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En broma, los ejecutivos del Banco República (BROU) comentaban años atrás que el impuesto con mayor recaudación sería “a la lágrima”, ante los reclamos de refinanciación que surgían desde las gremiales agropecuarias. Eso contrasta con la realidad actual de este sector, cuyas empresas están casi todas al día en sus pagos y presentan una estructura financiera “saneada” gracias al buen momento del negocio, a mejoras en la gestión e inversiones hechas sólo en parte con nuevos créditos.
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Dicha visión es la de la gerente ejecutiva de la División Agropecuaria del BROU, Sylvia Naveiro. En esa área, creada hace 100 años, los préstamos otorgados crecieron a un ritmo superior a 20% anual en promedio en los años recientes. Actualmente tiene más de 7.000 clientes y créditos que rondan los U$S 700 millones, en un stock total de ese banco oficial que se aproxima a los U$S 4.100 millones, informó. En el agro, las empresas ganaderas son las más importantes en número y volumen total de préstamos.
En conversación con Búsqueda, Naveiro se refirió a la transformación que ocurrió en la actividad agropecuaria en Uruguay en los últimos años y a los cambios que según dijo también se dieron en la gestión de la cartera del BROU.
La producción del agro en Uruguay atraviesa por un ciclo de expansión continua desde 2008. Según las Cuentas Nacionales, que presentan en forma agrupada a ese sector y otros bajo la categoría de “Actividades primarias”, el crecimiento fue de 2,1% en ese año, 1,6% en 2009, 0,6% en 2010, 4,5% en 2011 y 0,5% en el primer semestre de 2012. A ello contribuyó la fuerte demanda mundial de carne, lácteos y granos, entre otros productos de origen agropecuario, lo que se reflejó en una suba de sus precios. También el arribo de capitales extranjeros al campo, que alentó mejoras tecnológicas y en la gestión.
“La inversión extranjera ha sido una buena escuela. En general el uruguayo es poco arriesgado, pero cuando ve que algo funciona se tira al agua. Y eso lo hemos comprobado”, comentó la ejecutiva del BROU. Mencionó como ejemplo de ello que algunos clientes que inicialmente adquirieron maquinaria para prestarle servicios a pools de siembra “porque ellos no iban a hacer agricultura nunca”, luego “terminaron ellos mismos haciendo los cultivos. Hay un aprendizaje y hay otras tecnologías también”.
Naveiro visualiza perspectivas “altamente favorables” para el agro, y no sólo por la valorización en el mundo de lo que produce el sector. “Lo importante es el margen, no el precio. Hoy cualquier producto del agro se coloca en el mercado, cuando en el pasado vivimos épocas donde no había mercado, y por más bueno y eficiente que se fuera, no se vendía”, sostuvo. Añadió que “hoy hay mercado para todo” y explicó: “Eso va de la mano de muchos aspectos que los productores han sabido cuidar, que el Estado ha sabido propiciar, en temas como la inocuidad alimenticia. Se han ganado mercados que antiguamente no eran tan accesibles o directamente no los teníamos”.
A su entender, la “ecuación precio por rendimiento menos costo, es la que tendría que estar en la cabecera de cualquier cama de campaña”. Eso porque hay quien obtiene buenos precios, rendimientos aceptables, pero lo hace con costos que le absorben mucho del margen de ganancia. Según Naveiro, con una producción de 160 bolsas algunos productores de arroz no pagaban sus créditos y otros pudieron abonar todo con 140 como resultado de una “buena gestión de costos”. Para eso “saber comprar” es la clave: “Tenemos muchos clientes que les gusta adquirir sus insumos al contado y financiado en el banco, a una tasa mucho menor que lo que le sale hacerlo con la cosecha. Así se hace un margen mayor, porque el precio de compra es muy bueno, con una diferencia que llega a ser de 18%”.
Deudas al día.
A comienzos de la década pasada, en medio de una larga recesión muchas empresas del agro tuvieron dificultades financieras. En 2002 la morosidad superó el 50% de la cartera total del BROU.
El primer gobierno del Frente Amplio aprobó pautas para la refinanciación de créditos bancarios y surgieron fideicomisos específicos para darle alivio a algunos rubros, como la lechería y el arroz. Eso, sumado a un ciclo favorable para el negocio agropecuario, permitió que “el endeudamiento dejara de ser un problema” en el sector, afirmó la gerente ejecutiva de la División Agropecuaria. Dijo que dichas pautas “tuvieron muchísimas virtudes sobre recálculo, plazos y quitas, y el BROU las acompañó con un nuevo enfoque diciéndoles a los productores: ‘Venimos a cobrar la deuda. Si para cobrártela la tenemos que reperfilar, lo hacemos, pero si no, vamos a ir a la vía que corresponda’”.
Naveiro considera casi un “milagro” los niveles virtualmente nulos de incumplimiento de pago actuales (el 0,6% de la cartera agropecuaria está en mora). Pero explica que ello en realidad también obedece a la forma en que el República empezó a otorgar y dar seguimiento a los préstamos a los productores. “Antes el cliente venía y más o menos todo el mundo se llevaba un crédito. Eran las reglas de juego y eran buenas en ese momento. Luego, cuando vinieron dificultades nos dimos cuenta de que unos podían pagar y otros no. ¿Qué hicimos? Salimos a buscar a aquellos con los que queríamos trabajar, los mejores clientes”, relató. Dijo que el banco hace ahora un análisis de riesgo “profundo” y “global” de las empresas, lo que incluye visitas a los predios rurales, una evaluación de los antecedentes crediticios y sus relaciones comerciales, entre otros aspectos.
Los niveles de morosidad son similares en los distintos rubros del agro, informó la ejecutiva. “No hay ninguno sumergido”, se congratuló.
El volumen de préstamos fue creciendo año tras año, incluso por encima de lo que proyectaba el BROU, como se aprecia en el gráfico. “Nos planteamos metas de (aumento de) 10% o 12%, lo que parece razonable, y las superamos largamente”, comentó Naveiro. Por estos días los ejecutivos de la División Agropecuaria elaboran los planes para 2013 con esa realidad en mente: más allá del crecimiento de la cartera, “la meta tiene que seguir siendo mantener la calidad de los negocios y la buena relación con los clientes. Antes nos veían como un banco burócrata al que no venían ni locos”, dijo.
La ejecutiva destacó un cambio en la estructura financiera de las firmas: “Lo bueno de toda esta nueva inversión es que no pusimos toda la plata, sino que el productor reinvirtió mucho” en su firma. Ahora, añadió, es infrecuente que el BROU preste el 100% del dinero para que un cliente adquiera por ejemplo un tractor o un vacuno. De esta forma, a su entender “la estructura económica y financiera de las empresas está muy saneada, y se van a poder ajustar si sobreviniera alguna dificultad, como los coletazos que ya han venido” como derivación de la crisis que están enfrentando algunos países del hemisferio norte.
Historia.
En 1911 se convalidó por ley el carácter estatal del BROU, que había sido creado en 1896. Esa misma norma alentó la apertura, al año siguiente, de la Sección de Crédito Rural destinada a promover la producción agropecuaria.
Según afirma Raúl Jacob, de la Facultad de Ciencias Sociales, en una investigación sobre el carácter “multifuncional” del BROU, la crisis económica de 1913 dificultó la capitalización de esta nueva Sección, pero aún así sobrevivió y le sumó a la institución bancaria estatal “una nueva función: las propias de la banca de fomento”.
Entre los funcionarios del área había varios ingenieros agrónomos para colaborar entre otras cosas con el cometido de organizar Cajas Rurales —que podían tomar a su cargo la comercialización de la producción, la enseñanza agrícola, la defensa de los intereses rurales, y la creación de diversos mecanismos de previsión social—, la solicitud de prendas agrarias, la administración de la red de Graneros Oficiales y el Mercado de Frutos del puerto de Montevideo.
A partir de 1925 la Sección de Crédito Rural fue robustecida y agregó como cometido el apoyo al sector fabril. Eso se reflejó en un cambio de denominación: Sección de Crédito Rural e Industrial. Años después adoptó su actual nombre.