinas) son dos: por un lado, no hay un organismo que centralice el control de las perforaciones y, por el otro, la fiscalización es reciente en la historia del país. “Si uno mira el tiempo, la tramitación de títulos no es tan lejana. Hay leyes que se tienen que cumplir pero recién son de 2005. Entonces, hay canteras previas que el dueño no sabe que debe de regular”, explicó Pascale.
La mayoría de los casos no son “preocupantes”. Son pequeñas perforaciones donde se extraen materiales para construir, por ejemplo, las mangas en las que se alimenta a los animales. O para terminar una edificación en el campo. Ahí, coinciden los geólogos, los riesgos son “mínimos”.
El problema aparece cuando la presencia de una excavación es tomada como un atractivo turístico sin que cuente con un aval legal ni normas que lo habiliten. “Ahí sí es complejo. No se pueden tener con un uso comercial y que se haga un mercado por fuera de la norma. Es muy difícil saber cuántas canteras hay porque nosotros controlamos una sola parte y no hay un lugar que centralice las actividades. Son incontables”, opinó Pascale. “Necesitamos que la gente se informe, entienda que son zonas de alta peligrosidad y que están destinadas a la minería”. Pero primero, señaló, la población “desinformada” tiene que entnder qué es la Geología.