Las consultas psiquiátricas por ansiedad y depresión aumentaron de forma notoria con la primera ola de Covid-19

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Nº 2105 - 7 al 13 de Enero de 2021

escribe Florencia Pujadas

Desde que se decretó la emergencia sanitaria, el presidente Luis Lacalle Pou definió al Covid-19 como el “enemigo invisible”. El término se repitió entre autoridades sanitarias y científicos durante meses, pero sus consecuencias están a la vista. El país está viviendo su primera ola de la pandemia con “graves” efectos en la salud mental de los pacientes, que obligaron a las mutualistas a disponer de más recursos y consultas psiquiátricas para atenderlos.

En mayo del año pasado, el Ministerio de Salud Pública (MSP) pidió a los centros de asistencia médica que incorporen un servicio de atención centrado en el Covid. La idea es que los afectados por la enfermedad —tanto quienes se contagien o quienes sufran por su impacto en familiares o sus consecuencias en la sociedad— tengan un sostén psicológico durante ocho sesiones semanales. Sin embargo, la mayoría de los usuarios del sector privado buscan atención “inmediata” para “calmar” el miedo y el dolor.

Varias mutualistas dijeron a Búsqueda que hay un aumento “notorio” en consultas por trastornos adaptativos, de ansiedad y depresión. “La mayoría de los usuarios necesitan un tratamiento que no es la psicoterapia; lo que buscan es un salvavidas”, afirmó Manuel Alcalde, jefe del Departamento de Salud Mental del Casmu, a Búsqueda.

“Ese salvavidas se busca de forma rápida para aliviar el dolor; no pueden sostener algo que lleve mucho tiempo. En los últimos meses creció de forma masiva”, añadió.

En el sector público también hay un incremento de llamadas por atención psiquiátrica, sobre todo, en los pacientes mayores. “Lo cierto es que volvieron a aumentar y pudimos bajar las demoras en las consultas, que llegaron a ser 5.000”, dijo Pablo Fielitz, director de Salud Mental de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ver recuadro). Pero el perfil de los pacientes es diferente. “La población que atendemos es distinta y los recursos que disponemos también”, agregó.

“No aguanto más”

En las consultas, la frase “no aguanto más” se escucha con frecuencia. Hace un mes, una psiquiatra del Sanatorio Americano recibió a una paciente, de 26 años, que llegó con síntomas de ansiedad. No podía dormir y cuando lo lograba, hablaba sin darse cuenta o se ponía a llorar.  Bajó cinco kilos y no conseguía despegarse de las pantallas. Aunque no tuvo la enfermedad, todos los días buscaba noticias sobre lo que pasaba en el mundo con el Covid. La psiquiatra le mandó tres pastillas: una para dormir, otra para tratar la depresión durante seis meses y un ansiolítico para lidiar con el estrés.

A finales de noviembre, un hombre llamó al Servicio Médico Integral para pedir atención psicológica para su madre, de 84 años. La mujer, que fue fumadora y tiene dificultades pulmonares, no se quería levantar de la cama porque no podía ver a su familia. Su nieto no la abrazaba desde marzo.

“Hace unos días me pasó que en la consulta presencial apareció un hombre de unos 75 años, le pregunté qué hacía ahí, le dije que yo lo iba a atender por teléfono y me contestó que necesitaba ver gente, que quería ver a alguien”, contó Alcalde.

En diciembre, y al igual que otras mutualistas, la Médica Uruguaya amplió el servicio de contención y apoyo —destinado inicialmente al personal de salud— a los pacientes. “Le estoy haciendo el seguimiento por teléfono, por ejemplo, a una pareja de adultos mayores que tienen coronavirus y lo están transitando juntos. Por suerte no tienen complicaciones mayores, pero es muy duro estar solo y alejado de tu familia. Son los que te hacen seguir. La vuelta y el miedo de estar solos puede traer consecuencias psicológicas y psiquiátricas”, dijo María Mautone, jefa del Departamento de Psiquiatría de la Médica Uruguaya. “El aumento de la demanda de usuarios es notorio”, agregó.

Es que el pico en los casos positivos de Covid-19, las nuevas medidas dispuestas por el gobierno (como el teletrabajo y el cierre de fronteras) junto a la “desesperanza” que traen las noticias de Europa —donde algunos países volvieron al confinamiento— despertó una amenaza invisible, dicen los expertos. “Lo vemos en un crecimiento importante de casos de pacientes que sufren por la pérdida de trabajos, conflictos intrafamiliares y la vuelta atrás con menos contactos sociales. He visto el aumento de consumo de sustancias como el alcohol y de los conflictos intrafamiliares. También hay descompensaciones de patologías más graves y una cierta dificultad para seguir los tratamientos sin la presencialidad”, resaltó Luis Villalba, presidente de la Sociedad de Psiquiatría del Uruguay (SPU).

Las consecuencias, concuerdan los especialistas, se observan en cambios en la salud mental de niños, adolescentes —que están en plena formación de su personalidad— y adultos que son diagnosticados con patologías como depresión y ansiedad. “La experiencia que tenemos llama la atención. Vemos el efecto del trastorno adaptativo, que es la elaboración del pasaje de una situación inicial, como la de antes del Covid, a la de ahora, que es más compleja. El miedo de los usuarios, las limitaciones en su vida social y el cambio en la rutina de los adolescentes se suma a una sensación de desamparo, porque también se cortaron las consultas presenciales por el aumento de casos”, dijo Alcalde.

En la mayoría de las consultas la “sensación” de amenaza se centra, por un lado, en la salud y, por otro, en la posible pérdida de oportunidades. “Aparecen una serie de miedos y preocupaciones por lo que va a pasar, las condiciones de vida y de la sociedad. Es una amenaza que se maneja de distintas maneras, pero que tiene efectos graves”, explicó el psiquiatra Rafael Sibils, expresidente de la SPU. “Hay personas que tienen una mayor predisposición psiquiátrica, pero no necesariamente de orden genético, sino social. La percepción se construye por cómo se construyen los hechos y cómo es visto en el entorno”, señaló.

Cerca y lejos

Así como ocurrió en otras ramas de la medicina, la pandemia obligó a los psiquiatras a adaptar sus consultas a la distancia física. Cuando el país se paralizó, en marzo, las mutualistas siguieron la atención de forma telefónica o con videollamadas. Y el día en que el MSP habilitó el regreso de esta herramienta por el incremento de casos, en noviembre, se flexibilizaron los servicios. Sin embargo, los psiquiatras quieren seguir su jornada con consultas mixtas para no perder los beneficios de la presencialidad.

“Nosotros lo vemos necesario, sobre todo, en los niños. En los adultos funciona bien y se pueden usar otras herramientas. Pero el niño necesita que lo veas y vos a él”, dijo Mautone. “Si bien es bastante eficaz, no es lo mismo un teléfono que una consulta presencial”, acotó Villalba. El trabajo del psiquiatra consiste en hablar con el paciente, pero también en observar cómo está vestido, cómo lo mira, qué detalles pueden indicar cómo se encuentra. “Hay características que se evalúan y no se pueden ver. Hay psiquiatras que están muy cansados y se generan dificultades. Exige otro tipo de atención”, agregó.

Los motivos de consulta y la respuesta a los tratamientos es variada. Los médicos concuerdan en que están en una prueba constante. Y pasa algo particular, agregó Mautone: “Hay usuarios que te dicen gracias porque los escuches y porque los atiendas”. Es que, repiten los pacientes consultados por Búsqueda, las consultas ayudan a que se sientan “menos solos”.

Información Nacional
2021-01-06T18:37:00